Los «ángeles de la guarda» de 137 universitarios

Marián Flórez, David Díaz, Alicia Pérez, Sara Roces y Marta Rodríguez, interviniendo en el II Encuentro por la diversidad. / PABLO LORENZANA
Marián Flórez, David Díaz, Alicia Pérez, Sara Roces y Marta Rodríguez, interviniendo en el II Encuentro por la diversidad. / PABLO LORENZANA

Alumnos con discapacidad o necesidades específicas cuentan desde 2010 con un servicio que les facilita su paso por las aulas | «Nosotros somos nuestro único límite», señala Marta Rodríguez Jardón, estudiante del grado de Biotecnología

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

La discapacidad no es impedimento para llegar a la Universidad. Si bien el alumnado ha ido reduciéndose de forma progresiva desde el curso 2011-2012, cada año se matriculan en la de Oviedo más alumnos con necesidades educativas específicas derivadas de una discapacidad. «Es dice mucho del buen trabajo que se está haciendo en las etapas anteriores», valora Marián Flórez, psicóloga de la Oficina de Atención a Personas con Necesidades Específicas (ONEO), servicio que empezó a funcionar en octubre de 2010 en la Universidad de Oviedo. Este curso han sido 306 los alumnos que manifestaron su discapacidad en el momento de formalizar la matrícula, de cuyo pago están exentos por esta condición. No todos, pero sí buena parte acabarán cruzando la puerta de la ONEO, en la que también trabaja, como pedagoga, Marta Bretones. Allí atienden a alumnos con algún tipo de discapacidad (física, visual, auditiva), pero también a alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo o con alteraciones de la conducta y el desarrollo.

Alicia Pérez San Martín, sierense de 24 años, fue de las primeras en hacerlo, en 2011, cuando inició los estudios de Fisioterapia. Tiene una discapacidad auditiva desde los dos años y, desde 2013, lleva un implante coclear. «Su ayuda fue muy buena. Te van orientando en todas las dudas y miedos que te puedan surgir». A ella le ofrecieron ampliaciones de tiempo a la hora de realizar los exámenes, también un becario de acompañamiento y un equipo de FM. «Esta ayuda me supuso poder salir adelante en la carrera y solventar los problemas que me fueron surgiendo», cuenta esta fisioterapeuta que empezó a trabajar a los dos días de terminar sus estudios y en la actualidad compagina tres empleos con un máster de Osteopatía y varios cursos de formación.

A Marta Rodríguez Jardón, el tumor que hace once años le dejó una pequeña limitación en la movilidad del cuello y una dificultad a la hora de escribir que no le había supuesto un problema en los años de colegio o instituto. Su discapacidad no es muy limitante, solo que escribe más despacio que antes de sufrir la enfermedad. La cosa cambió, cuenta, hace cuatro años, al llegar a la Universidad para estudiar Biotecnología. «Comprobé durante los primeros días que tomar apuntes de toda una clase a mano rara vez me era posible. Y si los profesores no nos ofrecían apuntes o diapositivas, dependía de mis compañeros para luego estudiar en casa».

Hasta que, a los pocos días de iniciado el curso, recibió una llamada de la ONEO que lo cambió todo. «Desconocía completamente su existencia. Pensaba que en la Universidad los alumnos con discapacidades seríamos alumnos como cualquier otro. Y lo somos. Pero estas mujeres», dice refiriéndose a las dos técnicos encargadas de la oficina, «nos ofrecen algo de ayuda que nunca viene mal. Son como ángeles de la guarda». A Marta le facilitaron un ordenador portátil del Banco de Productos de Apoyo de la Fundación Universia para poder tomar apuntes en clase. También se encargaron de hablar con sus profesores para explicarles su situación y trataran de ayudarla si lo necesitaba. «Los docentes siempre respondieron y responden de manera amable y con buena disposición a colaborar», les agradece también a ellos.

Pese a que ella no se esconde ni se avergüenza de su condición, muchos de sus compañeros desconocen sus limitaciones. «Me considero una estudiante más y creo que todos lo somos», dice en referencia a quienes, como ella, tienen algún tipo de discapacidad. «Nosotros somos nuestro único límite. Con trabajo, esfuerzo e ilusión, podemos alcanzar todos nuestros deseos».

Encuentro por la diversidad

Junto con David Díaz Parrondo, estudiante de Contabilidad y Finanzas, y Sara Roces Bárcena, graduada en Lenguas Modernas y sus Literaturas, también alumnos a los que ha apoyado la ONEO, participaron ayer en una de las ponencias del II Encuentro por la diversidad organizado por la Universidad de Oviedo. En ese mismo marco se entregaron sendos reconocimientos a la Fundación ONCE y la Fundación Vinjoy.

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