«El 'véndame un billete para el primer vuelo' es muy real»

Juan Manuel Noval, Alberto Prieto, dos de los trabajadores más veteranos. Matilde Suárez-Valdés, Ángel Suárez-Valdés y José Ignacio Vega llegaron al aeropuerto en el año de su inauguración. / DANIEL MORA

Empleados de AENA asistentes a la apertura del aeropuerto en 1968 repasan para EL COMERCIO medio siglo de anécdotas

CHELO TUYA AEROPUERTO.

Un bombero metido en un escáner. Una Nochevieja en un aeropuerto sin iluminación. El saludo privado del Papa Juan Pablo II. Los besos que no dio Jacquelin Bisset, pero sí Laura Ponte. La compañera a la que no vieron más el pelo cuando se enteró de lo (poco) que se ganaba en el aeropuerto. Y la avioneta que cayó a sus pies. Esta es una ínfima parte de la colección de anécdotas que genera medio siglo de vida. El que en junio cumplirá el aeropuerto de Asturias y cuya inauguración recuerdan, como si fuera hoy, Mati y Ángel Suárez-Valdés, José Ignacio Vega, Juan Manuel Noval y Alberto Prieto. Los tres primeros, como trabajadores ya en la terminal en 1968. Los dos últimos, como asistentes a una inauguración que trajo a la región a todas las autoridades del país.

«Soy de Naveces, tenia cinco años y vine con mis padres a ver la inauguración. Lo más que vimos, la verdad, fue a Franco pasando en su coche negro». Juan Manuel Noval fue, hasta hace poco, presidente del comité de empresa del aeropuerto de Asturias, entidad en la que el coordinador de la central eléctrica, sin saberlo, ya soñaba de niño en trabajar. «Vivíamos cerca de la baliza de Santo Adriano y yo decía que quería trabajar en aquella caseta de rayas rojas y blancas que había allí».

No lo logró hasta 1991, año en el que, al entrar, «me dijeron 'chaval, vienes en mal momento. Esto va a cerrar», confiesa. Y eso que ese año, «registramos un récord de aeronaves estacionadas en la plataforma: 16, por el partido de fútbol entre el Oviedo y el Génova», recuerda Ángel Suárez-Valdés. «Estaba yo de señalero, pasamos el día aquí», recuerda Alberto Prieto, hoy miembro del equipo de bomberos.

«El primer sueldo fueron 3.506 pesetas. La gente prefería ir a trabajar a Ensidesa»

«Pero lo de que esto cerraba hubo un momento en el que todos los pensábamos», apunta José Ignacio Vega. Solo el director de aquel momento, Alberto Sánchez Morilla, era optimista. Llegaremos al millón, decía, y se superó», rememora.

Lo sabe bien el exjefe de terminal. Se incorporó al aeropuerto el 15 de octubre de 1968 como administrativo, pero llegó a ser el responsable de todo lo que pasaba en el 'lado tierra' de la terminal. «Y de recibir los besos de Jacquelin Bisset», apunta malévolo Ángel Suárez-Valdés. «No fue ella, fue Laura Ponte. Y fueron besos de cortesía», sonríe Vega.

Es difícil no sonreír ante la socarronería de Suárez-Valdés. Él y su hermana, Matilde -Mati-, son parte de la historia de una terminal a la que llegaron «antes de que se inaugurara». Mati está prejubilada desde 2014 y Ángel, Ángel el de Iberia para todos, «sigo por aquí». Ambos son testigos de momentos impagables. «El 'véndame un billete para el primer vuelo que salga' es muy real. Nos ha pasado muchas veces. La última hace poco».

Quini y Chus Otero

Porlos mostradores de Iberia, la única compañía que se ha mantenido a lo largo del tiempo en el aeropuerto asturiano, «han pasado miles de personas. Al principio, solo ejecutivos y grandes empresarios, en el día a día, y sus familias, para las vacaciones. Volar era para la elite», explica Matilde Suárez-Valdés.

Pero, pronto la llegada de nuevas compañías, como Spanair y Air Europa, que compitieron con Iberia en la ruta más demandada, la de Madrid, «trajeron a más viajeros y otro público», relata Noval. Hasta que en 2005, EasyJet abrió la puerta a la entrada de las compañías 'low-cost'. «De repente, todo el mundo podía viajar. Era asequible», apunta Mati. Y «llegaron las cifras de récord hoy no superadas», respalda su hermano. Se refiere al viajero 1,5 millones, llegado en 2007, el año con más viajeros de la historia del cincuentón aeropuerto.

«Un bombero, harto de tanto pitar cada vez que pasaba por el control, se metió en el escáner»

Muchos, de la mano de los premios que concede la hoy Fundación Princesa de Asturias. «Ha sido un privilegio poder conocer a tantas personas con tanto saber y buen estar. Si de una aprendías, de otra aún más», señala Mati. «Todas las autoridades han pasado por aquí», indica Vega. «Y no olvidarnos de los de casa, como Ochoa o Grisolía».

Porque 'los de casa' protagonizaron escenas imborrables. «Como una vez que llegó el Real Madrid. Se hizo un cordón para los fans y apareció Quini, como delegado del Sporting, a recibir al equipo. La gente dejó de mirar para los del Madrid y comenzó a gritar ¡Brujo! ¡Brujo! Era un ídolo y una gran persona», rememora emocionado Ángel.

Su hermana recuerda a Chus Otero, el recientemente fallecido coordinador de trasplantes. «Es de justicia recordar la labor que realizó y la gran coordinación que siempre tuvo con nosotros», señala.

Juan Pablo II

Aunque, si tiene que quedarse con un momento, ella se queda con aquel saludo privado «que nos ofreció a otra compañera y a mí el Papa Juan Pablo II. Antes de recibir a las autoridades, nos saludó a nosotras».

No es tan alegre el día que Noval nunca olvidará. «Acababa de salir de guardia, eran las 2 de la mañana del 31 de diciembre de 2000. Me llaman diciendo que el aeropuerto no tiene luz y que viene un vuelo hospitalario. Cuando llegué a la rotonda y vi esto todo negro tuve el susto de mi vida». El que le llevó a casi comer las uvas en la terminal. «Llegué a casa justo para la cena, sin parar hasta que reparamos la avería».

Avería que pudo provocar, pero no llegó a tanto, el bombero que «harto de tanto pitar cada vez que pasaba por el control, se metió entero en el escáner», recuerda Alberto Prieto. No le encontraron nada. Como nada volvieron a saber de aquella compañera del día inaugural que, «al saber lo que se cobraba aquí, 3.506 pesetas al mes, huyó camino de Ensidesa. La gente prefería trabajar allí», recuerda Vega.

«Y, sin embargo, ahora todos quieren estar aquí», apunta Noval. «Porque, aunque hay menos población que en 1968, hay muchos más vuelos». Todos esperan al pasajero '2 millones'. Invitado al cumple está.

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