«Hacía años que no nevaba así»

Juan José García y su perro 'Zar' regresan de cebar al ganado en San Román, en Amieva. / NEL ACEBAL
Juan José García y su perro 'Zar' regresan de cebar al ganado en San Román, en Amieva. / NEL ACEBAL

«Los inviernos aquí arriba son duros», aseguran en las zonas altas de la región | Las máquinas se afanan en abrir los accesos a las zonas en las que los ganaderos tienen dificultades para llegar hasta sus animales

LUCÍA RAMOS SAMES.

Silencio. Es lo primero que llama la atención al llegar a la pequeña localidad de San Román, en la sierra de Amieva. La mayoría de las escasas viviendas repartidas por el pueblo están vacías y moverse entre ellas no es sencillo debido a la espesa capa de nieve que cubre sus empinadas calles. De la chimenea de una de las casas sale una tímida columna de humo. En su interior, Juan José García y su tía Gloria disfrutan, al calor de la lumbre, de un potaje con el que reponer fuerzas y hacer frente al frío del exterior. «Los inviernos aquí arriba son muy duros, sobre todo para quienes tenemos ganado, pues subir a los invernales a cebarlo y comprobar que están todos los animales bien se complica muchísimo. Esta mañana subí y tenía más de medio metro de nieve», explica el ganadero amievense.

A su lado, su tía sonríe y asiente, ya que conoce bien la dureza de la montaña, sobre todo en esta época. «Para nosotros no es ninguna novedad que nieve a estas alturas, no entiendo el revuelo que se monta cada vez que viene un temporal como este», apunta la mujer, aunque tras meditar unos segundos, reconoce que «es verdad que hacía años que no nevaba así. Y tiene pinta de seguir igual o peor en los próximos días», asevera, con la sabiduría que dan los años y los inviernos vividos.

No obstante, aunque el temporal se recrudezca, en casa de Juan José y Gloria están bien pertrechados. «Tenemos mucha leña y comida tampoco nos falta, así que mientras seamos capaces de mantener el fuego encendido para que no se nos meta el frío en casa, no nos preocupa que caiga más nieve», aseguran, al tiempo que reconocen lo mucho que les gusta ver su pueblo y las cumbres que lo rodean cubiertos por el blanco y espeso manto.

Quitanieves desde las ocho

Doscientos metros más abajo -San Roque está a unos 640 metros de altitud-, en Carbes, el único rastro de nieve que hay es el que va dejando el tractor quitanieves que conduce Jorge Crespo, operario del Ayuntamiento de Amieva, quien renunció a su descanso dominical para garantizar que los accesos a las localidades de San Roque y Amieva estuviesen limpios. «Llevo desde las ocho de la mañana trabajando y aunque a partir del mediodía la cosa se suavizó, lo cierto es que a primera hora estaba fastidiado», explicaba a EL COMERCIO. Como sus paisanos, reconoció que la de estos días está siendo «una nevadina guapa», aunque recalcó que «en esta zona lo normal es esto, lo raro fue lo del año pasado, cuando no nevó nada».

En el vecino concejo de Ponga la situación fue similar, con la mayoría de sus pueblos perfectamente accesibles gracias al trabajo de las quitanieves. «Las dos únicas localidades donde se complica el acceso son Viboli y Casielles, pues la estrechez de la carretera impide entrar a las máquinas y ahora mismo solo se pude llegar a ellos andando o en tractor. No obstante, los vecinos nos aseguraron que, de momento, se arreglan bien y no hace falta que contratemos un tractor con pala para abrir la vía», explicó la alcaldesa, Marta Alonso. En Sotres el panorama era similar, con «entre treinta y cuarenta nuevos centímetros de nieve», según sus habitantes.

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