Dos asturianos se exponen a una multa por dormir en una autocaravana bajo un puente

La autocaravana, estacionada debajo del puente. / J. F.

El dueño del vehículo, que lo anunciaba como alojamiento turístico en San Sebastián, fue sancionado por realizar una actividad ilegal

E. C. GIJÓN.

Una pareja asturiana acabó anteayer de mala manera sus vacaciones en San Sebastián. Las estaban disfrutando en una autocaravana que su propietario había anunciado en el portal Airbnb como «alojamiento sencillo y minimalista» por veinte euros la noche. El caso es que se trataba de una autocaravana que estaba estacionada bajo un puente de la autovía del Cantábrico en el barrio de Loiola. El alcalde donostiarra, Eneko Goia, explicó que a primeras horas de la mañana efectivos de la Policía Municipal acudieron al lugar donde estaba aparcado el vehículo e identificaron a sus ocupantes con el fin de iniciar el procedimiento de denuncia por el desarrollo de «una actividad ilegal».

El regidor indicó que la pareja asturiana se podría enfrentar a una multa que oscilaría entre 50 y 200 euros, debido a que la ordenanza municipal de civismo indica que «no se podrá acampar, instalar tiendas de campaña o vehículos a tal efecto habilitados en terrenos públicos o privados que carezcan de autorización para ello». Añade la normativa que «no se podrá cocinar o desplegar sillas y mesas en la vía pública».

Quien sí será seguro sancionado es el propietario y arrendador de la autocaravana, según explicó Eneko Goia, por desarrollar una actividad ilegal, y también tendrá que analizarse la situación administrativa del vehículo. El alcalde dijo que «no es de recibo que se desarrollen actividades de este tipo en la ciudad aprovechándose de la buena fe de la gente o del interés que en un momento puedan tener», en referencia a la pareja asturiana afectada y a otros potenciales clientes.

Minimalista

El caso es que, según publicó 'El Diario Vasco', el anuncio publicado por el dueño del vehículo en Airbnb ofrecía este peculiar alojamiento, en una «zona tranquila, a veinte minutos del centro» de la ciudad, dentro de una autocaravana aparcada bajo la autopista AP-8.

El precio estipulado por noche era de veinte euros para un ocupante, treinta euros para dos y 45 en el caso de que tres personas durmieran en el habitáculo que, según advertía su propietario, «no cumple con todos los lujos de una casa normal».

«Se trata de un espacio más sensible y minimalista. Ahí está su gracia», afirmaba el anunciante, quien recomendaba que, en caso de acumulación de calor en el vehículo, se abrieran «suavemente» las claraboyas del techo y apuntaba que era mejor que los inquilinos trajeran sábanas o un saco de dormir.

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