Asturias enarbola «su identidad inclusiva» en la entrega de las Medallas del Principado

El himno de Asturias puso a todas las autoridades en pie; en primera fila, entre otros, Gabino de Lorenzo, Pedro Sanjurjo e Ignacio Prendes. / ÁLEX PIÑA

Javier Fernández dice estar orgulloso de una comunidad «moderna, fuerte y compleja, integrada en un Estado democrático de derecho»

LAURA MAYORDOMO | GLORIA POMARADA OVIEDO.

Era el de ayer momento de destacar la labor desinteresada, de entrega profesional «al servicio de los demás», de los profesionales de los centros de salud del Principado; de los voluntarios que, desde 1988, han integrado la Unidad Canina de Rescate del Principado, y de Mario García, expresidente de la Confederación Española de Personas con Discapacidad física y orgánica (Cocemfe), que suma cuatro décadas de lucha infatigable por los derechos de los discapacitados. Los tres, Medallas de Plata del Principado. Era también momento de reconocer «el cariño y el compromiso» con el Principado de un asturiano al que los caprichos de la emigración le hicieron nacer en México: el empresario y coleccionista de arte Plácido Arango. A él le entregó ayer el presidente autonómico -«orgulloso» de hacerlo- la máxima distinción de esta región: la Medalla de Oro de Asturias. Un galardón «de justicia», para el que, aseguró Javier Fernández, méritos le sobran.

Pero el de ayer era momento también de abordar la actualidad política del país. Y de hacerlo para marcar distancias. Para dejar claro que, frente al desafío independentista de Cataluña, Asturias es hoy «una comunidad segura de su identidad, plenamente segura de su identidad inclusiva que no necesita reafirmarse contra nadie, ni en la exclusión de los demás ni en el amurallado de sus fronteras».

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Tras reconocer los amplios méritos de los distinguidos en esta trigésimo segunda entrega de las Medallas del Principado, Javier Fernández se declaró «orgulloso de la historia de Asturias». Una comunidad, afirmó, «moderna, fuerte y compleja, integrada en un Estado democrático de derecho formado por una ciudadanía libre, más libre que nunca en su historia. Esta es la España más de los españoles que hemos tenido jamás», retomó su discurso tras ser interrumpido por los aplausos del público asistente al acto celebrado en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.

Hechos y fabulaciones

Previamente se había reconocido «muy orgulloso» de la historia de Asturias, «de la que conozco, con las inevitables lagunas, con sus capítulos grandiosos y otros oscuros, superados, con hambre, aislamiento y olvido». De su historia y de su identidad. Aspectos ambos que «podríamos recordar a la carta, eligiendo los episodios heroicos, ensalzando la teoría de los orígenes que más nos aprovechase, construyendo con retales de aquí y allá el relato que más nos conviniera». Porque eso es lo que está ocurriendo hoy en día, cuando las historias nacionales se cocinan a partir de los «hechos y fabulaciones que vengan al caso». Como en el medievo, dijo, esas historias «aún siguen relatándose, ahora a la lumbre de las hogueras de Internet y al calor de las huidas hacia delante de las ensoñaciones independentistas».

Fue la suya una intervención más bien breve, apenas catorce minutos, en la que el grueso del discurso sirvió para destacar los méritos de los cuatro homenajeados en esta edición. Empezando por Plácido Arango y las referencias a su reciente donación de treinta y dos «obras maestras» de la pintura al Museo de Bellas Artes de Asturias. Un legado con el que se enriquece una pinacoteca ya de por sí «espléndida, envidiable», que animó a visitar a los asturianos para los que aún es una desconocida. «Lo que hace Plácido Arango es convertir algo suyo y querido, adquirido con la pasión obsesiva del coleccionista, en patrimonio común», agradeció el presidente regional. También «más que merecidas» son las tres Medallas de Plata concedidas este año y que comparten un denominador común: haber recaído en personas o colectivos «al servicio de los demás».

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«En Asturias podemos sentirnos orgullosos de muchas cosas. Entre ellas, de la calidad profesional y humana de quienes trabajaron y trabajan por nuestra salud en los servicios de Atención Primaria», subrayó Fernández. Por eso, después de tres décadas de andadura, a la red de atención primaria -con más de 300 centros y de 3.000 profesionales- ya le tocaba «un reconocimiento público». Como a los treinta años que está a punto de cumplir la Unidad Canina de Rescate del Principado. El reconocimiento en este caso fue doble: para «quienes entrenan, sujetan y guían y también a los que ponen el olfato».

De la puesta en marcha de residencias, centros de día, viviendas tuteladas o la educación inclusiva «que nos hacen una comunidad más digna y más humana» responsabilizó el presidente regional en buena medida a la labor de Mario García. De este asturiano que presidió Cocemfe y de quienes, como él, están empeñados «en demoler las barreras, las físicas y las que hormigonamos en la mente».

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