Un atracador muerto, otro detenido y un guardia herido en un asalto en Cangas de Onís

Agentes que formaron parte del amplio dispositivo desplegado por la Guardia Civil en Cangas de Onís. / FOTOS: NEL ACEBAL
Agentes que formaron parte del amplio dispositivo desplegado por la Guardia Civil en Cangas de Onís. / FOTOS: NEL ACEBAL

El delincuente, que se pegó un tiro en la cabeza dentro de una oficina de Liberbank, mantuvo tres horas retenidos a un cliente y dos empleadas

OLAYA SUÁREZ | LUCÍA RAMOS CANGAS DE ONÍS.

Dejaron el coche con el motor arrancado a las puertas del banco. Tenían el golpe preparado al dedillo, pero no contaron con determinados factores ajenos y que escaparon a su control. La llamada que realizó una mujer a la Guardia Civil al ver cómo dos hombres con aspecto sospechoso accedían a las 9 de la mañana a la oficina de Liberbank de la avenida de Covadonga de Cangas de Onís dio al traste con los planes de dos peligrosos atracadores burgaleses. El saldo: un ladrón muerto por suicidio y el otro atracador detenido, un guardia herido por disparo y tres rehenes secuestrados durante tres agónicas horas.

Hasta 42 efectivos de la Guardia Civil participaron en un despliegue sin precedentes en Cangas de Onís. Los primeros agentes llegaron hasta las puertas del banco justo cuando los ladrones trataban de huir. Uno de ellos Juan Carlos S. G., de 59 años, el que salía en primer lugar, abrió fuego contra los guardias, que respondieron con sus armas reglamentarias al intentar defenderse. Retrocedió sobre sus pasos y se introdujo de nuevo en la sucursal. Su compinche, J. M. S. V., de 43 años, se rindió y se tiró al suelo con los brazos por delante. Durante el intercambio de disparos uno de los agentes, Marcos, destinado en el puesto de Arriondas, resultó herido de bala en un brazo. Su estado de salud no reviste gravedad. Tuvo la fortuna de que el proyectil le pasó rozando y le provocó una lesión superficial. Fue trasladado al Hospital de Arriondas.

«Inmediatamente se establece una zona de seguridad y se trasladan efectivos de otras unidades de Seguridad Ciudadana, Policía Judicial y Tráfico, además del helicóptero de la Guardia Civil», señalaron fuentes de la Comandancia de Gijón, encargada del operativo.

Dentro de la oficina bancaria la tensión se volvía insoportable. El atracador retuvo a punta de pistola a las dos empleadas del banco -la directora y una trabajadora- y a un cliente que había acudido a primera hora a hacer una gestiones. Los mandos del dispositivo optaron por la intervención del negociador, un agente especializado en secuestros con rehenes que se desplazó de forma inmediata hasta Cangas de Onís para entablar diálogo con el ladrón. Para entonces su compinche ya había sido llevado a los calabozos del cuartel de Llanes y el coche que utilizaron para trasladarse desde Miranda de Ebro (Burgos), donde ambos tenían fijado el domicilio, fue llevado al acuartelamiento con el objetivo de ser sometido a una minuciosa inspección en busca de pruebas e indicios.

Conversación telefónica

El especialista en negociación, pertrechado con chaleco antibalas, al igual que el resto de efectivos, introdujo a las puertas de la oficina bancaria un teléfono móvil para conseguir hablar a través de él con el delincuente. El ladrón accedió a coger el terminal. Entablaron conversación y el experto desplegó todas sus habilidades, tácticas y técnicas para conseguir que depusiese su actitud y liberase a los rehenes.

Fuera, los agentes tomaron posiciones en el perímetro del banco y en las ventanas de los edificios limítrofes para intervenir en caso de necesidad. Pasados unos minutos de las doce, tres horas después de iniciarse el tenso episodio, accedió a liberar a los secuestrados. Las dos empleadas y el cliente abandonaron la oficina corriendo y en evidente estado de nerviosismo. Los esperaban sus familiares y amigos, para quienes seguir el desenlace desde la calle sin saber exactamente lo que ocurría en el interior supuso uno de los peores trances de su vida.

Los tres rehenes fueron llevados a un centro sanitario para evaluar su estado de salud. No resultaron heridos. Sufrieron el cuadro de ansiedad propio de la situación. Las dos empleadas de Liberbank regresaron al lugar de los hechos sobre las tres de la tarde para recoger sus bolsos y enseres que habían dejado dentro en la precipitada huida. Estaban más tranquilas, pero con ganas de descansar.

Aún transcurrió casi media hora de conversación entre ambas partes hasta que de pronto se escuchó un disparo procedente de dentro de la sucursal. «Un grupo de tres efectivos se acercaron por la parte trasera y comprobaron que el atracador yacía inmóvil en el suelo», señalaron fuentes de la Benemérita. El atracador se había disparado con su arma en la cabeza. Los sanitarios de emergencias entraron en la oficina y atendieron al herido, custodiados en todo momento por los guardia civiles. Sufría lesiones de extrema gravedad y no pudieron hacer nada para mantenerlo con vida.

Se ponía fin a una angustiosa mañana que mantuvo en vilo a Cangas de Onís y en jaque a la Guardia Civil, cuerpo que posibilitó que las tres personas secuestradas durante tres horas pudieran salir indemnes del grave episodio y que, no obstante, se saldó con un agente herido leve y un atracador muerto.

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