«La autoestima de un agresor escolar no dura para siempre»

Maite Garaigordóbil, durante la conferencia en Oviedo.
Maite Garaigordóbil, durante la conferencia en Oviedo. / HUGO ÁLVAREZ

La psicologa Maite Garaigordóbil afirma que con el bullying sufre el agredido «pero el que ataca también padecerá las consecuencias»

LORETO BARBÓN GIJÓN.

«En el acoso escolar hay tres actores: la víctima, el agresor y los observadores. Estos últimos juegan un papel muy importante porque, en función de cómo actúen, podrán reducir o incrementar los casos de bullying». Esta fue una de las ideas que abordó ayer Maite Garaigordóbil, una de las ponentes que participaron en el III Congreso Nacional de Psicología.

La doctora se centró en los retos a los que se enfrentan tanto los profesionales clínicos como los profesores o las familias de los agresores y las víctimas del acoso escolar. Propone la implantación de «programas de desarrollo humano» en los colegios, para incentivar las conductas positivas de los niños y evitar el uso de cualquier tipo de violencia.

Cuando se produce una situación de acoso escolar, en realidad, está habiendo dos víctimas. «Tanto el agredido como el agresor sufrirán las consecuencias del bullying en el futuro. Para evitarlo tenemos que trabajar sobre factores determinantes en la vida de cualquier persona: la sociedad, la escuela y la familia», dijo Garaigordóbil durante el congreso organizado por el Consejo General de la Psicología de España.

«Las víctimas de acoso son carne de cañón para llenar las consultas de psicología»«El papel de los testigos es importante: según como actúen habrá más o menos abuso»

Garaigordóbil explicó que el bullying ha existido desde que se crearon las escuelas. «Antes se veía como algo normal. 'Cosas de niños', solían decir. Por suerte, hoy se denuncian estos casos y se han creado asociaciones antibullying que ofrecen respaldo e información a estas personas». La falta de conocimientos sobre cómo actuar cuando se detectan señales de abuso escolar, por parte de los centros escolares o del entorno familiar, es otro de los retos a los que se enfrentan los psicólogos, que se suma a una nueva manera de martirizar a las víctimas: el ciberacoso.

La doctora explicó que buena parte del incremento del ciberbullying se debe a que los niños acceden antes a las nuevas tecnologías, pasan más tiempo en las redes sociales y han convertido esos ciberespacios en un elemento muy importante en sus vidas, pues se encuentran en una etapa vital para su desarrollo como personas adultas. En este sentido, Garaigordóbil remarcó que las consecuencias del acoso escolar dejan huella en la etapa adulta. «Los niños que lo han sufrido en su infancia son carne de cañón para llenar las consultas de psicología al alcanzar la madurez», añadió. El agresor hace daño porque necesita sentirse superior. «La autoestima que genera con la violencia funcionará durante unos años, pero no dura para siempre y, después, puede destrozarle la vida».

Fotos

Vídeos