Avatares que ayudan a estudiar

Parte del grupo de investigación MetaTutor_ES. María Esteban, becaria predoctoral; José Carlos Núñez, decano de Psicología; Rebeca Cerezo, vicedecana, y Celestino Rodríguez, vicedecano de Formación del Profesorado y Educación. / MARIO ROJAS
Parte del grupo de investigación MetaTutor_ES. María Esteban, becaria predoctoral; José Carlos Núñez, decano de Psicología; Rebeca Cerezo, vicedecana, y Celestino Rodríguez, vicedecano de Formación del Profesorado y Educación. / MARIO ROJAS

Un equipo multidisciplinar investiga los procesos de aprendizaje 'on line'

LAURA MAYORDOMOLAURA MAYORDOMO OVIEDO.

Muchos cursos de formación, ciclos formativos y hasta carreras universitarias pueden cursarse hoy en día sin pisar un aula, sin tener en frente a un profesor y sin necesidad de tomar apuntes. La manera de adquirir conocimientos está cambiando y la formación on line gana posiciones a costa de la que hasta ahora se consideraba la formación 'clásica', la presencial. Con el objetivo de «sacar todo el potencial» a los entornos de aprendizaje virtuales, presentes ya desde la educación Primaria, un equipo multidisciplinar de la Universidad de Oviedo lleva cerca varios años trabajando, con un proyecto financiado por el Ministerio de Educación, para dar con las claves que mejoren esa formación on line. En concreto, centrándose en adultos con trastornos del aprendizaje, un campo muy poco o nada explorado hasta ahora, tal y como explica Rebeca Cerezo, vicedecana de la Facultad de Psicología y una de las investigadoras de este proyecto que emplea una metodología innovadora y en el que también hay implicados ingenieros informáticos y profesionales de la educación.

Para proponer y diseñar intervenciones que mejoren el aprendizaje en entornos virtuales «primero hay que tener un conocimiento certero» de cómo es ese proceso. Es en lo que están ahora mismo. «Hacemos evaluación e intervención al mismo tiempo», lo que de por sí es ya «un enfoque novedoso. Para ello están llevando a cabo un «exigente» experimento con alumnos de varias facultades -107 hasta el momento, siempre de forma voluntaria- que dura entre dos y cuatro horas. De ese tiempo, hora y media la pasan frente a una pantalla de ordenador aprendiendo distintos aspectos sobre un idéntico tema: el sistema circulatorio del cuerpo humano. Cuatro avatares o tutores virtuales les ayudan y van guiando en esta tarea.

EL PROYECTO

MetaTutor_ES:
el objetivo es explorar los procesos de aprendizaje en entornos virtuales.
Investigadores:
son quince, de las universidades de Oviedo, La Coruña, North Carolina State University (USA) y Minho (Portugal).
Experimento:
los interesados en participar pueden escribir a metatutor2016@gmail.com

Los alumnos deben responder a preguntas en tiempo real. Además tienen en frente un dispositivo, una especie de webcam, que detecta y registra el movimiento de los ojos -«éstos dan información de los macroprocesos y los microprocesos del aprendizaje», por ejemplo dónde fijan la atención o durante cuánto tiempo lo hacen- y otro dispositivo en el dedo que controla su respuesta electrodermal para detectar, por ejemplo, situaciones de estrés. Los clicks que realizan con el ratón en determinadas partes de la pantalla también aportan información importante -se analiza a través de Minería de Datos-, como la que también se extrae del sistema Face Reader, de reconocimiento de emociones.

Planificar y revisar

«Cuando hacemos una tarea solo ejecutamos. Raramente planificamos y revisamos. Esto va a demostrar que en los entornos virtuales es necesario planificar y revisar lo que se hace», dice Celestino Rodríguez. Y eso «porque», apunta María Esteban, «en un entorno de aprendizaje presencial tienes la ayuda del profesor, que te puede orientar o al que, si tienes dudas, puedes preguntar, pero en un entorno virtual estás solo». Eso requiere mayores dosis de motivación y autorregulación. Justo en lo que se suele fallar. «Lo que se ve es que hay un déficit de autoregulación, cuando precisamente estos entornos virtuales son mucho más exigentes en ese aspecto», constata Rebeca Cerezo.

Aún tienen por delante un año más de trabajo, pero lo realizado hasta ahora les permite avanzar que cuando un adulto con algún tipo de dificultad del aprendizaje se sitúa frente al ordenador para adquirir determinados conocimientos, es fundamental que el software que vaya utilizar cuente con uno o varios avatares. «No suplirán nunca a un profesor pero su papel es fundamental», dicen los investigadores, porque esa interacción con él mejora los resultados. «Te obliga a que pienses antes, durante y después», apunta Cerezo. Y algo tan sencillo como el tipo de tipografía que se usa para los contenidos puede simplificar mucho la tarea de asimilación para personas con dificultades de lectoescritura.

También que los entornos virtuales tengan herramientas que permitan a los estudiantes hacer esquemas, resumir, conectar conocimientos, sistemas que permitan conocer los logros o autoevaluarse a medida que van avanzando en el proceso de aprendizaje.

De los 107 alumnos de la Universidad que ya han colaborado con el proyecto MetaTutor_ES, prácticamente una cuarta parte tenía algún tipo de trastorno del aprendizaje. La intención de los investigadores es aumentar esa cifra. El problema, señalan, es que muchos carecen de diagnóstico previo. Aquellos «a los que les cueste más concentrarse, que vean que son más lentos que los demás leyendo, escribiendo o haciendo exámenes, con dificultades de coordinación ojo/mano, que tienden a la dispersión, tengan mala memoria, escaso autocontrol o un pasado escolar difícil» son candidatos a someterse a estas pruebas, que se realizan de forma individual en la Facultad de Psicología.

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