El azabache asturiano, castigado por las falsificaciones

La llamada costa jurásica, de Gijón a Ribadesella, guarda en sus entrañas importantes yacimientos sin explotar de esta piedra semipreciosa

Las manos siguen siendo las principales herramientas del azabachero. / PALOMA UCHA
PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

Es el tesoro dormido de las riquezas naturales de Asturias: explotado durante siglos, estimado por su calidad y belleza, venerado por las propiedades mágicas que se le atribuyen para prevenir y deshacer maleficios, el azabache aguarda hoy en las entrañas de la mariña centro-oriental su última oportunidad para emerger como materia prima de una industria joyera artesanal que por escasez de ella se enfrenta a un futuro incierto, mientras ve como en el mercado de la región se introducen materiales foráneos de peor calidad (lignito proveniente de Georgia, en su mayor parte) que se ofertan en algunos casos como piezas de origen autóctono.

En Oles (Villaviciosa) se encuentra un número indeterminado de yacimientos azabacheros que se explotaron en otras épocas, entre ellos el del último minero, Tomás Noval (1921-2008), a quien acudían prácticamente todos los artesanos para aprovisionar sus talleres. Desde su fallecimiento, la escasez de materia prima llegó a los obradores azabacheros, que se vieron en la necesidad de recurrir a proveedores ocasionales -la mayoría ilegales- o a dosificar los aprovisionamientos que algunos conservaban de la mina de Noval. Ninguna otra explotación ha vuelto a abrirse y una de las consecuencias de esta falta de material ha sido, según advierte la Asociación Azabache Jurásico -creada a comienzos del pasado verano-, la introducción en el mercado de piezas realizadas con productos foráneos y las falsificaciones.

Más información

Acompañamos a María Pérez, presidenta del colectivo y responsable de la única escuela de azabachería existente, hasta la bocamina de uno de los yacimientos de Oles. No es difícil localizarlo ya que se encuentra señalizado en la llamada Ruta del Azabache del concejo maliayés. Del interior de la mina mana un arroyo en cuyas aguas basta sondear con las propias manos para encontrar pronto algunos fragmentos del material que se explotó en ella. Es la prueba material de que el tesoro sigue ahí, como el de las leyendas de la tradición asturiana, esperando que alguien llegue a despertarlo. Se trata de una de las múltiples minas que hay repartidas por el triángulo de oro del azabache, situado entre Oles, Argüero y Tazones. «La apertura de una mina con el análisis del material para comprobar su calidad es algo imperativo para asegurar el futuro de esta industria y terminar con el fraude, que hoy es notable», asegura María.

Javier Ortega en su taller de Llantones (Gijón) / PALOMA UCHA

La presidenta de la recién creada asociación habla de lo sucedido en Turquía, uno de los países con mayor tradición azabachera y que en las últimas décadas vio cómo la extracción masiva de material agotaba los yacimientos: «Empezó a entrar lignito de Georgia, muy barato y fácil de obtener, los artesanos lo aceptaron como una golosina: la consecuencia fue que las piezas fabricadas se rompían por la calidad inferior del material: toda esa industria se fue al garete». Ella piensa que en Asturias -donde el sector es infinitamente menor y más débil, apenas una veintena de artesanos- podría ocurrir otro tanto: «Un kilo de azabache autóctono puede costar unos 200 euros y uno de lignito georgiano sobre unos 25», detalla y «si tenemos en cuenta que a simple vista no es fácil de distinguir, resulta muy tentador», advierte.

María Pérez muestra la bocamina de uno de los yacimientos de Oles (Villaviciosa). / DAMIÁN ARIENZA

Pedro Villanueva, presidente de la Asociación Acebache -fundada en 1999 y que agrupa a buena parte de los artesanos en activo- coincide en la necesidad de contar con una mina abierta: «Es la base de todo lo demás y no sería necesaria una inversión muy desmesurada, en las últimas conversaciones que tuvimos con el Principado se cifraba en unos 60.000 euros. Con la mina ya habría materia prima para intentar conseguir una IGP (Indicación Geográfica Protegida) o la garantía de calidad del azabache asturiano», afirma. En cuanto a la posible existencia de falsificaciones o uso de materiales foráneos de calidad inferior asegura que «entre los profesionales que vendemos en ferias monográficas no se da, hay un comité de selección previa para cribar el material y además nos desprestigiaría: ¡cómo vamos a volver a un lugar donde se haya vendido una pieza que se rompió por ser de lignito!».

El tallado manual del azabache requiere un cuidado especial para evitar la ruptura de la pieza. / PALOMA UCHA

De la misma opinión son Ismael Marcos y Javier Ortega, socios con taller en Llantones desde hace dos décadas: «Las ferias son fiables para el consumidor, los propios participantes somos los primeros interesados en que no haya azabache dudoso y por las cantidades que se comercian de él, al por mayor, si llega, sería a los circuitos más industrializados: entre los artesanos, nadie se va a jugar un nombre ya hecho», afirman. En su caso la falta de materia prima no les impide seguir trabajando: «Hacemos piezas pequeñas y conservamos un stock importante de Tomás Noval, además de lo que nos llega por las vías conocidas» y usa el eufemismo para referirse a los proveedores ilegales: «Aunque no siempre merece la pena, a veces sólo puedes aprovechar una pequeña parte». La apertura de una mina es vista también por estos artesanos como indispensable «para garantizar la calidad y sobre todo el futuro de quienes quieran trabajar en ello: para alguien que empieza, es difícil encontrar material», sostienen ambos.

Collar de cuentas facetadas y otras creaciones del taller de María Pérez en la Madrera (Villaviciosa). / DAMIÁN ARIENZA

María Fernández manifiesta sus reservas en cuanto a la acogida positiva que tendría en todos y cada uno de los azabacheros asturianos la apertura de una explotación con todas las garantías legales y de trazabilidad del producto: «El material de esa mina saldría más caro del que se obtiene ahora de acantilados y escombreras, eso es una realidad y tal vez haya a quien no le interese». En cualquier caso, «sin esa posibilidad de extracción regularizada la industria del azabache asturiano tiene los días contados y no deberíamos permitírnoslo: es un recurso de primer orden para crear empleo, está en una comarca turística y es único en el mundo». Fernández pone el ejemplo de la región británica de Whitby (Yorkshire), donde se encuentran los yacimientos azabacheros más importantes de Europa junto a los asturianos. «Allí la industria turística y comercial que existe en torno es impresionante, todo Whitby vive de ello» y añade un aviso para navegantes: «Por cierto, allí también está entrando lignito georgiano y frente a él se están tomando muy en serio la certificación autóctona, en un proceso que podría servirnos de modelo aquí», comenta la artesana.

Ismael Marcos puliendo manos de azabache, la tradicional cigua. / PALOMA UCHA

La asociación que preside mantiene actualmente contactos con el Ayuntamiento de Villaviciosa para estudiar la posible apertura de una mina que se halla en terrenos de propiedad municipal y que por ello facilitaría en parte el éxito de la iniciativa: «Próximamente habrá una reunión y por primera vez veo en el municipio buena disposición para intentarlo», relata. Si el proyecto logra materializarse, las perspectivas que se abrirían para el azabache asturiano serían muy positivas y también para la zona: «Hay un gran interés, la prueba la veo en mi escuela, son muchos quienes ven atractivo el oficio para dedicarse a él». La enseñanza de esta artesanía sería el otro pilar para su futuro: «Es necesario sembrar la semillina para que crezca», defiende Pérez. Y después de escuchar a estos maestros azabacheros resulta difícil no compartir sus deseos y hacer el gesto de la 'cigua' (la higa) con la mano o apretar con fervor una de las que han fabricado en sus talleres para que la buena suerte les acompañe en este camino por andar. Uno de tantos de Asturias que buscan rutas al futuro.

Fotos

Vídeos