El banco de cerebros persigue más donaciones y financiación

Iván Fernández Vega y María Daniela Corte, en el laboratorio del HUCA donde trabajan. / DANIEL MORA
Iván Fernández Vega y María Daniela Corte, en el laboratorio del HUCA donde trabajan. / DANIEL MORA

Precisa 40.000 euros más para funcionar las 24 horas y multiplicar por diez el número de órganos para avanzar en la investigación de enfermedades neurodegenerativas

LAURA MAYORDOMO OVIEDO.

«Tenemos una versión básica, pero queremos la versión premium». El neuropatólogo y, desde agosto de 2016, responsable del banco de cerebros de Asturias, Iván Fernández Vega, trata de dar un impulso a este depósito en el que, en la actualidad, se conservan muestras de 50 órganos que se utilizan para la investigación de enfermedades neurodegenerativas -como el alzheimer, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (el mal de las vacas locas) o el parkinson- y el diagnóstico clínico. Para ello se necesita, por un lado, incrementar de forma considerable el número de donaciones. «Deberíamos tener diez veces más. Para que un banco pueda desarrollar una labor de investigación con series de trabajo importantes debe tener unos cuatrocientos o quinientos cerebros. Con diez veces más la cifra actual podríamos trabajar cómodamente y relacionarnos con otras regiones al mismo nivel. Ahora mismo hablamos con ellas desde una posición inferior por no tener suficientes cerebros», señala este asturiano que, con anterioridad, dirigió durante tres años el banco de cerebros de Álava, en el País Vasco.

Alcanzar esa 'versión premium' a la que aspiran Iván Fernández Vega, la directora científica, Aurora Astudillo, y la técnico especializada, María Daniela Corte, pasa también por triplicar su actual partida presupuestaria: 20.000 euros anuales que se van en el contrato de esta última. La cuestión es que el banco de cerebros -una de las tres patas del biobanco del HUCA junto con el de tumores y el de ADN- es una entidad pública dependiente del Instituto Carlos III y con financiación del Ministerio de Sanidad. «Es el único biobanco de todo el país que no tiene soporte de su propia región. Sobrevivimos como podemos», señala Fernández Vega. «Estamos viendo un compromiso de los neurólogos, del personal profesional implicado, de las asociaciones, de los pacientes, de los donantes... Pero no tenemos un soporte institucional», lamenta.

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Recurrir a la vía privada

Hace más de un año que plantearon al Servicio de Salud del Principado (Sespa) esa posibilidad de colaboración. «Nos dijeron que podría ser viable, pero no hemos visto ninguna opción». Sin cerrar esa puerta, el responsable del banco de cerebros no descarta, «si no queda más remedio, y como última alternativa», recurrir a la financiación privada para conseguir su objetivo.

Disponer de un presupuesto anual de 60.000 euros les permitiría dar un servicio 24 horas. Porque, en la actualidad, las extracciones de tejidos solo se pueden llevar a cabo de lunes a viernes, en horario de ocho a tres. ¿Qué supone eso? Pues que los cuerpos de los donantes que fallecen por la tarde o en fin de semana deben conservarse en la cámara fría del HUCA hasta que se pueda llevar a cabo la extracción en lugar de ser devueltos a las familias en menos de hora y media, como ocurre con los cadáveres que se reciben en el horario laboral del banco de cerebros. Funcionando las 24 horas, se garantiza además que el tejido sea «óptimo para investigar, porque podemos extraerlo y congelarlo rápido. Eso es lo más importante».

Ese mayor presupuesto, además de permitir ofrecer una cobertura 24 horas, «permitiría abrir líneas en docencia e investigación, tener tesis doctorales, más facilidad para publicar artículos, asistir a congresos... Porque el banco tiene su parte social, su parte docente, su parte investigadora y su parte asistencial, y ahora mismo están un poco cojas», repasa Fernández Vega. También ofrecer un contrato estable a la técnico, que lleva trabajando en el banco de cerebros desde 2010 enlazando contratos. Este mes concluye el actual y «deberán pasar seis meses hasta que pueda volver a incorporarse. Eso es un problema para todos», expone el responsable del banco.

Oviedo, sede de un congreso

Hay algo que no pone en duda Iván Fernández Vega. Es que, a la hora de hablar de donaciones, «la gente es generosa y en Asturias mucho más. Yo intento conseguir que el banco esté a la altura de la generosidad de esta región». Puede donar su cerebro cualquier persona, enferma o sana -«los dos son muy importantes para la investigación», señala el neuropatólogo- que no sea donante de otros tejidos u órganos. Los órganos se pueden donar para trasplantes, a la ciencia (a los bancos) o a la docencia (a las facultades de Medicina), pero estas tres opciones son excluyentes. Es decir, si se dona para un fin no se puede donar para otro, según las reglas de la Organización Nacional de Trasplantes y Tejidos.

Precisamente, Oviedo será el próximo mes de noviembre sede del Congreso Nacional de Biobancos. Su candidatura se impuso recientemente a las otras seis que fueron valoradas por la Red Nacional de Biobancos y entre las que se encontraban ciudades como Barcelona o Valencia.

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