La Policía buscará los cadáveres de Mari Trini y su hija en un pozo minero de Berbes

Pozo donde supuestamente el portugués habría arrojado dos vehículos / NEL ACEBAL

Solicitará autorización judicial para extraer de un pozo dos coches que el portugués arrojo hace 30 años

OLAYA SUÁREZ / LUCÍA RAMOSGijón / Berbes (Ribadesella)

Haces dos años fue en Matadeón de los Oteros (León) y ahora en Berbes (Ribadesella). Los integrantes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía Nacional se han propuesto esclarecer la extraña desaparición hace treinta años de la gijonesa Mari Trini Suardíaz y su hija Beatriz, de apenas trece meses. El tesón con el que trabajan en la investigación ha motivado que la titular del juzgado de Instrucción número 4, Ana López Pandiella, reabra el caso y autorice la inspección en la vivienda de la localidad riosellana en la que durante una época se convirtió en domicilio familiar de la desaparecida y su entonces marido, el portugués Antonio María de Silva, principal sospechoso en un caso lleno de interrogantes.

Hoy, la Policía Nacional da por concluida la inspección en la casa de Berbes (Ribadesella) en la que buscaba los cuerpos de Mari Trini Suardíaz y su bebé de trece meses, desaparecidas hace treinta años. Los agentes trabajaron durante dos días en la vivienda y, con la ayuda de operarios municipales, excavaron en el suelo de la casa semiderruida y una construcción anexa. Sospechaban que el marido de la gijonesa podría haber matado y ocultado los restos bajo tierra. No localizaron los cadáveres, pero sí abundante documentación y enseres que habrían pertenecido al matrimonio.

El siguiente paso que podría realizar la Unidad de Delincuencial Especializada y Violenta (Udev) sería solicitar una nueva autorización judicial para buscar a las dos desaparecidas en la bocamina de una explotación de espato flúor, en un acantilado de la misma localidad de Berbes. Al parecer, varios vecinos de la zona apuntaron que el sospechoso, Antonio María da Silva, arrojó en ese pozo de agua dos vehículos de su propiedad. El operativo necesitaría la participación de los buzos para extraer los restos de esos dos coches. Los investigadores pretender determinar si en su interior se encontrarían los dos cadáveres.

Como ya ocurrió en marzo de 2016 en Matadeón de los Oteros (donde también vivió el matrimonio), el operativo se centró en buscar a las dos desaparecidas ocultas bajo tierra. Para ello, los operarios, dirigidos por los funcionarios policiales, levantaron el suelo de un cobertizo anexo a la que fue la casa principal. Los trabajos se desarrollaron a lo largo de la mañana de ayer. Al parecer, en esa pequeña construcción fueron localizados varios documentos y enseres, que fueron recogidos para su análisis y estudio en la Comisaría.

Apuntalar la vivienda

A última hora de la mañana, las labores policiales pasaron a centrarse en la casa en la que convivió el matrimonio. El estado ruinoso en el que se encuentra esa edificación hace necesario apuntalar las paredes y los techos antes de proceder a excavar en su interior, lo que es intención de lo funcionarios encargados de la investigación.

En la vivienda localizaron varios enseres que supuestamente pertenecen al sospechoso: una maleta, prendas de ropa e, incluso, una oxidada cuna. La casa lleva 30 años cerrada. Ayer, cuando los primeros coches de la Policía Nacional llegaron a la pequeña localidad riosellana, a muchos de los vecinos no les extrañó. «Cuando vimos que estaban otra vez investigando la desaparición de Mari Trini suponíamos que tarde o temprano vendrían por aquí a ver lo que hay en esa casa; vivieron aquí desde que se casaron, por lo menos un año, pero de buenas a primera desaparecieron y no volvimos a saber nada. No los vimos nunca más ni a ella, ni a él ni a la niña», comenta una vecina del pueblo, en el que ayer se interrumpió la habitual tranquilidad.

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Mari Trini Suardíaz tenía 25 años cuando se le perdió la pista. A ella y a su hija de corta edad. Era julio de 1987. Su familia la despidió cuando se subía a un autobús en dirección a León, donde supuestamente la esperaba su entonces marido. Sus allegados habían ido a buscarla meses antes al pueblo de Matadeón de los Oteros, en el que vivían por temporadas, después de que la Guardia Civil la liberase de un supuesto secuestro por parte de Antonio María da Silva. Fue la propia Mari Trini la que pidió ayuda a los vecinos arrojando una nota de auxilio por la ventana. Aseguraba que no la dejaba salir y menos aún acompañada de su hija.

Pero la joven volvió con su presunto agresor, al que los familiares recuerdan como «agresivo y muy problemático». De hecho, su anterior esposa, con la que tuvo siete hijos, se fue años antes de esa misma casa leonesa con sus hijos a Portugal alegando malos tratos por parte del hombre.

El foco de los investigadores se puso en ese domicilio de la comunidad vecina después de que varios vecinos asegurasen que habían visto a Da Silva fabricando cemento en el maletero de su coche. Para entonces, hacía semanas que no veían por la calle a Mari Trini ni a Beatriz. El solar en el que se levantaba la casa fue excavado en marzo de 2016. La UDEV tenía sospechas de que los cadáveres habían sido ocultados bajo una capa de cemento en una bodega subterránea. La capa de cemento existía, pero no localizaron rastro alguno. ¿Entonces por qué estaba tapiada esa estancia subterránea? Ese interrogante y otros muchos aún no han sido esclarecidos. La Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) no parará hasta poder dar una respuesta sobre el paradero sobre Mari Trini. Antonio María da Silva tiene las claves. Está vivo y se le sitúa en Portugal o Brasil.

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