La investigación por el crimen de Paz Fernández se extiende por Arbón, Jarrio y Busmargalí

La búsqueda de pistas del crimen de Navia se extiende por Arbón, Jarrio y Busmargalí
Los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS), ayer, en el arroyo de la Pontiga. / D. S. F.

La dirección de la cárcel sopesa que al asesino confeso de Paz Fernández sea trasladado fuera de Asturias para evitar agresiones de otros reos

RAMÓN MUÑIZ y OLAYA SUÁREZGijón

El crimen de Paz Fernández Borrego tiene un asesino confeso pero le quedan flecos que resolver. Por tercer día los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil regresaron a la zona, centrando ayer sus trabajos en el arroyo de la Pontiga, cuyo cauce desemboca en el embalse de Arbón, donde hace diez días un piragüista halló el cadáver de la gijonesa de 43 años. El operativo también rastreó en la zona del Hospital de Jarrio y el poblado de Busmargalí. El primero es el lugar donde apareció el vehículo de la víctima, un turismo que, según TPA, se sospecha fue utilizado por el agresor para llevar el cuerpo hasta el pantano. El pueblo es el último punto en el que se logró posicionar el teléfono móvil de la gijonesa antes de que la señal desapareciera.

Los agentes revisan así la ruta del crimen en busca de las últimas pruebas. Se intenta localizar el arma homicida, un objeto romo y contundente que utilizó Ledo para fracturar el cráneo de la víctima. También andan detrás del bolso de la gijonesa y otros efectos personales. Los tres escenarios fueron objeto de batidas anteriores, que terminaron infructuosamente y se dieron por terminadas. La aparición del cuerpo, el arresto de Javier Ledo, y la confesión que hizo ante los agentes de la Policía Judicial del puesto de Luarca mientras era asistido por su abogado, han convencido a los investigadores de que los lugares siguen ocultando las últimas pruebas.

La titular del juzgado de Luarca mantiene las diligencias bajo secreto de sumario a la espera de atar los últimos cabos. Los resultados definitivos de la autopsia no se conocerán por ejemplo hasta que el laboratorio del Instituto Nacional de Toxicología emita las conclusiones de las pruebas biológicas enviadas por los médicos forenses que practicaron el examen al cadáver en el Instituto de Medicina Legal, en Oviedo.

La investigación avanza mientras Javier Ledo se habitúa a la que, todo indica, será su nueva vida por largo tiempo. Ayer por la mañana seguía en el módulo de Ingresos de la prisión asturiana, pabellón en el que por la tarde fueron internados cinco de los ladrones que el domingo fueron pillados haciendo un butrón en una joyería de Gijón. A todos se los despierta a las ocho, el desayuno lo reciben en la propia celda y hasta la una de la tarde pueden tomar café, comprar tabaco o charlar en el patio. La comida es de nuevo en la celda, con opción de patio de cuatro y media a siete de la tarde, cuando vuelven a cenar en su habitación.

Rutina y dilema penitenciario

La llegada de Ledo enfrenta a la dirección del presidio a un dilema. Lo habitual es que el preso pueda permanecer lo más próximo de su familia y del juzgado que lleva su caso. La repercusión mediática del asunto ha provocado sin embargo que todos los reos sean capaces de identificar al coañés y conozcan su historia, lo que abre la puerta a situaciones a evitar. «En estos casos, no sabes cómo pueden reaccionar los demás, si hay alguno que fuera amigo de la víctima o sus familiares, si Ledo tiene algún enemigo aquí», explican fuentes penitenciarias. Para evitar estas agresiones, la dirección valorará la opción de derivar al coañés a otra cárcel. Es lo que ocurrió por ejemplo, hace unas semanas, con Félix Vidal Anido, conocido como el 'violador del estilete', a quien «por seguridad» también llevó fuera. Tras la revisión médica y las entrevistas con el psicólogo y el trabajador social, la decisión final corresponde al director de la institución. El reglamento penitenciario le concede de margen hasta el sábado para mandarlo fuera de la región o decidir a qué módulo lo destina. De momento ya se le ha aplicado el protocolo antisuicidios, poniéndole un interno de confianza en la misma celda.

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