El café que hace más difícil dejar de fumar

Mercedes Vega Villar, en la City University of New York, donde lleva desarrollando su investigación los últimos seis años. / E. C.

La asturiana Mercedes Vega, investigadora en Nueva York, estudia el funcionamiento a nivel cerebral del aprendizaje por recompensa

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

Hace seis años que la ovetense Mercedes Vega Villar se embarcó en una experiencia profesional que, hasta el momento, no ha hecho más que reportarle cosas buenas. Tras concluir el grado de Psicología en la Universidad de Oviedo -donde obtuvo el Premio Fin de Carrera y colaboró durante varios años con el doctor Matías López Ramírez en el Laboratorio de Aprendizaje Animal-, cursó un máster de Neuropsicología en la Universidad de Salamanca. Desde 2011, los dos primeros años gracias a una beca de la Caixa, está realizando un doctorado en Neurociencia Comportamental en la City University of New York (CUNY).

De momento, su trabajo ya le ha valido un reconocimiento de una de las mayores y más importantes federaciones de neurociencia del mundo. En su reunión anual, celebrada entre el 8 y el 11 de septiembre en Bilbao, la European Brain and Behaviour Society le concedió el segundo premio al mejor póster por el interés de su investigación.

Ésta se centra en saber más del denominado aprendizaje por recompensa, «un fenómeno básico» del que aún se desconoce buena parte de su funcionamiento a nivel cerebral. El proyecto de la ovetense -una colaboración entre los doctores Jon Horvitz (de la CUNY) y Saleem Nicola (del Albert Einstein College of Medicine)- tiene interés además por lo que puede suponer para el abordaje de las adicciones que, en realidad, cuenta Mercedes Vega, «son un trastorno del aprendizaje por recompensa».

«A través de nuestra experiencia con el mundo que nos rodea aprendemos a obtener las cosas que necesitamos. Por ejemplo comida, bebida, compañía... Y lo hacemos gracias a nuestra habilidad para asociar estímulos del entorno con la obtención de dichas recompensas. Para ello, nos guiamos por estímulos del entorno que en el pasado han sido buenos predictores de esas recompensas. Así, por ejemplo, si una persona sedienta encuentra un grifo, es muy probable que lo abra y se sirva un vaso de agua, pero esa asociación entre el grifo y el agua no es innata, es algo que la persona ha tenido que aprender en algún momento de su vida», explica de forma muy gráfica la investigadora asturiana.

Asociar un grifo con la obtención de agua es algo «adaptativo». Sin embargo, si lo que se asocia es fumar un cigarro con el café que uno se toma después de comer, entonces ese café «se va a convertir en una tentación muy fuerte» que se lo pondrá muy difícil a quien esté intentando dejar de fumar.

Por eso, «entender cómo estas asociaciones se forman y se destruyen a nivel cerebral puede ayudarnos a entender mejor la naturaleza de las adicciones y darnos ideas para posibles tratamientos farmacológicos», apunta Mercedes Vega.

Experimento práctico

Con el objetivo de desvelar qué cambios físicos tienen que producirse en el cerebro para ser capaces de formar dichas asociaciones, en la City University of New York -institución académica de carácter público- están aplicando una técnica en animales que permite registrar actividad neuronal en una zona concreta del cerebro a medida que éstos aprenden a asociar la comida con la presentación de una luz o el sonido de un determinado tono

De momento, ya han descubierto que «en una zona del cerebro que se llama 'nucleus accumbens', la actividad de las neuronas va cambiando a medida que este tipo de aprendizaje tiene lugar». Ahora, caben dos posibles explicaciones a este hecho. O bien que estas señales neuronales estén posibilitando el aprendizaje, «como un motor posibilita que un coche se mueva». O «que simplemente sean un correlato del mismo. Como el ruido que hace el motor, que está presente siempre que el coche se mueve pero no es necesario para su funcionamiento», ejemplifica Mercedes Vega.

Y en ese punto es en el que está ahora su investigación. «Estamos bloqueando procesos de plasticidad neuronal en esa zona y viendo cómo dicha manipulación afecta tanto a la emergencia de señales neuronales como a la evolución del comportamiento».

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