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Antroxu de Gijón | Quince horas de cola bajo el frío polar

Yolanda Camino, Marta Acedo y Rebeca Lago aguardan, anoche, frente al Teatro Jovellanos.
Pasadas las once de la noche de ayer, los jóvenes organizaron una improvisada cena junto a la taquilla del teatro. / Joaquín Pañeda

Jóvenes pasan una noche gélida ante el Teatro Jovellanos para logar las entradas para el concurso de charangas

LAURA CASTRO GIJÓN.

Más de quince horas de cola soportando temperaturas por debajo de los cuatro grados con el único objetivo de adquirir las mejores entradas para el concurso de charangas del próximo sábado. Marta Acedo, de 19 años, y Rebeca Lago y Yolanda Camino, de 24, fueron las primeras en llegar para pasar la noche de ayer frente al Teatro Jovellanos de Gijón a la espera de que abriera la taquilla a las 9.30 horas de la mañana. No estaban solas, pues decenas de personas hicieron lo mismo.

Lo que puede parecer una locura en pleno temporal, para ellas y para quienes compartieron la espera, es una demostración más de su pasión por el antroxu gijonés. «Hay gente que no sabe lo que es vivir de verdad el carnaval en esta ciudad. Nosotras lo sentimos y tenemos la ilusión que hace falta para que siga saliendo adelante año tras año», aseguró Camino. Las tres pertenecen a la charanga Los Tardones, aunque esta vez no están haciendo honor a su nombre. «Otros años esperamos a que abrieran las taquillas para venir, pero al final solo nos quedaban las entradas del gallinero. Ahora somos las primeras y tendremos las mejores», señaló la joven.

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La pasión carnavalera de estas tres gijonesas decidieron desafiar al frío ataviadas con ropa de nieve, mantas, sillas y una tienda de campaña. «Ahora nos da vergüenza abrirla», confesaban en torno a las diez de la noche, pero conscientes del frío que se avecinaba aseguraron que «seguro que en algún momento hay que tirar de ella para refugiarse».

Su intención era pasar la noche despiertas y para ello llevaron bebidas energéticas y «mogollón» de comida. «Nos faltó el camping-gas», reconocía la más joven, aunque ya tenía en su cabeza otra manera de hacerle frente a las bajas temperaturas. «Cuando ya no podamos más, nos damos unos paseos por Begoña para entrar en calor y todo solucionado», planteó Acebal.

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