«Cerraban calles de Avilés para que los órganos llegaran desde el aeropuerto a toda pastilla»

Valentín Murúa, en el paseo de la playa de Poniente. / JOSÉ SIMAL
Valentín Murúa, en el paseo de la playa de Poniente. / JOSÉ SIMAL

Valentín Murúa fue quien practicó los primeros cien trasplantes. «No había móviles. Teníamos que ir a buscar a los pacientes con la guardia civil»

L. FONSECA GIJÓN.

Eran años en los que «no había ni teléfonos móviles, ni tampoco buscas. Muchas veces recurríamos a la guardia civil para que nos ayudara a encontrar a pacientes a los que teníamos que trasplantar y que no éramos capaces de localizar en su casa». Valentín Murúa, urólogo, fue quien practicó el primer trasplante de riñón en Asturias y también los 99 siguientes hasta que luego lo dejó para dirigir el servicio de urología en Cabueñes. «Fueron tiempos sacrificados pero maravillosos. Ibas a Madrid a ver operaciones de trasplante y formarte, y volvías ese mismo día o al siguiente en coche para seguir aquí con la faena... y todo eso sin cobrar un duro más», relata. Años en los que se experimentaba en operaciones con perros y cerdos, y en los que el puro nervio «que ya de aquella era Chus Otero valía para convencer a la policía para que cerrara las calles de Avilés. Así, los órganos que venían de fuera y que viajaban en aviones militares Mystêre, llegaban desde el aeropuerto al hospital a toda pastilla».

Murúa recuerda que «había mucha colaboración y ganas de sacar todo eso adelante». El había llegado a Oviedo procedente de Zaragoza. Hizo la especialidad en la antigua Residencia Covadonga, en Oviedo, (fue el primer MIR de urología) y más tarde «me avisó Chus de una plaza y me vine». De aquel 22 de marzo de 1983 tiene muy presente en su memoria que «la familia y el paciente estaban muy agradecidos. De aquella, apenas se hablaba de los trasplantes».

Aislados durante días

Los pacientes que recibían un órgano «pasaban varios días aislados en su habitación sin que nadie, excepto su médico y el personal de enfermería pudiera establecer contacto con él», detalla el nefrólogo Ernesto Gómez, ya jubilado. «La mejora de la higiene general y el empleo de inmunosupresores menos agresivos, junto a una mayor experiencia de los equipos médicos, quirúrgicos y de enfermería, hizo estas precauciones innecesarias. En la actualidad van directamente a la planta de hospitalización», abunda este médico.

Tuvieron que pasar unos años más para que se constituyera la Organización Nacional de Trasplantes, con un jovencísimo Rafael Matesanz, momento en que el modelo español de donación de órganos comenzó a gestarse. Los cirujanos de la zona Norte, que englobaba a Asturias, Galicia, Cantabria, País Vasco, Navarra, Aragón y La Rioja, «solíamos reunirnos una vez al año para compartir experiencias y fijar criterios de colaboración».

También es de destacar la evolución del papel de las enfermeras, tal y como apunta Ana Fernández Viña, responsable de la consulta de enfermería de trasplantes renales del HUCA. Su labor resulta de vital importancia para el cumplimiento del tratamiento y para mejorar la calidad de vida de los enfermos.

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