Más de cien kilos de roca antártica para examinar

Parte del equipo Cronoantar. Augusto Pérez-Alberti, los asturianos Cristina García Hernández y Jesús Ruiz y Marc Oliva, con el traje especial que deben llevar cuando viajan en zodiac en la Antártida. / E. C.
Parte del equipo Cronoantar. Augusto Pérez-Alberti, los asturianos Cristina García Hernández y Jesús Ruiz y Marc Oliva, con el traje especial que deben llevar cuando viajan en zodiac en la Antártida. / E. C.

Tras 50 días en el Polo Sur, investigadores de la Universidad analizarán las muestras para ver el retroceso de los glaciares | «Ha sido una campaña muy provechosa», coinciden Cristina García y Jesús Ruiz, que participarán además en el primer estudio de un volcán submarino

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

A Jesús Ruiz y Cristina García, profesor e investigadora del Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo respectivamente, el mes y medio largo que han pasado en la Antártida les ha dado para mucho. Para vivir por primera vez experiencias «inolvidables» que García, para quien ésta era su primera campaña en el Polo Sur, ya sueña con poder repetir el próximo año. También para ser de los primeros en pisar la nueva base española Juan Carlos I en la isla Livingston, «espectacular y muy cómoda a la hora de trabajar». Y para entablar colaboraciones con investigadores de otros proyectos o con el equipo del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), dependiente del Ministerio de Defensa. Trabajos que no tenían previstos, pero que abarcaron igualmente.

Porque lo que llevó a estos dos asturianos el pasado mes de enero a la Antártida -a Ruiz, por cuarta vez- fue el proyecto Cronoantar, que se centra en estudiar el retroceso de los glaciares «a escala de milenios» en el norte de la península antártica. «Aunque en estos últimos años ha habido un enfriamiento y la situación se ha revertido ligeramente, entre 1950 y 2000 esa parte de la Antártida ha sido una de las zonas de la Tierra con mayor calentamiento. Lo que nosotros tratamos de ver es si esas tasas tan altas que se han registrado en las últimas décadas se han dado en el pasado o no», resume Jesús Ruiz, coordinador del proyecto Cronoantar.

Para ello, será fundamental el estudio de las muestras de suelo y roca que fueron recogiendo en las cerca de 50 intensas jornadas de trabajo que llevaron a cabo en una campaña que, coinciden, ha sido «muy provechosa». En total, calcula Ruiz, serán más de cien kilos de material que, por cuestiones logísticas y burocráticas, viajan hasta España después que ellos. En barco. Llegarán a finales de junio y darán para varios meses de estudio en distintos laboratorios de las universidades que están implicadas en este proyecto: además de la de Oviedo, otras tres españolas y una escocesa. A estas muestras les aplicarán un método de datación que se denomina isótopos cosmogénicos y que permite obtener información sobre «dónde estaba el glaciar en cada momento».

Sedimentos

También estudiarán el sedimento depositado en el cráter de un volcán submarino -ubicado en la isla Decepción- al que, por primera vez, pudo bajar un grupo de biólogos marinos. Éstos recogieron tanto muestras biológicas como de roca y ese sedimento que puede revelar la edad de formación o «cómo ha sido la variación del medio en que está el volcán». Con un carácter multidisciplinar, será el primer estudio de estas características que se lleve a cabo.

Con las muestras y datos de campo tomados, también tratarán de reconstruir la evolución temporal -en algunos casos a lo largo de cientos de años- de tres pingüineras de la isla Decepción, territorio que habitan principalmente pingüinos barbijo, una especie «que se cree pueda ser de las más afectadas por el cambio climático» debido a su menor adaptabilidad. A los que estudian a los pingüinos «les interesa mucho, porque saben mucho del animal, pero no saben nada de su pasado y la única manera de reconstruirlo es en la forma como vamos a hacerlo nosotros».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos