Un coche esperando y 130.000 euros repartidos en varias bolsas

Si los agentes hubiesen tardado dos minutos más, los delincuentes podrían haber huido del banco con su botín

L. R. / T. B. CANGAS DE ONÍS.

Apenas dos minutos. Es el tiempo que les faltó a los dos atracadores de Cangas de Onís para haber podido salir de la sucursal bancaria con su cuantioso botín. Todo estaba listo: el dinero distribuido en bolsas y el coche en el que pensaban emprender la huida, aguardándoles arrancado en el exterior de la oficina. Sin embargo, el temprano aviso de una testigo y la inmediata llegada de varios efectivos de Guardia Civil de Cangas de Onís y Arriondas dio al traste con el plan de Juan Carlos Sahagún Gobantes y José Manuel Sánchez Vidal.

Apenas unos minutos antes, a primera hora de la mañana y con la sucursal recién abierta, los asaltantes accedieron al interior de la misma, consiguieron que les abrieran las cajas y metieron en varias bolsas todo el dinero que pudieron encontrar. En total, el botín que se pretendían agenciar ascendía a cerca de 130.000 euros. Sin embargo, no llegaron a salir de la oficina con él, pues cuando se disponían a emprender la huida se percataron de la presencia, en el exterior del banco, de varios agentes armados. Decidieron entonces retroceder y dejar las bolsas llenas de billetes en el interior de la sucursal, probablemente maldiciendo su 'mala suerte'. Dos minutos más y lo habrían logrado.

A partir de ahí, lo ocurrido es de sobra conocido y está, incluso, documentado en varios vídeos tomados desde diferentes ángulos por vecinos y viandantes que se encontraban en el lugar. Sánchez Vidal salió primero, con las manos en alto. Sahagún Gobantes lo hizo después, con una pistola en cada mano y abriendo fuego contra los agentes sin dudar. Mientras el segundo seguía intercambiando balazos con las fuerzas de seguridad, el burgalés se tiró al suelo para esquivar los proyectiles y todavía permaneció así varios minutos después de que su compinche se hubiera atrincherado en el interior de la oficina. A continuación, y siguiendo las órdenes de los guardias civiles, Sánchez Vidal se arrastró unos metros hasta salir fuera del campo de visión de Sahagún Gobantes y fue detenido sin oponer mayor resistencia.

Pese a que el tiroteo ya había concluido, en la sucursal bancaria la pesadilla acababa de comenzar. Durante tres agonizantes horas, el atracador que finalmente se descerrajó un tiro en la cabeza retuvo a dos empleadas del banco y a un cliente. Aunque la situación fue tensa y los rehenes todavía no se han recuperado del susto, sí reconocieron a sus allegados que Sahagún «permaneció tranquilo todo el tiempo» y no les amenazó ni encañonó en ningún momento.

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