La Guardia Civil registra de nuevo la casa del crimen de Navia

Javier Ledo saliendo de su vivienda junto a los agentes. / D. S. F.

Agentes de Criminalística verifican si quedan huellas y rastros en la vivienda de Javier Ledo. El reo ha sido llevado al lugar desde la cárcel

DAVID S. FUENTE / R. MUÑIZ

El Javier Ledo fue mandado el lunes a prisión provisional como presunto autor de la muerte de la gijonesa Paz Fernández pero quedan pistas por resolver. Para dar con ellas, la Guardia Civil ha organizado hoy un nuevo registro en el que se cree fue el lugar del crimen: la casa que el sospechoso tiene en el centro de Navia. Pasadas las tres de la tarde varias patrullas han cortado el acceso al lugar. Los agentes llegan provistos de bolsas para retirar los elementos que puedan aparecer. Esta nueva batida cuenta con el apoyo de especialistas de Criminalística procedentes de Oviedo, técnicos que para su trabajo han de enfundarse en monos blancos protectores y utilizar guantes para no contaminar el lugar.

En el registro del viernes, que se prolongó todo el día, fueron estos profesionales los que, con la ayuda de perros adiestrados para detectar la presencia de rastros biológicos, dieron con marcas de sangre en la cocina, ubicada en la primera planta. Para ello apagaron las luces de las dependencias y utilizaron linternas de luz forense, una herramienta que proyecta longitudes de onda distintas para resaltar las señales de sangre, sudor, saliva o semen. El trabajo permitió descubrir señales de sangre en una fregona de la vivienda, que se presume podría ser de la víctima.

La pesquisa de hoy está llevando a los agentes hasta nuevos objetos que serán procesados en el laboratorio. Al menos una decena de bolsas han sido ya retiradas de la vivienda. La pesquisa se realiza en presencia del sospechoso, que ha sido trasladado hasta el lugar en furgón desde la prisión asturiana.

Arbón, Jarrio y Busmargalí

Por otro lado, por tercer día los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil regresaron ayer a la zona, centrando sus trabajos en el arroyo de la Pontiga, cuyo cauce desemboca en el embalse de Arbón, donde hace diez días un piragüista halló el cadáver de la gijonesa de 43 años. El operativo también rastreó en la zona del Hospital de Jarrio y el poblado de Busmargalí. El primero es el lugar donde apareció el vehículo de la víctima, un turismo que, según TPA, se sospecha fue utilizado por el agresor para llevar el cuerpo hasta el pantano. El pueblo es el último punto en el que se logró posicionar el teléfono móvil de la gijonesa antes de que la señal desapareciera.

Los agentes revisan así la ruta del crimen en busca de las últimas pruebas. Se intenta localizar el arma homicida, un objeto romo y contundente que utilizó Ledo para fracturar el cráneo de la víctima. También andan detrás del bolso de la gijonesa y otros efectos personales. Los tres escenarios fueron objeto de batidas anteriores, que terminaron infructuosamente y se dieron por terminadas. La aparición del cuerpo, el arresto de Javier Ledo, y la confesión que hizo ante los agentes de la Policía Judicial del puesto de Luarca mientras era asistido por su abogado, han convencido a los investigadores de que los lugares siguen ocultando las últimas pruebas.

La titular del juzgado de Luarca mantiene las diligencias bajo secreto de sumario a la espera de atar los últimos cabos. Los resultados definitivos de la autopsia no se conocerán por ejemplo hasta que el laboratorio del Instituto Nacional de Toxicología emita las conclusiones de las pruebas biológicas enviadas por los médicos forenses que practicaron el examen al cadáver en el Instituto de Medicina Legal, en Oviedo.

La investigación avanza mientras Javier Ledo se habitúa a la que, todo indica, será su nueva vida por largo tiempo. Ayer por la mañana seguía en el módulo de Ingresos de la prisión asturiana, pabellón en el que por la tarde fueron internados cinco de los ladrones que el domingo fueron pillados haciendo un butrón en una joyería de Gijón. A todos se los despierta a las ocho, el desayuno lo reciben en la propia celda y hasta la una de la tarde pueden tomar café, comprar tabaco o charlar en el patio. La comida es de nuevo en la celda, con opción de patio de cuatro y media a siete de la tarde, cuando vuelven a cenar en su habitación.

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