El Comercio

Los fieles pasan un pañuelo por las imágenes de los santos como muestra de devoción.
Los fieles pasan un pañuelo por las imágenes de los santos como muestra de devoción. / FOTOS: LUIS SEVILLA

Devoción sin límite hacia los Mártires de Valdecuna

  • La impaciencia de los fieles por pasar el pañuelo a los santos llevó al cura a recordar que todavía hoy se puede cumplir con la tradición

Un año más, siguiendo el guion de la costumbre y de la célebre canción de Víctor Manuel, mozas y mozos fueron subiendo desde primeras horas de la mañana a la ermita de san Cosme y san Damián para festejar la tradicional romería de los Mártires de Valdecuna. Los más fieles a la letra, pasando Cuna, Cenera y encaminándose por la pendiente caleya que conduce entre avellanos y castaños al santuario; el resto, siguiendo la carretera asfaltada hasta Ensierto desde el fondo del valle.

En el templo la primera misa se había cantado a las siete de la mañana y hasta el mediodía, con el comienzo de la solemne misa mayor, los fieles habían tenido ocasión de rezar a los dos santos, en servicios religiosos celebrados cada media hora. La proximidad de la ceremonia patronal vino anunciada por las gaitas y percusiones de la Banda El Gumial, del vecino concejo de Aller, acompañada por los integrantes del grupo de baile Prau Llerón, de Mieres. Delante del cortejo y siguiéndolo, grupos dispersos de todas las edades afrontaban los últimos repechos del camino con los ánimos elevados por el buen semblante de un día que había amanecido orbayando y que una vez avanzada la mañana ya prometía una jornada despejada y de temperatura casi veraniega.

A la hora del inicio de la misa mayor decenas de peregrinos cumplían con el rito de pasar sus pañuelos por las imágenes de Cosme y Damián, esperanzados un año más en que estos patrones de médicos, cirujanos y farmacéuticos (antiguamente también de barberos, sangradores y componedores de huesos) les guardasen la salud o la de sus seres queridos enfermos. Tal era la impaciencia de los romeros por acercarse a los santos que el propio sacerdote encargado de oficiar la ceremonia se vio impelido a recordarles que: «Ellos (por los mártires) no se van a mover de aquí, pueden pasar los pañuelos también hoy durante la tarde y mañana (por hoy) todo el día».

En la antojana lateral de la iglesia se iban encendiendo las llamas de las velas ofrecidas a san Cosme y san Damián, mientras en una ventana de la sacristía se vendían exvotos de cera, dos tradiciones a las que siguen fieles quienes acuden cada 27 de septiembre a venerar a los Mártires de Valdecuna.

Finalmente sonaron las campanas para anunciar la salida de las imágenes en procesión alrededor del templo, portadas por cuatro mujeres y seguidas por los mozos que llevaban el ramu con los panes destinados a subastarse al mejor postor una vez retornadas al santuario las figuras de los santos.

Subasta del ramu

En la puya, los efectos de la crisis y tal vez la circunstancia de celebrarse la fiesta a últimos de mes, las apuestas no fueron muy elevadas: el precio de salida, quince euros, solo alcanzó la cifra de 35 en los dos primeros panes subastados, los demás se rifaron por 30, 25 o 20 euros. A cada uno de los puyadores que se llevaba un pan, el rifador se lo agradecía como es costumbre con un «gracias y que tengan buen provecho».

Las gaitas habían abandonado los aires solemnes de la marcha procesional para llamar a disfrutar de la gira en los praos situados sobre el santuario. En una explanada de Ensierto, una gran carpa, aguardaba la verbena de la tarde y hasta altas horas de la noche, amenizada por las Orquesta Principado Siglo XXI y el Grupo Tekila, con sesión final de baile a cargo de DJ Nacho Otero, de Disco Astur.

En praos alejados del epicentro de la fiesta -y de sus padres- los más jóvenes celebraban su particular romería, la mayoría ataviados con camisetas llenas de mensajes que unos a otros se escribían y que algunos habían extendido hasta su propia piel.

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