El Comercio

Pasado minero y futuro turístico

  • Un informe avala que la recuperación del trazado entre La Pereda y La Foz es «viable y sostenible»

  • Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril de Asturias, avanza en el proyecto de volver a dar vida a estos ocho kilómetros del valle de Frechura

«El pasado es nuestro futuro y nuestro presente será el pasado que tendremos que conservar para futuras generaciones». Son palabras del mierense Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril de Asturias (ubicado en Gijón) desde 1992, y autor de un estudio preliminar sobre la propuesta de la asociación de Los Averinos de Loredo para recuperar el recorrido ferroviario entre La Pereda y La Foz de Morcín. En total, ocho kilómetros llenos de historia, los que separan ambas localidades, por los que podrían circular trenes que, en lugar de ir cargados de carbón de Minas de Riosa –posteriormente Monsacro– en dirección al lavadero, lo harían con visitantes.

Javier Fernández lo tiene muy claro: «Es un proyecto viable y sostenible, con un alto valor educativo, patrimonial y cultural, que representa nuestra propia identidad». El director del Museo del Ferrocarril destaca que «esta obra de cantería catedralicia realizada en 1921 es una de las más interesantes de Europa, puesto que es la última realizada en piedra en España». Para Fernández, todo son elementos que justifican la recuperación.

Una recuperación que devolvería a estos concejos parte de su pasado minero, convirtiendo en tren turístico lo que antes sirvió para transportar carbón. Algo que, en realidad, no es nuevo, puesto que ya en los años 60 –el tren dejó de funcionar en 1969– ingleses, alemanes y franceses, según relata Fernández, iban al valle de Frechura a hacer «safaris ferroviarios». Pero para que los turistas puedan volver a maravillarse con el paisaje del valle de Frechura o estremecerse al pasar por los once túneles que se distribuyen a lo largo de los casi ocho kilómetros que separan ambas localidades, aún queda mucho trabajo por hacer. Yla idea es hacerlo poco a poco.

Por fases

El estudio que ha realizado Fernández plantea «recuperar de forma operativa distintos tramos de este ferrocarril, comenzando por construir una cabecera en la raquera de los antiguos cargaderos de La Pereda, en la que se construiría una nave para guardar los aperos y que el personal pueda cambiarse», adelanta. «Este tipo de proyectos empiezan con un trocito de vía y se van ampliando». Así, una primera fase iría desde La Pereda hasta Loredo, donde el aula del ferrocarril se convertiría en estación.

Esa primera fase sumaría un total de dos kilómetros, a los que se añadirían dos más hasta el valle de Frechura en una hipotética segunda fase, que el experto define como «la más espectacular». El recorrido pasaría por Funtixilán (Fuente la Xana) y La Vega San Pedro –último pueblo del concejo de Mieres– a través de los distintos túneles, hasta desembocar en el mirador natural del valle. Este trazado «no supone ninguna dificultad técnica, ya que no hay que sortear ninguna propiedad privada», pero a partir de ahí se ve bloqueado por la cantera de Peñamiel, que corta el paso en el túnel número cinco. Algo que, a juicio de Fernández, «no paraliza en nada la ejecución del proyecto, puesto que solo hasta el túnel tendríamos cuatro kilómetros. Más que suficiente», adelanta.

Aún así, y «por si el viaje no fuera ya suficientemente atractivo», en este punto podrían realizarse actividades complementarias. En el caso de poder llegar al otro lado del túnel, la visita se podría completar con otro tipo de atractivos turísticos, tanto en Riosa como en Morcín.

El planteamiento está claro pero, llegados a este punto, surgen dos preguntas: ¿Quién se va a hacer cargo de la obra? ¿Qué material se va a utilizar? La segunda tiene para Fernández una respuesta fácil: «Con las locomotoras de las que disponemos ahora mismo este recorrido sería uno de los cuatro parques ferroviarios más importantes del mundo». Fernández, como responsable del museo gijonés, se ha comprometido a colaborar en todo lo referente a la maquinaria y la vía, que podría adquirirse de segunda mano.

De Mieres a Gran Bretaña

«Tenemos patrimonio suficiente para realizar una reconstrucción completa del entorno histórico, incluidas las farolas. De hecho, estamos exportando material. Algunas de las locomotoras históricas que están funcionando en Alemania y Gran Bretaña son asturianas. Más concretamente, de Mieres», revela. Los trenes de vapor se compaginarían con otros diesel, mucho más económicos. Porque el objetivo primordial de este proyecto es conseguir «la máxima rentabilidad social con la mínima inversión», señala Fernández. Su plan contempla que el ferrocarril no funcione todos los días, por lo que, además, sería compatible con el uso peatonal de la senda verde.

Precisamente por este carácter de rentabilidad social, que permitirá conservar el patrimonio y activar las zonas rurales –como ya sucedió en La Nueva con el tren del Ecomuseo minero de Samuño–, Fernández aclara que «no se trata de un proyecto al uso, con un presupuesto y unos plazos. Los proyectos patrimoniales como este tienen que cimentarse sobre la sostenibilidad y la viabilidad. No está sujeto a la temporalidad, ya que su objetivo es perdurar en el tiempo, ni tampoco hay una empresa que se ocupe de la construcción de las infraestructuras. El personal estará formado por voluntarios que, motivados por el propio proyecto, decidan colaborar y pasárselo bien realizando algo que será de utilidad para la sociedad. No solo se necesitará mano de obra, también ingenieros y profesionales del sector», explica. De hecho, asegura que en Europa esta es la forma habitual de trabajar. «Ser voluntario no es ser poco profesional. Solo hay que establecer unos criterios serios y ponerse a trabajar», aclara. Y pone un ejemplo cercano, el museo que él gestiona, donde colaboran varios voluntarios.

Y si bien por el momento no existen plazos, Javier Fernández asegura que las obras estarán sujetas a un calendario elaborado por el propio personal, cuya seguridad estará regulada a través de la Normativa Técnica de Seguridad de Ferrocarriles Históricos, que «es una trasposición del derecho francés europeo en la que se contempla de forma muy detallada todos los pormenores para garantizar la máxima seguridad», indica Fernández, que también es miembro de la Agrupación de los Ferrocarriles Históricos Españoles (AFCHE).

Otros intentos

Y si bien es cierto que no es la primera vez que se intenta hacer algo parecido en el concejo, esta vez parece que las cosas están tomando otro rumbo. «Durante muchos años estuvimos peleando para dotar a Mieres de un tren histórico, para que la pérdida industrial y siderúrgica fuera un poco menos dolorosa. Quisimos hacer un museo del ferrocarril en La Cuadriella de Turón con un tren que circulase hasta Bustiello, hoy en fase de ser declarado BIC. Ahora hubiera venido muy bien el tren y en aquel momento, todavía estaban puestas las vías pero no se pudo hacer», lamenta. Desde entonces, Javier Fernández nunca perdió la esperanza de dotar a su villa de un tren turístico y tiene energías renovadas ante este nuevo proyecto que define como «ilusionante».

Una ilusión compartida con asociaciones como Los Averinos de Loredo y La Probe de Morcín, pero también con los Amigos del Museo del Ferrocarril y el ayuntamiento de Mieres, que actualmente está restaurando una vagoneta como acto simbólico de apoyo; además de los de Riosa y Morcín, cuyos representantes mostraron su aprobación durante la presentación del estudio en la casa de cultura. Animados con el proyecto, preguntaron: «¿Cuándo empezamos?».