El Comercio

La larga lucha de los economatos

Clientes en el economato de Mieres.

Clientes en el economato de Mieres. / Juan Carlos Román

  • El acuerdo entre Hunosa y los sindicatos garantiza la apertura hasta 2020 y la subrogación de los trabajadores si se encuentra un comprador

  • Los empleados están satisfechos porque se les «garantiza el empleo» y los usuarios confían en que sigan abiertos. «Sería una gran pérdida»

Cada pueblo tenía uno. Llegó a haber más de 30. Entonces, sus clientes presentaban la obligatoria credencial y elegían si pagaban la compra en el momento o preferían que se les descontara del sueldo del mes siguiente. Pero todo ha cambiado, y mucho, en los economatos de Hunosa. Las sedes se centralizaron. Quedan menos de la mitad. Y aquella forma de pago característica del proteccionismo empresarial quedó atrás.

José Luis Augusto recuerda aquellos tiempos. Conoció los economatos de Boo y Riosa y trabajó durante muchos años en la sección de textil del de Mieres, como empleado de Hunosa. Fue uno de los últimos, de hecho, ya que con el tiempo los trabajadores pasaron a depender de contratas externas. Con el declive de la minería, la amenaza de cierre cayó sobre estos supermercados. El destino de la industria del carbón y el de los economatos van tan ligados que su final está prácticamente firmado para finales del año 2018. Salvo en un caso: que se privatice la actividad mediante una licitación. De ser así, el servicio se mantendrá, como mínimo, hasta 2020.

Este el acuerdo al que han llegado los sindicatos mineros y la dirección de la compañía, bajo la supervisión de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), accionista mayoritario de Hunosa, después de varios meses de negociación. Un acuerdo que aún tiene que ser ratificado por el comité de empresa.

«Es algo muy positivo. Sobre todo si tenemos en cuenta que en 2013 la intención de la empresa era de proceder a la disolución sin buscar un licitador, lo que ponía en riesgo casi 100 puestos de trabajo. Ahora solo se van a disolver cuando haya un adjudicatario que cumpla con el 100% de lo recogido en los pliegos de las bases, en las que se garantiza la subrogación de los trabajadores de Lacera (subcontratados) y el mantenimiento del trabajo de los empleados de Fusba. En un primer momento, además, se hablaba de mantener solo el 70% de la superficie y ahora ya es el 75%. Un total de 14.000 metros cuadrados», señala Rubén García, secretario general de CC OO en Hunosa.

Así pues, de los 14 economatos que hay abiertos, solo 12 formarían parte de este acuerdo. Y serían: Mieres, Ujo, Turón, Moreda, La Foz de Morcín, Sama, Ciaño, El Entrego, Sotrondio, Barredos y Pola de Siero. Quedarían al margen del acuerdo los supermercados de Bimenes y Pola de Lena, cuya gestión ya es privada.

«Proyecto de reactivación»

«Se trata de un acuerdo razonable enmarcado dentro del plan 2013-2018. El empleo era algo irrenunciable. De ninguna manera hubiéramos permitido una salida o cierre traumático para los trabajadores de los economatos. Con este acuerdo no solo continúa la actividad de los economatos, sino que Hunosa mantiene su vinculación a través de la empresa Sadim, con inversiones a la nueva empresa para crear proyectos de reactivación. Así que no se trata de una venta, sino de un proyecto de reactivación de las cuencas mineras que, si todo va bien, puede generar más empleo», indica el secretario de Organización del SOMA-Fitag-UGT, José Luis Fernández Roces.

Ambos sindicatos ya han empezado a reunirse con los trabajadores del sector, «que tienen muchas dudas», y creen que el acuerdo negociado les ha dado tranquilidad después de tantos meses de incertidumbre. «Sabemos que pueden variar los horarios, pero en principio el trabajo está garantizado. Estamos muy contentos después de todo el jaleo», admite Esther Cepeda, trabajadora del economato de Barredos. Una felicidad que también comparten en Moreda.

«Ojalá salga adelante, porque se garantiza nuestro empleo y eso era lo que más nos preocupaba. Queremos trabajar y que alguien se haga cargo de esto para que haya una continuidad. Los economatos son algo muy nuestro y sería una pena que tuvieran que cerrar», dice Marian Iglesias, que trabaja en Moreda desde 2004 y es presidenta del comité de empresa por Comisiones Obreras en Lacera. Para ella, los rumores de cierre no son una novedad. «Desde que empecé a trabajar aquí se habla de ello, pero desde la huelga de 2012 en solidaridad con los mineros los problemas aumentaron y la mercancía empezó a escasear», recuerda esta representante sindical.

Clientes de una vida

De esas carencias también se hacen eco clientes como Mari Paz González. Sigue comprando en el supermercado, pero admite que «no hay ni el 50% de productos que había antes en la planta de arriba, donde está el textil. Siempre hubo muy buena calidad», recuerda esta vecina de El Entrego que llegó a adquirir incluso algún electrodoméstico en la superficie. «Toda la vida he comprado aquí. Recuerdo perfectamente cuando venía con mi abuela. De hecho, aún conservo la credencial», dice.

Tampoco falla a su cita semanal con el economato desde hace casi 40 años María Jesús Torre. «Antes había más ropa y mucho de todo, pero las asiduas como yo seguiremos viniendo hasta el último momento, porque hay productos a muy buenos precios», dice esta entreguina a la puerta del establecimiento.

José Antonio del Bosque sale del economato de Sama con una caja de zapatos bajo del brazo. «Llevamos toda la vida comprando aquí y cada vez hay menos cosas, pero todavía sigo encontrando calzado. Si llega a cerrar lo vamos a notar mucho, porque los precios en algunos productos son mucho más bajos», asegura este vecino de Riaño. El precio es lo que hace que Bárbara Cepeda, María Isabel Bezanes y Fuensanta Tornero acudan una vez al mes a hacer la compra al economato de Mieres. «Merece la pena», aseguran.

Por su parte, en Turón, Inmaculada Fernández divide la compra diaria entre el economato de Hunosa y la otra tienda del pueblo. «Hay muy poco textil y casi nada de material escolar, pero si llegase el momento de cerrar sería una pérdida muy grande para Turón porque nos quedamos sin nada», lamenta esta joven natural de Santa Cruz que recuerda perfectamente cuando, de pequeña, iba a comprar al economato –ya desaparecido– porque su padre era minero. Ahora es ella la que hace lo propio acompañada de sus hijos, Sala y Cheikh.