El Comercio

Trayectorias de premio

Trayectorias de premio
  • Carlos López Otín, la agrupación Reija, Juan Mari González y Emma Susacasa, distinguidos con los galardones Marino Gutiérrez Suárez

La Fundación Marino Gutiérrez Suárez, presidida por Sagrario Fernández Ariznavarreta, premia cada año desde 1998 a sociedades, entidades y personalidades que se hayan destacado de modo notable a lo largo de su trayectoria vital, o bien con motivo de un hecho excepcional. En un modo o en el otro, orientado a la promoción, progreso y difusión de la Comarca del Alto Nalón, así como a la mejora y calidad de vida de sus habitantes en cualquiera de sus múltiples facetas culturales, empresariales, benéficas o asistenciales.

Los nombres de los galardonados de esta decimonovena edición se hicieron públicos la semana pasada, recayendo el premio especial de la Fundación en el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular del departamento de Bioquímica de la Universidad de Oviedo, Carlos López Otín. El galardón Verdes valles mineros asturianos es para la Agrupación d’Etnografia y Folclor Reija de Llangréu. El premio Creación, promoción y desarrollo se lo lleva Juan Mari González, fundador del grupo Asebal y el reconocimiento a los Valores humanos y bienestar social va destinado a la langreana Emma Susacasa Casal. Los cuatro galardonados recogerán sus premios el 24 de febrero del año próximo en la ya tradicional gala que la Fundación celebra en el Nuevo Teatro de La Felguera.

El reconocimiento, uno más a sumar a su trayectoria, le ha llegado por sorpresa a López Otín. Recibió la noticia en la Universidad de Oviedo, donde desarrolla su trabajo de investigación y de docente. Su nombre fue elegido por unanimidad por los miembros del jurado, quienes destacaron que «de su laboratorio se han abierto las puertas a impotentes vías de investigación para patologías como el cáncer, la artritis y para una decena de enfermedades hereditarias», tal y como recoge el fallo.

«Fue una gran sorpresa porque no sabía nada al respecto», asegura este catedrático natural de Sabiñánigo (Huesca) pero asturiano de adopción, que lleva más de cuarenta años dedicado a la ciencia «de manera intensa y continua» y que coordina un importante grupo de trabajo en la universidad. Por eso él lo tiene claro: «A pesar de que el premio se da en singular, iré a recogerlo en plural, porque es así cómo se desarrolla nuestra investigación», indica el responsable de la secuenciación del genoma del chimpancé, uno de los motivos por los que pasará a formar parte de la historia científica.

Además, Otín ha presidido la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer y ha promovido la creación del Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias. A lo largo de su carrera científica, ha recibido diversos galardones y distinciones. Y, por si fuera poco, compagina la investigación con la docencia. Ha impartido clase a 29 cursos de bioquímica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo y, como él mismo dice, nunca se ha perdido una lección. Algo nada sencillo teniendo en cuenta los frecuentes requerimientos de conferencias en el extranjero. «El aeropuerto de Ranón es mi segunda casa», bromea.

Quien también viaja bastante por motivos de trabajo es el empresario bilbaíno Juan Mari González Uriarte, acreedor del premio a la Creación, promoción y desarrollo. Precisamente estaba en México cuando se enteró de la noticia, por lo que ha sido el director de compras de Asebal, Javier Elorrieta, quien ha transmitido las emociones de González, a quien define como una persona muy discreta. «Ha sido una sorpresa porque no sabía nada. Han sido los trabajadores quienes le han presentado al galardón. Y para él son precisamente ellos quienes se merecen el premio, porque gracias a ellos todas las empresas han conseguido llegar hasta aquí», indica Elorrieta.

Una candidatura que el jurado, presidido por Pablo Junceda, valoró positivamente por su «compromiso con la cuenca del Nalón, arriesgando su capital fuera del País Vasco, por su creatividad e innovación en diversos sectores industriales y por su compromiso con el medio ambiente». Y es que González fundó Asebal (Auxiliar de Señalizaciones y Balizamientos) en los años 90 y hoy es un grupo empresarial conocido en todo el mundo, del que forman parte Apersa (Auxiliar de Perfiles Perforados Metálicos S.A.), con sede en Langreo, CCS en Valnalón y Galvazinc en el polígono de La Florida de San Martín del Rey Aurelio.

Solidaridad y tradición

Y si fueron los empleados de González Urierta los que presentaron su candidatura, en el caso de Emma Susacasa Casal, ganadora del premio Valores humanos y bienestar social, fueron los miembros de la asociación de vecinos La Concepción de Barros, donde Susacasa Casal desarrolla su actividad altruista. El jurado, presidido en este caso por Adolfo Barthe, destacó «su labor generosa, anónima y desinteresada hacia las personas con menos recursos, en situaciones de indefensión económica, física y moral, no solo a nivel local, sino ante situaciones de alcance internacional, allí donde se necesita», reza el fallo.

Su compromiso con la sociedad y su carácter discreto hacen que sea reacia a hablar. Está muy agradecida por el premio, pero no quiere protagonismo. «Fue una sorpresa muy grande. Puedo decirte que estoy muy nerviosa porque no pensaba en ello y nunca pretendí que nada de esto ocurriera. El trabajo que hacemos aquí lo hemos hecho siempre en silencio y muy poco a poco. Hay mucha gente que lo merece igual o más que yo», dice con humildad.

Actualmente, su trabajo consiste en enviar ropa y calzado a África, pero también viste y calza a todo aquel que lo necesite y se pase por Barros. Susacasa se siente afortunada de poder contar con gente que la ayuda, entre ellas amigas, vecinas y parientes como su hermana y su sobrina. «Los sábados podemos llegar a ser ocho mujeres ordenando la ropa y metiéndola en paquetes. También hay hombres, que son los que se encargan de cargar los vehículos para el transporte», explica.

Su fama es conocida en toda la cuenca y son muchas las personas que quieren colaborar. «Muchos llaman para que vayamos a recoger ropa a sus casas y luego, depende de la talla que lleve cada uno, pues les damos unas cosas u otras». «También recogemos carritos de bebés y cosas de niños, para mujeres embarazas. Si no tenemos ninguna por aquí lo enviamos a un centro de Gijón en el que hay chicas en estado o con bebés que tienen problemas», explica.

Y la labor que a los demás parece tan extraordinaria a ella le parece algo normal. «Tenía familia en Cuba y, por problemas personales, hubo un momento en el que necesité encontrar alicientes y decidí ponerme a hacer algo positivo. Nada más», dice esta langreana que empezó almacenando la ropa en su sótano, antes de que el cura don Manuel les cediera el bajo de la iglesia,

Y de Barros directamente a La Felguera, donde tiene la sede el galardonado más numeroso de esta edición, la Agrupación d’Etnografía y Folclor Reija de Llangréu, presidida por Fernando Fanjul y compuesta por 30 personas, que se ha llevado el premio Verdes valles mineros de Asturias. Un reconocimiento destinado a personas, entidades o colectivos que, entre otras cosas, hayan favorecido la recuperación y protección del patrimonio inmaterial, los oficios tradicionales y artesanales. Una descripción que encaja a la perfección con la actividad de esta agrupación con más de 61 años de trayectoria. Sin duda, una de las más longevas de Asturias. Dato que hizo que el jurado, presidido por Luis Miguel Rebustiello, valorara positivamente esta candidatura presentada por Rosa Roces.

Defender las costumbres

«No nos lo esperábamos para nada y estamos muy contentos. Creemos que es un reconocimiento a un trabajo que llevamos haciendo durante muchos años, que demuestra que hay interés y ganas porque se siga llevando a cabo», indica Fanjul agradecido.

El director, que lleva 37 años formando parte del grupo, asegura que «todavía queda mucho trabajo por hacer, porque durante mucho tiempo el folclore se entendió de otra manera y por eso hay que seguir trabajando, para que las costumbres de verdad no se pierdan».

Unas ganas y una ilusión compartidas dentro y fuera de España, puesto que la agrupación realiza, cuando pueden, viajes con fines culturales. «Es una satisfacción muy grande cuando vas a otros sitios y a la gente le gusta lo que haces», dice el director, que además fue uno de los primeros alumnos de la Escuela de Música Tradicional del Grupo, que comenzó a funcionar hace 20 años y en la que todo aquel que tenga curiosidad por aproximarse un poco más a la cultura asturiana es bienvenido.