Acepta cinco años de prisión por intentar matar a su expareja en Mieres

La víctima, a la izquierda, conversa con su acompañante y su abogada a la puerta de la Audiencia, en Oviedo. /  ÁLEX PIÑA
La víctima, a la izquierda, conversa con su acompañante y su abogada a la puerta de la Audiencia, en Oviedo. / ÁLEX PIÑA

La víctima se muestra «satisfecha» con la condena acordada con la defensa, aunque inicialmente pedían una pena de doce años

ALEJANDRO FUENTE OVIEDO / MIERES.

La vista, celebrada ayer en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Asturias, con sede en Oviedo, apenas duró unos pocos minutos. El hombre, de 72 años, acusado de intentar acuchillar -en diciembre de 2016- a su expareja por romper la relación sentimental que mantenían en Mieres, accedió a la sala esposado. Pasaban las diez y media de la mañana. Minutos antes, el abogado que ejerce lsu defensa, José Luis Fernández Martínez, adelantó que se había llegado a un acuerdo con la acusación particular y con la Fiscalía. En el interior de la sala de vistas, el presidente del tribunal le preguntó si aceptaba el acuerdo. El acusado se limitó a decir que «sí». Es por ello, que aceptó un cargo de homicidio en grado de tentativa penado con cinco años de prisión, de los que ya lleva cumplidos un año y un mes en régimen preventivo. La calificación inicial de las acusaciones -Fiscalía y la particular- le reclamaban doce años por asesinato en grado de tentativa. La víctima -quien responde a las inicial A. B.- se mostró, en boca de su letrada, Margarita Díez Iglesias, «satisfecha» con la condena impuesta.

El tribunal también estimó la circunstancia atenuante de reparación del daño a la víctima por abonar, antes de la celebración del juicio, la indemnización por daños morales que ascendía a poco más de 12.000 euros. La condena incluye también la inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena y la prohibición de aproximarse a menos de 500 metros de la víctima durante un periodo superior a ocho años al de la pena de prisión impuesta en sentencia, a su domicilio, lugar de trabajo o cualquier lugar donde se encuentre. Y es que no puede comunicarse con ella por cualquier medio durante este periodo de tiempo. El acusado tendrá que cumplir una medida de libertad vigilada durante ocho años con la obligación de estar siempre localizable mediante aparatos electrónicos. Además, dado que la agredida ya no vive en Mieres, se levantó la prohibición de residir en el municipio. «Tras el suceso, ella fue a un centro de acogida y ahora mantiene en el anonimato su lugar de residencia», explicó su representante legal.

Malestar en la sala

La víctima estuvo acompañada con una mujer y su abogada antes de la vista. La sala de la sección tercera carece de acceso directo a la zona de los calabozos, por lo que el acusado tuvo que cruzar los pasillos público, escoltado por dos agentes de la Policía Nacional. Esta situación generó las protestas de quien cuidaba de la denunciantes. «Tres veces se ha tenido que cruzar con él, tres veces», se quejó.

La relación acusado y víctima fue tormentosa. Tal y como ha quedado probado, el procesado, nacido en 1945, mantuvo un noviazgo, sin convivencia, durante un año y cuatro meses, con A. B., de 1975. Y fue ella la que puso fin a la relación. «No era amor, era sometimiento», ya que él «se imponía y la controlaba, dada la considerable diferencia de edad entre ambos, más de 30 años, y el carácter violento, celoso y posesivo que mostraba, hasta el punto de considerarla un objeto de su propiedad», según se desprende del escrito de la Fiscalía, donde se destacó que «le llegó a decir, en más de una ocasión, que no la mataba porque la quería, pero que si le fallaba en algo la mataría».

Durante la relación, la víctima soportó varias agresiones que no se atrevió a denunciar. No obstante, la última vez que la golpeó sí tomó la decisión de romper definitivamente con el procesado, ruptura que éste - en modo alguno- aceptó y consideró una traición. Así, provisto de un cuchillo de 15 centímetros de longitud que llevaba oculto en una bolsa y, sabiendo que ella había ido a una peluquería de la calle La Vega, en pleno centro de Mieres, sobre las 19.15 horas del 16 de diciembre de 2016, se apostó en la entrada, pegado a la pared. Cuando salió, se abalanzó sobre ella, empujándola. Ésta, alarmada al verlo, entró de nuevo en la peluquería para refugiarse.

El procesado la siguió y trató de calmarla, diciéndole que estaba muy guapa, que no se asustara, que saliera con él, por lo que viendo que se comportaba normalmente, la víctima se relajó, mostrando una actitud confiada y se acercó a él. Fue entonces cuando sacó del interior de la chaqueta el cuchillo que llevaba escondido y lo dirigió hacia el abdomen con la intención de clavárselo, si bien ésta reaccionó instintivamente y consiguió repeler el ataque sujetando el arma con la mano izquierda, hasta que el procesado la tiró al suelo. Varias personas lograron separarlos.

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