El infierno de vivir en una cochera en Mieres

A escasos metros del centro de Mieres viven Soledad Gabarri y sus tres hijos. /J. C. ROMÁN
A escasos metros del centro de Mieres viven Soledad Gabarri y sus tres hijos. / J. C. ROMÁN

Una madre y sus tres hijos conviven con ratas de gran tamaño desde hace una década. La familia pide al Ayuntamiento una vivienda con agua y luz para poder seguir juntos.

MARTA VARELA MIERES.

La vida no ha sido sencilla para Soledad Gabarri, viuda y con nueve hijos a los que tuvo que sacar adelante. En la actualidad se enfrenta a sus momentos más duros y no tiene fuerzas para afrontarlos. Desde hace años vive en la calle, junto a tres de sus hijos. Su único sustento es el que obtiene de la caridad de sus vecinos y de muchos mierenses. Gabarre está aquejada de una grave enfermedad cardiaca que a menudo le lleva al hospital. Su forma de vida no ayuda a su recuperación.

Esta mierense de apenas 60 años, vive en los restos de una cochera calcinada en uno de los laterales del campo de fútbol del Caudal, cerca del río. Además de sus tres hijos la acompañan una creciente comunidad de ratas de gran tamaño que pasean tanto por el exterior como por el interior del pequeño cubículo donde duermen, sin puerta con un viejo recipiente donde prenden fuego para atajar el frío en invierno.

Su ilusión es sencilla. «Sólo pido que me puedan dar una casa para vivir con mis hijos, me gustaría tener agua corriente y luz», explicaba Soledad Gabarri. Pero inmediatamente puntualizaba «pero sólo me iré de aquí, con ellos, con mis hijos, quieren que vaya a una residencia pero sola no iré a ningún sitio». Su enfermedad, le permite que pueda ser atendida en un centro pero no está dispuesta a destruir lo que queda de su familia. «Los míos son los primero» asevera.

Gabarri estaba acompañada ayer por uno de sus descendientes, los otros se encontraban por la localidad en busca de sustento. Juan Montoya explicaba que «no tenemos ninguna paga, ni ayudas me gustaría poder trabajar o ayudar en algo para que la vida de mi madre fuese un poco más cómoda, pero nadie nos da una oportunidad». Esta situación no es nueva, esta familia no recuerda cuanto llevan en esta situación pero reconocen que «puede hacer más de diez años que estamos en esta cochera, no tenía puerta y entramos en ella. Intentamos arreglarla un poco, sin hacer daño a a nadie». Sólo tiene palabras de reconocimiento para sus vecinos, esos que viven en los pisos a apenas 25 metros, «nos ayudan en lo que pueden, nosotros intentamos no molestar mucho».

les recrimina a los políticos que «no nos traten como seres humanos, parece que ayudan a todos menos a nosotros, es como sino existiésemos y estamos aquí», apostilla Gabarri, con la voz quebrada y la mirada fijada en el suelo. Su hijo Juan la mira atento y baja la mirada. «No sabemos que hacer, ni a donde acudir ya hablamos con todos y no conseguimos nada», confirma el joven.

Vivir, sin casi nada

Soledad Gabarri está cansada de vivir en la miseria, sin casi nada. «Dormimos sobre tablas, con mantas viejas y por el invierno hacemos fuego en un viejo bidón pero el humo entra dentro de la cochera y respiramos mal» explica.

Pero en los últimos meses, su mayor preocupación es la presencia de un gran número de ratas que campan a sus anchas tanto en la zona exterior donde cocinan y pasan parte del día, como en la vieja cochera donde duermen hacinados todos los miembros de esta familia. «Son bichos muy grandes y en ocasiones nos atacan y tenemos que dormir con un palo para que no nos molesten ni nos hagan nada» explica Gabarrri. Pero estas prevenciones de poco les sirven, ya que muestran algunas mordeduras de ratas.

Esta familia es consciente de que su forma de vivir «no es habitual en estos tiempos, no recuerdo como llegamos a esta situación pero si quiero salir de ella y sentirme como cualquier madre cuidando de mis hijos en una casa, barriendo y haciendo la comida» explica Gabarri.

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