Hunosa controlará los hundimientos del suelo causados por la minería

Inocencio Sarmiento, vecino de Boo, muestra una grita ocasionada, según denuncia, por la minería. / J. M. PARDO
Inocencio Sarmiento, vecino de Boo, muestra una grita ocasionada, según denuncia, por la minería. / J. M. PARDO

Vigilará las zonas de Carrio, Candín, María Luisa, Nicolasa, Santa Cruz y Boo, en Aller, donde los vecinos denuncian daños en sus viviendas

ALEJANDRO FUENTE MIERES / LANGREO.

Hunosa acaba de sacar a contratación la medición topográfica de distintos puntos para observar si la extracción minera ha ocasionado hundimiento de terrenos. Estas labores, que se contratarán por un importe de casi 50.000 euros, tendrán una duración de un año. Según las prescripciones fijadas por la hullera, se establecerán campañas de medición trimestral y semestral, dependiendo de la zona, en los puntos establecidos, que son seis en total.

Se trata de la zona de Ablaña, en Mieres, afectada por el Pozo Nicolasa, con cuatro mediciones al trimestre; Santa Cruz, con dos al semestre; Carrio, en Laviana, con cuatro mediciones cada tres meses; Candín, en Langreo, (con cuatro), el también langreano Pozo María Luisa (cuatro mediciones) y Boo, con tan solo dos controles a pesar de estar en foco por la aparición de grietas en viviendas de la población. De este modo, el trabajo contratado se centrará en la medición de los puntos ya establecidos por la hullera, en la realización de un informe de resultados, en el estudio de cada zona y ampliación si fuera necesario, y en la representación de planos a partir de un programa de cálculo de subsidencias y la posible evolución en el futuro. Las mediciones se realizarán con equipos de localización por satélite (sistema GPS). La zona de control que más punto suma es la de Carrio, con un total de 55 referencias para determinar los cambios en el terreno. Después está María Luisa con 51. Boo tiene 40, como Santa Cruz, y Nicolasa, 32.

En los juzgados

Estas mediciones servirán a la empresa pública para determinar la afección en los terrenos provocadas por la actividad minera en el subsuelo. Mención especial requiere el caso de Boo, donde los vecinos de la pequeña población de Aller -cerca de Moreda- llevan años litigando por los daños que, aseguran, sufren las edificaciones por culpa de los movimientos de tierras tras el abandono de la actividad minera.

El Ayuntamiento de Aller acaba de aprobar el presupuesto municipal. En la cuenta se incluye una partida económica -de 60.000 euros- para redactar un informe técnico independiente con el que la asociación vecinal quiere llevar, de nuevo, a la hullera pública a los tribunales, al entender que esa subsidencia minera es la causante de los daños en las viviendas.

Este pasado verano, Hunosa reiteró su postura acerca del origen de estas grietas. A través de un comunicado, la hullera pública rechazó ser responsable de los daños que presentan varias casas, «ya que los informes recabados por la compañía y elaborados por investigadores de varias universidades (Oviedo y Vigo) y empresas especializadas durante los últimos años señalan claramente que estos desperfectos, por su morfología y tipología, se deben a un deslizamiento de ladera y no a una subsidencia por labores mineras».

Pero no lo ven así los propios vecinos. El presidente de la asociación en Boo, Gaspar Vázquez, anunció que el pueblo va a «seguir luchando, porque creemos que estamos en nuestro derecho. Los informes que tenemos hasta ahora nos dan la razón para seguir hasta las últimas consecuencias». El colectivo relaciona los daños con la actividad minera que albergó el subsuelo de la localidad y ya avanza que va a llevar a la hullera pública a los tribunales «porque no nos han dejado otro remedio». En los años noventa, doce casas del barrio de Puenxo tuvieron que ser desalojadas y derruidas por los numerosos corrimientos de tierra por la minería.

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