Mieres y la villa belga de Herstal sellan un hermanamiento práctico

Los regidores, con los miembros de la familia Cué, mierenses residentes en Herstal. /  PARDO
Los regidores, con los miembros de la familia Cué, mierenses residentes en Herstal. / PARDO

A. FUENTE MIERES.

El hermanamiento de Mieres con la ciudad belga de Herstal se hizo ayer oficial con la visita de una delegación compuesta por el alcalde, Fréderic Dardien, un concejal de gobierno, Michaël González, y el jefe de gabinete, Javier González. Fueron recibidos por el regidor mierense, Aníbal Vázquez, y representantes de todos los grupos de la Corporación. Fue el regidor belga quien se encargó de destacar los «muchos puntos en común entre las dos villas», decía en francés mientras era traducido por su concejal, nacido ya en el país pero de origen leonés. Y es que Hertal era una ciudad industrial y minera donde todavía permanece una importante actividad de la fábrica nacional de armas. Cuenta con una población similar (unos 40.000 habitantes) y una importante comunidad española. De hecho, a finales de mayo se va a celebrar la primera feria dedicada a España, acto al que posiblemente acuda una delegación mierense.

Pero este hermanamiento quiere ser algo más que un intercambio de regalos y de fiestas. «Queremos que sirva para que ambas ciudades aprendan una de la otra», comentaba Dardien. Por eso, se quiere impulsar que escolares viajen a ambas ciudades y que se organicen, también, expediciones empresariales para «conocer la forma de hacer las cosas».

La anécdota de la jornada fue que la delegación belga se vio ampliada con la visita de toda una familia mierense que emigró a Herstal hace ya más de cincuenta años. «Fue una casualidad; nos encontrarnos a nuestro alcalde en el aeropuerto de Asturias y nos dijo que acudía a este acto. Y nos invitó a asistir», señalaba Esmeralda Cué. Cuando el regidor belga enumeraba las razones de la emigración española a Herstal, como la necesidad de mano de obra en los años 50, fue ella quien le puntualizó que también hubo motivos políticos, «como los que motivaron que mi padre, que era minero, tuviese que marchar en sesenta». Era José Antonio Cué, quien migró con sus siete hijos a esta villa de Lieja. «Nos encanta regresar a Mieres, aunque sea de vacaciones, y lo hacemos siempre que podemos, con muchas ganas de tomar unos culetes de sidra en Requejo».

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