Los mineros del Pozo Entrego

Los trabajadores participantes en el acto del XXV aniversario del cierre del Pozo Entrego.
/M. V.
Los trabajadores participantes en el acto del XXV aniversario del cierre del Pozo Entrego. / M. V.

Casi un centenar de extrabajadores se reúnen para conmemorar los 25 años del cierre de la explotación

M. VARELA LANGREO.

Un 1 de marzo de 1993 ya no se entró a trabajar en el Pozo Entrego. Ayer, alrededor de un centenar de mineros de esta plantilla -en aquel entonces eran unos 400- se reunieron para rendir homenaje a sus compañeros fallecidos y conmemorar los 25 años del cierre de la explotación, ubicada en el centro urbano de El Entrego, donde ahora se levanta en Centro de Nuevas Tecnologías.

La alegría era notable entre los asistentes, muchos bromearon gritando «¡asamblea, asamblea!», para que todos se enterasen de lo que los organizadores del acto les iban a hablar. La simbología era ayer importante y, a los pies del castillete, estaba colocado un banco «donde se subían los líderes sindicales para hablarnos y reclamar más sueldos, pensiones...», recordaron los asistentes.

Juan José Vallina trabajó en esta explotación minera durante años. Terminó su vida laboral en el Pozo María Luisa y ayer ejerció de portavoz de sus compañeros y explicó que «hace 13 años se reunieron unos pocos para homenajear a un compañero enfermo y continuamos viéndonos cada 1 de marzo». Acompañándolos estuvo el regidor samartiniego, Enrique Fernández, quien valoró «esta iniciativa espontánea de los propios trabajadores» y recordó «la minería como una forma de vida comprometida que forjó en las cuencas cultura, urbanismo, compañerismo...». El regidor aprovechó que se le permitió «subirse al banco» para realizar una defensa del carbón asturiano como seña de identidad de las comarcas mineras. «Es inteligente mantener una reserva estratégica de carbón tanto como respiro económico para las comarcas mineras y en especial para nuestro concejo, por garantías de suministro y como contención de los precios del carbón de importación».

El Pozo Entrego recibió así a sus antiguos trabajadores, que acudieron al mismo espacio, aunque ahora solo en superficie, donde ahora están trabajando unas 360 personas en nuevas tecnologías. «Aquí, por lo menos, hubo reconversión. Hay casi los mismos trabajadores que antes pero pasó en pocas minas», puntualizó Vallina.

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