«El parador de Pajares está saqueado»

El empresario turístico menorquín Miguel Fernández Baker quiere recuperar el aspecto original del inmueble y abrirlo por fases

Un trabajador recorre la estancia del recibidor del parador de Pajares. / J. C. ROMÁN
Un trabajador recorre la estancia del recibidor del parador de Pajares. / J. C. ROMÁN
Alejandro Fuente
ALEJANDRO FUENTEPajares

«Han sido muchos años de abandono. Los falsos techos se han caído todos, las tuberías han reventado por el frío al congelarse el agua y, además, el edificio ha sido saqueado, se han llevado de todo: los cables, el cobre, el material metálico». Miguel Fernández Baker observa con cierta tristeza el estado del parador de Pajares que acaba de comprar por 950.000 euros. Pero también lo mira con los ojos llenos de ilusión, porque tiene muchos planes para el inmueble. «El único enfoque que tenemos ahora es rehabilitar todo esto, dejarlo muy bonito y que venga quien quiera», añade mientras pasea por el interior.

El parador cerró sus puertas en 2005 y el transcurrir de los años le ha pasado factura. Los espacios para albergar los radiadores se encuentran vacíos, algunas ventanas están tapadas con tablones de madera; los techos están completamente desnudos, la parte exterior se encuentra llena de maleza que el personal que ha contratado el empresario menorquín se afana en retirar y hay estructuras añadidas que, asegura, no concuerdan con el diseño original de 1953. Por este motivo, van a ser retiradas, como la cubierta de cristal que protege la escalera de caracol que da acceso a la antigua discoteca, que se convertirá en un spa. «Esta parte de la rehabilitación -en referencia a la futura zona de baños- va a ser la que mayor inversión absorba y esperamos que sea lo último que realicemos», apunta el nuevo propietario, quien ya ha anunciado que harán falta otros 600.000 euros, al menos, para la reconstrucción.

¿Cuál es la intención del empresario turístico? «Abrir por fases. Quizás podamos comenzar con esta planta -dice mientras recorre la estancia de la recepción- y la superior, pero todo depende de la Administración, porque desconozco si me obligarán a realizar una apertura completa». De ser parcial, continuaba, sí que se mantiene el plazo inicial estimado para reabrir el establecimiento: unos cinco meses. «Mi intención es abrir cuanto antes el restaurante, la cafetería y una veintena de habitaciones». Una de ellas será para él, porque su «sueño» es fijar su residencia en el lugar. También apunta a que es la planta más alta del edificio la que en peor estado se encuentra y «es la que más obra va a precisar».

Establecimiento «de calidad»

Fernández Baker -de 62 años- tenía el recuerdo de su infancia de este establecimiento de sus vacaciones familiares en la región, de cuando tenía entre ocho y nueve años. «No podía comprender que este recinto estuviera sin uso en la zona privilegiada en la que se encuentra», apunta. Ya confesó que su compra fue «un arrebato» y que su idea es desarrollar un complejo turístico de cuatro estrellas, «enfocado a un cliente de tipo medio-alto, pero no de súper-lujo; que sea de calidad». Se trata del mismo perfil que buscan para su 'resort' de tres hoteles en la isla balear.

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