Retenido por pasear por Blimea con una pistola simulada y un pequeño cuchillo

Tras comprobar que era inofensivo y presentaba síntomas de paranoia, los agentes lo trasladaron a la Unidad de Salud Mental

MARTA VARELA BLIMEA.

«Voy a tener que matar a alguien porque me están persiguiendo». Estas eran las palabras que varios vecinos de la localidad de Blimea escucharon en la mañana del pasado lunes a otro residente que portaba una pistola simulada de gas y un pequeño cuchillo mientras paseaba por la localidad. En ningún momento intimidó ni amenazó a nadie, explican, pero sí dieron aviso a las fuerzas de seguridad ante el temor de que pudiese ocurrir algo.

En pocos minutos se personaron dos coches de la Policía Local de San Martín del Rey Aurelio, y una unidad de la Policía Nacional de la comisaría de Langreo-San Martín, que procedieron a la inmediata retención de este vecino, de unos 48 años, y que ya ha tenido varios encontronazos con los agentes, presuntamente por una fuerte paranoia que le lleva a «creer que le persiguen». Tras calmarlo, fue trasladado a la Unidad de Salud Mental para que le tratasen su trastorno mental. Todo indica que llevaba al menos tres días «muy inquieto y contando cosas raras», según indicaron sus vecinos.

El suceso se produjo el lunes en torno a las doce de la mañana. Varios residentes vieron al detenido caminar por la zona de El Bravial con una pistola de gas y, según otros testimonios, «en ocasiones mostraba también una navaja o un cuchillo que llevaba atrás». Mientras caminaba, «iba hablando solo sin meterse con nadie y decía que iba a matar a alguien porque le habían entrado en casa para acabar con su vida».

«Decía que le perseguían»

Observando su estado y conociendo sus problemas mentales, relacionados con anteriores consumos de drogas, los vecinos decidieron avisar a las fuerzas de seguridad. En torno a las doce y media, en las inmediaciones de la calle Doctor Marañón varios agentes interceptaron a este vecino y procedieron a tranquilizarlo y llevarlo al médico.

Testigos presenciales aseguraban ayer que «no puso ninguna resistencia. Habló con los policías y les dijo que tenía miedo porque habían entrado en su vivienda y le seguían. No iba a hacer daño a alguien, pero no podía seguir caminando por las calles así».

Añaden que «en ningún momento tuvimos miedo de que nos atacase; ni realizó disparos ni llegó a apuntar a nadie de los que estamos por la zona donde le detuvieron». Algunos de estos vecinos llegaron a relatar que «en los primeros segundos, cuando le vimos, llegamos a creer que la pistola era real, pero cuando nos fijamos bien vimos que era una imitación más bien mala de las que disparan balines, aunque no nos atrevimos a quitársela ni a intervenir por si la situación empeoraba».

El detenido es un vecino de la localidad que vive en la zona y que arrastra desde hace muchos años problemas con las drogas, de las que su familia intentó apartarlo, sin éxito, años atrás. Todos los que le conocen muestran respeto tanto por él como por su allegados, y consideran que ha «tenido una vida muy difícil que le hizo caer en las drogas y ahora es incapaz a salir». «Es más malo para él mismo que para el resto», concluyó uno de sus vecinos.

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