Turón recuerda la tragedia de la bocamina de Santo Tomás

Vázquez descubre, junto a uno de los organizadores, el panel sobre la tragedia de Santo Tomás.
Vázquez descubre, junto a uno de los organizadores, el panel sobre la tragedia de Santo Tomás. / J. M.PARDO

El alcalde Aníbal Vázquez lamenta que «por desgracia, de accidentes mineros sabemos mucho en este territorio»

MARTA VARELA TURON.

Tal día como ayer, lunes, de hace cincuenta años, Celestino, Manuel, Adriano, Félix, Rafael, Francisco, Luis, Juan, Manolo, José Antonio y José formaban el primer relevo de la bocamina turonesa de Santo Tomás. A las siete de la mañana asaltaban las entrañas de la tierra para extraer carbón, al igual que otros días. Algunos, cosas del destino, mostraron sus reticencias porque no lo tenían claro. El capataz les ordenó entrar y así lo hicieron, según relataron días después sus compañeros. A penas había pasado media hora, mientras estaban en la capa 12 del primer piso, cuando una traicionera bolsa de grisú sesgó sus vidas.

No hubo derrumbamiento, fallecieron a un kilómetro de la entrada, víctimas de la asfixia o por las quemaduras sufridas. Ayer, familiares y amigos recordaban una de las tragedias que marcó uno de los pasajes más negros de la historia minera del valle de Turón. Hubo una ofrenda floral a la que acudieron todos los colectivos vecinales, deportivos y culturales de Turón, también de familiares, sindicatos y representantes políticos. Todos, dejaron las flores en silencio, pero sus tímidas lágrimas hacían patente sus recuerdos, esos que cambiaron sus vidas.

Julio Vázquez, hijo de Manuel, uno de los caballistas que fallecieron ese 14 de agosto de 1967, recordaba que «yo tenía 14 años y mi hermana 45 días. Anduve toda la mañana por Mieres correteando y cuando volví a casa a mediodía vi a mucha gente en el portal y alguien me mandó subir para casa porque mi padre se había mancado. Pero oí muchos gritos. En casa me sentaron, me mandaron tomar una tila y me dijeron que mi padre había muerto en la mina». Manuel Vázquez falleció con 39 años, su hijo mostraba un libro que hizo con todos los recortes que localizó sobre ese fatídico accidente. «Cuando a las cinco de la tarde subieron el cuerpo de mi padre a casa, me abrace a él y fue cuando comencé a llorar», recordaba emocionado.

María Luisa Díaz, se unía a ese recuerdo. Perdió a su padre Juan en la misma explosión cuando él tenía 47 años. Ahora, un panel con las fotos de los once fallecidos y una explicación del suceso los recuerda a las puertas de la bocamina en la que dejaron su vida. El alcalde mierense Aníbal Vázquez aseveró que «de accidentes mineros sabemos, por desgracia, mucho en este territorio, pero no debemos olvidar nunca nuestra historia y a nuestra gente. Orgullosos de nuestro pasado», explicó.

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