Un año para dar la vuelta al mundo sin coger un avión

Un joven de La Felguera y una cántabra llevan 227 días de aventura, en los que han recorrido 30.000 kilómetros y conocido veinticuatro países

En uno de los barcos que cruza el mar Negro hacia Georgia./E. C.
En uno de los barcos que cruza el mar Negro hacia Georgia. / E. C.
ALEJANDRO L. JAMBRINA

El Viaje. Así, con mayúsculas, es como definen su aventura Jonás Ordóñez Álvarez, de 31 años, y Silvia Palacio Sañudo, de 30, un felguerino y una cántabra que llevan desde el pasado verano recorriendo todo el mundo, conociendo nuevas culturas, lugares y sus gentes en un viaje en el que se han propuesto no coger aviones, viajando solo a pie, en coche o en barco. «Queríamos ver cómo los acentos, los olores, la arquitectura, los rasgos de las personas o los tonos de la piel iban cambiando de manera natural, sin los cambios abruptos que produce el desplazarse en avión de una punta a otra de un continente», aclaran los jóvenes aventureros.

Palacio, junto a un lugareño, en Kirguistán, en Asia.
Palacio, junto a un lugareño, en Kirguistán, en Asia.

Tanto Silvia como Jonás se dedican profesionalmente al transporte marítimo internacional y el año pasado decidieron tomarse un descanso y dejarlo todo para dar la vuelta al mundo, uno de sus sueños .

Esta épica aventura la registran diariamente en su blog (www.dejarlotodoparaviajar.com), donde se puede seguir su ruta, saber en qué lugares están en cada momento gracias a un localizador GPS y, sobre todo, aprender sobre los países que visitan y tomar nota de sus consejos. Porque, como ellos mismos comentan, «nuestra intención es ayudar a otros viajeros, responder las dudas que nos surgieron a nosotros y compartir las cosas más útiles que hemos aprendido. Queremos que el blog sea más una herramienta».

Por ejemplo, quien esté interesado en aprender junto a ellos podrá descubrir cuáles son las comidas típicas de cada zona o las costumbres locales que no vienen en internet. También enseñan palabras autóctonas que pueden facilitar mucho la vida del visitante, trucos a la hora de conseguir transporte barato o donde alojarse para dormir. «Lo que nosotros hacemos para minimizar el presupuesto es combinar restaurantes baratos con comida de supermercado, utilizar el transporte público o hacer autostop. Para dormir buscamos hostales baratos o casas con ‘couchsurfing’, una plataforma que no solo te permite alojarte gratis, sino que te acerca a los lugareños y te permite disfrutar desde dentro los lugares y sus costumbres. En nuestro caso, nos ha servido para enamorarnos de países que ni habríamos imaginado».

Actualmente se encuentran en Iquitos, en el Amazonas peruano, una población que está aislada por tierra del resto de país. Pero su ruta les ha llevado por medio mundo, habiendo recorrido más de 30.000 kilómetros por un total de veinticuatro países de lo más exóticos y variados.

40 grados en Turmenistán

El primer paso fue cruzar Europa en autostop, desde Torrelavega hasta Ucrania, donde decidieron tomar un ferry que les llevó a Georgia a través del Mar Negro. Siguieron hacia Armenia y Turmenistán, uno de los países más herméticos del mundo y que supuso un peligro para los viajeros. «Nos movimos por casi todo el país en autostop y fue la única temeridad del viaje porque es un gran desierto y los termómetros pasaban de los 40 grados. El agua que llevábamos se ponía tan caliente que no se podía beber», recuerdan ambos.

En un tramo de la famosa Gran Muralla China.
En un tramo de la famosa Gran Muralla China.

La ruta continuó hacia el este y, y atravesó lugares como Uzbekistán o Kirguistán, cuya frontera con China es una de las más controladas y poco accesibles de Asia. En este punto les tocó cruzar China en dirección este, «acabando nuestra particular ruta de la seda en Xi’an», indican. Tras el gigante asiático, el viaje se desarrolló a través de Pekín y Kumming, capital del estado de Yunnan, en la frontera con Laos, por donde descendieron a través del río Mekong para introducirse en Tailandia.

De ahí se movieron hasta Malasia y Singapur, país donde vivieron otro de los peores momentos. «Tuvimos que viajar hacia Indonesia en un barco que estaba plagado de cucarachas. Fue horrible, pero finalmente llegamos sanos y salvos a Yakarta».

La pareja, junto a dos agentes iranís.
La pareja, junto a dos agentes iranís.

Por suerte, el viaje se normalizó cuando finalmente lograron llegar a Nueva Zelanda, cuyas dos islas recorrieron en un coche de alquiler y durmiendo en tiendas de campaña, y desde donde dieron el gran salto de continente a América del Sur.

Colombia y Ecuador fueron sus siguientes destinos. De hecho, en la frontera colombiana estuvieron retenidos más de siete horas debido al éxodo venezolano. «Podría haber perfectamente 2.000 venezolanos intentando cruzar la frontera. Por suerte, pudimos entrar y visitamos la zona andina de Ecuador de norte a sur y entramos a Perú, que es donde estamos actualmente», comentan los jóvenes desde el Amazonas peruano.

«Una experiencia increíble»

Parece que ya no se puede recorrer mas mundo ni hacer más kilómetros, pero estos jóvenes españoles son incansables y pretenden continuar su viaje por Bolivia y por el gigante Brasil, «para pasar un tiempo con un amigo que se llevó nuestros corazones de Barcelona», y terminar esta épica aventura volviendo en barco a través del Atlántico a España en junio, fecha en que se cumple un año de su partida.

«Toda esta aventura nació del agobio del trabajo, teníamos muy poco tiempo para nosotros y decidimos dejarlo todo para viajar. No sabíamos cómo iban a ir las cosas o si nos íbamos a tener que volver, pero, sin duda, ha sido una experiencia increíble e irrepetible, de las mejores de nuestra vida y que, sin duda, recomendamos a todo el mundo», concluyen.

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