Discreción en la sala de espera

Discreción en la sala de espera
Pacientes del HUCA siguen en una pantalla los llamamientos a consulta. Una clave de números y letras evita los datos personales. / ÁLEX PIÑA

Piden que no se den datos personales de los pacientes en voz alta en centros sanitarios «llenos de gente»

Laura Mayordomo
LAURA MAYORDOMOGijón

La presidenta de la Asociación de Usuarios de la Sanidad, Susana Pérez-Alonso, ha presentado una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos por lo que considera un claro incumplimiento de la ley en los centros sanitarios, tanto públicos como privados, del Principado. Asegura Pérez-Alonso que en el funcionamiento cotidiano de estos centros es habitual que se requiera a los pacientes una serie de datos de carácter privado sin el más mínimo respeto a su privacidad y, en ocasiones, en lugares «llenos de gente», como salas de espera o mostradores de atención. Datos que van desde el nombre y apellidos o el número del DNI hasta aspectos relativos a su historial médico. «No es de recibo», cree. Y así se lo ha hecho saber a la agencia en la carta que le ha remitido.

Lo hace a título particular, no como presidenta de la asociación, y mencionando situaciones que dice haber vivido en primera persona. Cita por ejemplo que en un centro médico privado de la capital asturiana, los consentimientos a los pacientes del servicio de radiología se leen en voz alta «en un mostrador, ante el resto de usuarios». Y que se les preguntan «todo tipo de cuestiones médicas absolutamente improcedentes para realizarlas ante otros ciudadanos». Preguntas del tipo: '¿Tiene alguna alergia?', '¿lleva implantes?'. «No se pueden efectuar este tipo de preguntas en una sala llena de gente que se entera de todo. Y ese todo es absolutamente privado», hace constar en su escrito a la Agencia Española de Protección de Datos, a la que indica que en los centros sanitarios asturianos se están contraviniendo sus propias normas y otras, como la Ley de Autonomía del Paciente. Otro de los ejemplos que hace constar en su denuncia habría tenido lugar hace un mes en un hospital del Sespa al que acudió como paciente. «Mi sorpresa fue grande al incorporarme a una cola y que el auxiliar administrativo me dijese a mí y a otras ciudadanas que nos sentásemos y que él nos llamaría». Pérez-Alonso dice que, poco después, ese empleado comenzó a llamar a las pacientes «a voces» y dando nombre y apellidos de cada una de ellas. Y que, una vez frente a él, éste les pidiera confirmación de que su DNI, número de teléfono y domicilio eran los que él iba diciendo en voz alta.

La presidenta de la Asociación de Usuarios de la Sanidad dice haber puesto estos hechos en conocimiento del consejero de Salud del Principado y de los gerentes del Sespa y el Área Sanitaria IV, sin haber obtenido respuesta.

En su escrito, aporta la que, a su juicio, podría ser una fácil y barata solución. Plantea que, dado que los pacientes acuden a su cita con el especialista con una carta en la que constan sus datos, el personal pregunte si alguno de éstos ha variado y, de ser así, que el propio paciente escriba los nuevos datos en ese mismo papel. Y que cuando se deje la carta en el mostrador, el personal de administración entregue un número que es por el que se le llamará a consulta. «No es necesario gasto alguno en pantallas», afirma. «A mí en la charcutería no me llaman a voces por el nombre. Aquí, con más razón», añade.

El hospital San Agustín, en Avilés, fue el primero en implantar un sistema que protege los datos de los pacientes. El mismo que estrenaron en 2014 el HUCA, en Oviedo, y el Álvarez Buylla, en Mieres, y más recientemente el de Jove, en Gijón, y que evita tener que llamar a los usuarios por su nombre y apellidos. Introduciendo la tarjeta sanitaria o el número del DNI en una máquina, ésta expide un tique con una clave que combina números y letras y que servirá para identificar al paciente e indicarle la consulta en la que será atendido.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos