Los deberes, controlados más de cerca

Los deberes, controlados más de cerca
Dos niños realizan sus deberes en casa. / DAVID PALMA

Un estudio afirma que los profesores deben conocer cómo se realizaron las tareas

Sara García Antón
SARA GARCÍA ANTÓNGijón

Cambiar el enfoque. Adoptar una dinámica diferente a la que se ha venido adoptando a la hora de relacionarse el profesor con los alumnos cuando se trata de los deberes. Y es que no basta con comprobar que el estudiante ha hecho en su casa las tareas que se le encomendaron en el aula. Esta es una de las conclusiones de una investigación, en la que ha tomado parte la Universidad de Oviedo, que ha analizado la interacción entre docente y alumnos, tanto de Primaria como de Secundaria, cuando de los deberes se trata.

El profesor -indica este informe- se tiene que centrar en comprobar que cada estudiante ha entendido de manera correcta la labor que hizo en su casa. «De no hacerlo así, estas tareas no tendrán un beneficio real y el tiempo dedicado a ellas puede ser un tiempo perdido», añade el estudio, en el que ha participado el catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo José Carlos Núñez y se llevó a cabo con la Universidade do Minho (Braga, Portugal).

Y es que si solo se comprueba que se han hecho esos deberes el profesor no sabrá si realmente el estudiante ha hecho él solo la tarea. Ni si sus padres le ayudaron. Y, tampoco, el grado de importancia de esos apoyos externos. El docente, por tanto, ha de cerciorarse de que el estudiante no solo hizo, sino que «entendió correctamente» lo que estaba haciendo.

«La costumbre es escribir en el encerado aquellos ejercicios sobre los que el estudiantado señala que ha tenido dudas», revela el informe, en el que se considera insuficiente esta acción. Además de por lo ya citado porque entiende que cuando se pregunta a la clase qué dificultades han podido tener «solo responderán unos pocos». «La mayoría se queda con las dudas sin atreverse a expresarlas», añade esta investigación que se llevó a cabo a través de grupos de trabajo de 47 profesores de Primaria y Secundaria. Por eso, sostiene el estudio, los profesores han de analizar más los deberes con alumnos.

Por otro lado, la investigación revela que a medida que el alumnado avanza en edad el profesorado le aporta menos impresiones sobre los trabajos hechos en casa al considerar que es más mayor y, por lo tanto, más capaz de actuar de manera autónoma. Sin embargo, Núñez señala que en Secundaria se necesita el mismo nivel de análisis que en Primaria, ya que el nivel de exigencia de las tareas crece con la edad del alumnado.

Otra cuestión que se ha puesto de relieve es que el profesorado indica que suele dedicar unos treinta minutos de los sesenta que dura la clase a hablar con los alumnos sobre los deberes realizados, pero ningún docente de Secundaria y muy pocos de Primaria creen que esto pueda tener algún efecto positivo sobre el aprendizaje y el rendimiento de su alumnado.

Aprendizaje autorregulado

Núñez subraya que los dos tipos de actuaciones sobre los deberes que el docente dice que realiza con mayor frecuencia -revisar si se han hecho las tareas y verificarlas en el encerado- están más relacionados con modelos tradicionales de instrucción que con otros más actuales donde los estudiantes «monitoreen su propio aprendizaje».

Esto puede sugerir, dice el estudio, que o los maestros no son conscientes de la importancia de analizar los deberes para promover las competencias y autonomía de sus estudiantes o que carecen del conocimiento necesario para llevar a cabo una instrucción basada en modelos de aprendizaje autorregulado.

El estudio exploró las concepciones de los profesores de Matemáticas sobre la retroalimentación de los deberes en cuatro aspectos clave: definición, propósito, tipos e impacto percibido. Y ha sido publicado en la revista 'Frontiers in Psychology'».

Los tareas para casa -especialmente el rechazo de los padres a lo que consideraban una carga excesiva- centraron el debate el curso pasado, con dos huelgas de deberes.

Al inicio del curso, Educación incidía a los centros en aplicar el «sentido común» a la hora de encargarlos y en que tenían que diseñarse para que el estudiante los pudiera hacer de forma autónoma, sin ayudas externas.

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