Los decanos reconocen que una tutela más rigurosa de los trabajos evitaría los fraudes

Un grupo de alumnos consulta unas notas en el tablón de una facultad de la Universidad de Oviedo./E.C.
Un grupo de alumnos consulta unas notas en el tablón de una facultad de la Universidad de Oviedo. / E.C.

La vicerrectora de Estudiantes califica de «inaceptable» la presentación de proyectos de fin de grado y máster elaborados por otros

Laura Mayordomo
LAURA MAYORDOMOGijón

La presentación de trabajos de fin de grado y de fin de máster elaborados por otros, previo pago, es «una forma de fraude académico inaceptable que no consta que sea una práctica habitual entre el estudiantado de nuestra Universidad». Pero ¿puede estar ocurriendo? «Sí», admiten algunos decanos consultados por EL COMERCIO. La propia vicerrectora de Estudiantes, Elisa Miguélez, asume que «podría darse de forma excepcional algún caso de esta tipología a pesar de todos los controles que llevan a cabo tutores y tribunales».

El caso del abogado asturiano que decía sacarse un sobresueldo haciendo trabajos de todo tipo para alumnos universitarios de varias universidades –publicado ayer por este periódico– llevó a varios decanos a reconocer la dificultad para identificar los 'trabajos por encargo'. Todos coinciden en que un seguimiento mucho más estrecho y riguroso por parte de los tutores atajaría de raíz esta práctica. «Si la tutela se lleva muy directamente y es efectiva, no sería complicado detectarlo porque conoces al estudiante, ves cómo va progresando, qué dificultades tiene en la redacción y exposición del trabajo... Pero si te desentiendes y lo único que controlas es que te entregue el trabajo en una fecha determinada, entonces sí que puede ocurrir», dice José Antonio Gómez, decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Y añade:«Aquí sí existe esa tutela».

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«Es difícil»

Es lo que sostiene también el director de la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI) de Gijón, Juan Carlos Campo. «En términos generales, la implicación de los tutores es muy alta», destaca al tiempo que subraya que «hay campos, como el nuestro, en que la presentación de trabajos por encargo es más difícil porque tienen una parte que se realiza en los laboratorios y ahí el alumno tiene que ir. No digo que no pueda ocurrir, pero no es fácil».

«La labor de los tutores de los trabajos es esencial para evitar que estos comportamientos fraudulentos se produzcan. Juegan un papel fundamental al hacer un seguimiento de los trabajos, manteniendo contacto con los estudiantes mientras los están elaborando para supervisar todas las etapas del desarrollo de los mismos», apuntan la vicerrectora de Estudiantes. El problema en muchas ocasiones, vuelven a coincidir decanos y directores de escuela, es que el profesorado está «saturado», apenas obtiene reconocimiento por ser tutor de un trabajo de fin de grado –por cada alumno que tutela se le permite una reducción de seis horas de docencia por curso– y por formar parte de un tribunal –los componen dos o tres personas, según decide cada centro– no hay beneficio alguno. De ahí que, en ocasiones, ese «riguroso control» que consideran tan importante acabe relajándose. Sobre todo en centros de gran tamaño, en los que cada curso pueden coincidir varios cientos de lecturas de trabajos de fin de grado.

Herramienta antiplagio

Es el caso de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación. Su decano, Juan Carlos San Pedro, calcula entre seiscientos y setecientos los proyectos de este tipo que se presentan al año. Hasta la fecha no han detectado un trabajo de fin de grado a la carta –«es complicado», afirma–, pero sí que «todos los años encontramos varios casos de plagio y a lo mejor detrás de ellos lo que hay en realidad es un trabajo por encargo, porque quien se dedica a hacerlos no tendrá mucho miramiento», supone. En este sentido, la herramienta informática facilitada por la Universidad de Oviedo para detectar los casos de plagio, el Urkund –que ya tienen disponible 675 profesores– está siendo de gran utilidad. «Nos ha venido muy bien», coinciden San Pedro y Juan Carlos Campo. El rector reveló en el último claustro que ya se ha empleado para analizar 154 trabajos.

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