La UE denuncia «un trato inhumano» a los jóvenes esposados en Sograndio

Interior de las habitaciones del centro de Sograndio, vistos desde las cámaras. / E. C.
Interior de las habitaciones del centro de Sograndio, vistos desde las cámaras. / E. C.

El Comité Europeo de Prevención de Tortura se muestra «especialmente preocupado» por la práctica; aplaude las actividades de Villabona

R. MUÑIZ GIJÓN.

En septiembre y octubre del año pasado el Comité de Prevención de la Tortura del Consejo de Europa visitó cárceles y centros de internamiento de menores del país. El chequeo encontró cuestiones censurables en los inmuebles asturianos.

A diez kilómetros de Oviedo inspeccionaron el centro de Sograndio, abierto en 1925, con una capacidad para 68 menores, y que en el momento de la visita tenía a 30. «La gran mayoría» de los chavales «no presentaron queja alguna contra el personal» y dijeron «explícitamente que el trato que recibían era correcto e hicieron comentarios positivos», recoge el informe. Sin embargo, los auditores afirman haber tenido constancia de «varias denuncias creíbles relacionadas con maltrato físico deliberado».

Se refiere al uso de la sujeción mecánica en los casos más extremos, asunto que «preocupa especialmente al Comité». En Sograndio «se les esposaba a objetos fijos» en una habitación de aislamiento, equipada con una mesa y una silla fijas a la pared y el suelo. El menor quedaba inmovilizado con «esposas de metal, con las manos a la espalda, a una barra de metal que unía la mesa y la silla». Según los registros del centro, el castigo ha durado un máximo de 115 minutos «sin embargo se escucharon varias denuncias» que afirman que la cosa podía durar «varias horas». En ese rato el adolescente es «constantemente vigilado» a través de una ventanilla de la puerta pero sin nadie dentro. El organismo de la UE concluye que «el uso de medios de sujeción podría considerarse trato degradante o inhumano y recomienda que las autoridades pongan fin a esta práctica».

Los auditores creen que el ambiente mejoraría si los guardas no llevaran porras a la vista

Misma dicotomía encuentran con los malos tratos. Ningún joven reconoció recibirlos, pero el Comité da credibilidad a otras denuncias recabadas. «Resulta preocupante, al menos en un caso en Sograndio, que ciertos miembros de la plantilla aparentemente habían sido informados por menores que habían presenciado un caso de maltrato físico pero éstos no habían hecho nada al respecto», recogen. Para evitar ese escenario, el informe entregado al Gobierno español aconseja que se «trasmita un mensaje claro» a toda la plantilla en contra de los malos tratos y amenazas.

Respecto al inmueble, el comité recomienda reparar las «recurrentes» humedades y paredes descascarilladas, y que se equipe de timbre a las habitaciones. La organización de la formación y cursos es «satisfactoria», y respecto a la atención sanitaria los auditores ponen un reparo. Señalan que cada vez que la policía devuelve al centro a un adolescente fugado no se le hace un reconocimiento médico «que atestigüe cualquier lesión», algo que aconsejan practicar.

Formar a los vigilantes

Además de los educadores, el centro cuenta con 30 miembros de seguridad, proporcionados por una empresa, y que solo reciben «un curso básico» de lo que les espera. Su cometido es «especialmente arduo», por lo que el comité insta a darles una «formación profesional» de forma habitual, propiciarles apoyo externo adecuado, y supervisarles. Esos cursos deben prepararles para gestionar situaciones conflictivas.

Los vigilantes llevan porras y esposas a la vista, «un requisito establecido por el reglamento pertinente», según explicó la dirección. El informe cree que ir así ante los menores «no conduce a fomentar relaciones positivas entre el personal y los internos» y crea «un entorno carcelario», por lo que aconseja cambiar.

En la cárcel asturiana encontraron a un reo con hematomas. Según contó, se había peleado con un preso y al separarles, cuatro funcionarios le propinaron golpes varios minutos. Con todo, la delegación dice haber quedado «impresionado» por el abanico de actividades organizadas a los presos.

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