Las denuncias falsas en la violencia de género

JAVIER RODRÍGUEZ SANTOCILDES

En el ámbito de la violencia de género -también en otros- se suele cometer el error de equiparar una sentencia absolutoria a una denuncia falsa. Los profesionales del derecho sabemos que no es así. Pero entre sectores no avezados a aplicar las leyes no es extraño escuchar expresiones del estilo de que «le absolvieron, de modo que la denuncia era falsa, ella se lo inventó». Tal automatismo supone un grave error que siempre es oportuno aclarar. Así lo intentamos poner de relieve el pasado viernes en una mesa redonda organizada por el Colegio de Abogados de Oviedo en la que participamos representantes de organismos involucrados desde una u otra perspectiva en la lucha contra esta lacra. No obstante, leyendo la edición del periódico del sábado observo que mis palabras sobre el particular no quedaron reflejadas con la precisión que entiendo deseable en un tema como el que nos ocupa. De ahí estas líneas, en las que trataré de insistir algo más en esta idea y concretar lo que se puso de relieve.

Cuando en un procedimiento penal se dicta una sentencia absolutoria, la mayor parte de las veces es porque con la prueba practicada en el acto del juicio no quedó acreditado que el sujeto cometió el hecho por el que venía acusado. Esa insuficiencia de la prueba para acreditar la acusación basta para que la sentencia deba ser absolutoria pues, como no podía ser de otro modo, un acusado -también en la violencia de género- entra a juicio investido de su derecho a la presunción de inocencia y debe ser la acusación quien mediante las pruebas que se practiquen desvirtúe esa presunción y demuestre que la denuncia se corresponde con la realidad. Dicho en otros términos: el acusado no tiene necesidad de demostrar su inocencia para resultar absuelto, le basta con que las acusaciones no logren probar que es culpable. Por ello, cuando ante la insuficiencia de la prueba el juez dicta un fallo absolutorio, deducir automáticamente de la absolución que la denuncia era falsa y que ella «se lo inventó» constituye un grave error conceptual.

Lo cierto es que los casos de denuncias probadamente falsas, es decir, aquéllas respecto a las que la sentencia no solo concluyó en la absolución del denunciado sino que, además, estimó acreditada su falsedad es mínimo, inferior al 1%.

A ese censurable -y en ocasiones interesado- automatismo es a lo que nos referiamos el pasado Viernes. No se dijo que una sentencia absolutoria «en ningún caso» equivale a una denuncia falsa o que en mi experiencia profesional apenas me he encontrado con alguna denuncia «que no estuviera justificada», cual se entrecomillaba en la noticia de la edición del sábado. Lo que se vino a manifestar fue lo incorrecto que resulta establecer tal automatismo -sentencia absolutoria igual a denuncia falsa- y que sobran los dedos de una mano para contar las denuncias «probadamente falsas».

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