El 31,8% de los depredadores que no hace terapia vuelve a delinquir tras la cárcel

Antonio García Carbonell. / E. C.
Antonio García Carbonell. / E. C.

Las prisiones españolas iniciaron en 1998 programas que reducen esa proporción al 6,1%. En Canadá al volver a ser libres se les pone GPS

R. MUÑIZ GIJÓN.

Cerca del 1% de los delitos son agresiones sexuales y tienen detrás criminales a los que pasar años encerrado en prisión no resulta siempre suficiente. En 'Los agresores sexuales adolescentes', Rosa María Aragonés de la Cruz analizó a 78 violadores. Los describe como «sujetos impulsivos, con bajo autoconcepto, poca tolerancia a la frustración, que menosprecian la figura femenina, con retraso en su desarrollo madurativo y carencias afectivas, muy influenciables, con rasgos de agresividad física y verbal, carencias normativas y de sentimientos de culpa, con dificultades para el aprendizaje y, en un porcentaje significativo, con alguna problemática clínica».

Es un cuadro que, para su reinserción, requiere de algo más que de privación de libertad. Por eso en España Instituciones Penitenciarias comenzó con los programas de tratamiento desde 1998. La dinámica consta de varias fases. Los manuales que la rigen consideran primordial romper con las «distorsiones cognitivas», esto es, reestructuras la percepción que tiene el sujeto de su crimen, sus deseos, las mujeres y la violencia. Esto se trabaja durante 44 sesiones. Hay quince dedicadas a «erradicar el uso de justificaciones y promover la responsabilización» sobre los propios actos. En dieciocho discuten las emociones. Llegado a este punto, el agresor cuenta con la firmeza para abordar el daño que hizo, y se procura que empatice con el sufrimiento de sus víctimas. El tramo final consiste en trabajar los escenarios que podrían estimular una recaída para evitarlos, y cultivar un estilo de vida positivo.

¿Cuál es el resultado? Santiago Redondo lo tiene estudiado. Siguió a un grupo de agresores sexuales que pasaron por los grupos de terapia y a otro que se negó. De los 49 que se aplicaron, el 4,1% volvió a reincidir, aunque con menos violencia que antes. Hubo otro individuo que fue apresado de nuevo, pero por delitos distintos. En total, la tasa de reincidencia la situó en el 6,1%.

Entre los que no acudieron a las sesiones, un 18,1% volvió a las andadas al salir, y otro 13,6% cometió delitos pero de otro tipo. Es decir, la reincidencia se situó en el 31,8%.

Este tipo de trabajos hace «más fácil identificar aquellos casos que probablemente no reincidirán que aquellos que sí lo harán», tiene explicado Redondo. Sus estudios evidencian que son factores de riesgo que el delincuente comenzara las agresiones de joven, tenga trayectorias laborales y personales inestables, abusen de las drogas y den positivo en los test de psicopatía.

La ciencia indica por tanto que hay una proporción de violadores que volverá a atacar una vez fuera, y por ello hay países que han tomado medidas. En Canadá por ejemplo se los controla mediante GPS, y en EEUU hay un periodo de libertad vigilada.

España no logra abordar un modelo similar, y una vez cumplida la pena, el agresor sale sin más. El resultado está a la vista. Antonio García Carbonell, el primer violador que salió con la doctrina Parot, está ahora acusado de matar a una mujer. Pablo García, el 'violador del portal', tenía 74 agresiones documentadas, salió de prisión y de nuevo volvió a las andadas. Pedro Luis Gallego, el 'violador del ascensor', mató en 1992 a dos adolescentes y en junio fue detenido de nuevo acusado de cuatro violaciones. Juan Manuel Valentín asesinó a la niña Olga Sangrador en 1992, y en noviembre volvió al presidio por abusar de una menor.

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