Javier Ledo, de amigo a supuesto asesino

Javier Ledo, en el centro de la imagen, con cazadora marrón, acude al registro en su domicilio detenido por la Guardia Civil. / HUGO ÁLVAREZ

Registran su piso desde la mañana hasta la medianoche en busca de rastros orgánicos

DAVID S. FUENTE / RAMÓN MUÑIZNAVIA.

No le ha valido el coañés Javier Ledo las entrevistas concedidas a los medios de comunicación para disolver las sospechas que la Guardia Civil tenía sobre él. Pasadas las nueve de la mañana de ayer los agentes lo detenían en Navia, cerca de la vivienda familiar que estaba ocupando estos días. Una vez puestas las esposas, el Instituto Armado comunicó oficialmente que lo consideraba el «presunto autor de la muerte de Paz Fernández Borrego», la gijonesa cuya pista se perdió el 13 de febrero hasta que un piragüista localizó su cuerpo, el martes, en el embalse de Arbón.

Contra Ledo los uniformados venían acumulando diferentes indicios desde el inicio de las pesquisas. Fue la última persona que se vio junto a Paz, y los agentes habían localizado sus huellas cuando examinaron el vehículo de la víctima, abandonado junto al hospital de Jarrio. Él, en su entrevista con este periódico, justificó la presencia de sus huellas asegurando que ayudó a su amiga «un día a montar la silla de la niña y otro a sacar el coche de un estacionamiento ya que le funcionaba mal el cambio». También alegó que sí, tomó algo con Paz la tarde del 13 de febrero, pero según su relato luego entablaron conversaciones telefónicas para cenar y ella nunca se presentó. «Era la persona más buena del mundo, no era de jaleos ni de meterse en problemas», aseguró sobre su amiga. En su defensa, recordó que aquel día tenía la pierna escaloyada por una contusión, lo que le impedía caminar o conducir. Varios testigos localizados por este periódico ratifican que aquel día «cojeaba e iba con muletas». En su perfil de Facebook Ledo venía compartiendo casi a diario noticias sobre la búsqueda de su amiga y peticiones de ayuda para encontrarla.

La Guardia Civil, sin embargo, lo tenía bajo discreta observación al poco de iniciar las pesquisas. No les encajaban partes de su relato. Según asegura el coañés, conoció a Paz en 2012. «No éramos novios. Era una amiga y no quería nada con ella», manifestó. Hay fotografías sin embargo que los retratan besándose en diciembre y testigos que aseguran que esa noche durmieron juntos en la caravana de ella. Tampoco ayudaba la orden de alejamiento que el sospechoso tiene respecto a su exmujer.

Esta semana el caso dio un nuevo paso con la autopsia del cadáver. Los forenses determinaron que la gijonesa sufrió una muerte violenta debida a las fracturas que tenía en el cráneo, compatibles con uno o varios golpes. En el cuello había diversos hematomas. El cuerpo fue rescatado vestido, pero sin ropa interior.

A Ledo se lo tenía sometido a seguimiento, con respaldo de la Policía Local, lo que permitió descartar que estuviera involucrado en la desaparición de las otras dos asturianas que se buscan. Esta fue una de las razones que llevaron a las autoridades a asegurar que no había vínculo entre los tres casos. Ayer a las once y media de la mañana lo trasladaron a la casa de su madre en la céntrica calle Hospital, para iniciar lo que sería un maratoniano registro en dos fases. La vivienda fue escrutada palmo a palmo, con ayuda de perros traídos desde Madrid y adiestrados para localizar restos orgánicos. Al dispositivo se unieron agentes de la Policía Judicial y de la Brigada de Criminalística.

Margen hasta el lunes

Dos horas después el sospechoso fue trasladado al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Luarca, donde fue puesto a disposición de su titular, Marta Huerta Novoa, que tiene asumida la investigación. La magistrada decidió que las diligencias debían continuar, en presencia de Ledo, antes de resolver si debe mandarlo o no a prisión. La ley le faculta a no resolver esta situación personal antes de las nueve de la mañana del lunes. Desde el Instituto Armado recordaban ese margen de 72 horas aunque aseguraban que en pocas ocasiones lo agotan y que su voluntad es cerrar las pesquisas pendientes y ponerlo ante la juez antes de ese plazo.

El detenido fue así llevado de nuevo a la vivienda naviega. Antes, ante las cámaras que lo aguardaban, siguió fiel a su relato. «Me declaro inocente en todo momento». Preguntado si tenía algo que ver, opuso que «nada». La segunda fase del registro pudo continuar a las 15.15 y se dio por finalizada al filo de la medianoche, quince horas después del inicio. Entremedias, agentes de Criminalística ataviados con su mono protector blanco, fueron sacando bolsas y bolsas con pruebas hasta llenar un monovolumen. Los indicios serán sometidos a análisis en el laboratorio. Caída la noche, otro agente tuvo que salir a un bar cercano a por un refresco para que la comitiva repusiera fuerzas.

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