«Lo de estos días no lo vi en la vida»

José Luis Gutiérrez, Vicente Ortega y Pedro Domínguez, frente a uno de los vehículos de Protección Civil de Mieres.
José Luis Gutiérrez, Vicente Ortega y Pedro Domínguez, frente a uno de los vehículos de Protección Civil de Mieres.

El trabajo de Protección Civil minimiza los efectos de las fuertes nevadas y los argayos

ÓSCAR PANDIELLO MIERES.

El termómetro apenas marca cuatro grados y, a través del walki-talkie, los avisos del 112 comienzan a hacerse oír. Un árbol caído en mitad de una carretera, un aviso para comprobar si un camino rural está practicable, la llamada de emergencia de una mujer que no puede recibir asistencia médica en su vivienda por culpa de la nieve... Desde el lunes, los voluntarios de Protección Civil de Mieres -y los de toda la región- apenas pueden parar ni para tomar un café. Y es que el temporal que azota Asturias especialmente desde el lunes no les da tregua; además, ha dejado escenas que han sorprendido, por inéditas, a muchos de los 33 voluntarios que forman este grupo de trabajo.

«Lo de estos días no lo vi en mi vida. El otro día, en Urbiés, en menos de un kilómetro cayeron unos cincuenta árboles. Estuvimos desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde sin para de retirar maleza, ramas y tierra», relataba José Luis Gutiérrez, responsable de Emergencias de Protección Civil de Mieres. Ya jubilado, su labor como voluntario le obliga a estar siempre alerta en caso de emergencia, ya sean las tres de la mañana o las once de la noche. «Estos días, afortunadamente, no hubo ninguna llamada de madrugada. Pero si avisa el 112 a una hora intempestiva tienes que estar preparado», añadió Gutiérrez. Así, los habituales dispositivos para los días de fútbol o la búsqueda de personas desaparecidas han quedado en un segundo plano durante estas jornadas centradas en minimizar los efectos de la nieve y las lluvias.

Los casos más urgentes, explican en el grupo de voluntarios, suelen ir ligados a problemas sanitarios en zonas a las que es imposible llegar sin ayuda de medios técnicos. «Por ejemplo, tuvimos que llevar a dos médicos de Collanzo a Cuérigo para atender a una señora que no podía moverse de su domicilio», dijo Vicente Ortega, coordinador del grupo. El grueso de las llamadas, no obstante, corresponden a argayos. A lo largo de una tarde, en días de temporal, pueden encadenar una intervención tras otra hasta que anochece. Una vez cae el sol, y a no ser que sea un caso de extrema gravedad, los trabajos se aplazan hasta el día siguiente.

Hacha y motosierra

El transmisor suena y anuncia un argayo en la carretera de Panizales. El equipo que se desplazó hasta allí estaba compuesto por dos personas, como marca el protocolo. «Llevamos un hacha y la motosierra. El caso es acercarnos al lugar, evaluar los daños y echar una mano en función de nuestros medios que no son muchos», relató con una sonrisa Pedro Domínguez, responsable de las actuaciones que tienen que ver con festejos y deportes.

Hasta la zona afectada, situada en una ladera a escasos kilómetros del centro de Mieres, se trasladó con el equipo. Fueron los primeros en llegar. A la vista del gran volumen de tierra y árboles, que obstruía toda la vía, concluyeron que no pueden retirarlo todo. Sin embargo, con la motosierra, podaron el árbol de mayores dimensiones para que la retirada completa, que se acometió al día siguiente, fuera más fácil.

En la misma zona, ladera abajo, una riada pasa a dos metros de una vivienda, llevando tierra y agua con la fuerza acumulada de varios días de lluvia. «El propietario quedó asustado, imagínate. Un poco más y le tira toda la casa abajo», indicó Gutiérrez.

En la base, situada en el recinto ferial de Mieres, preparan entre intervención e intervención, además, el reparto de comida trimestral que desahoga a 51 familias de la zona. «Aunque esto lo hagamos cada cierto tiempo, los lunes, martes, jueves y viernes recibimos productos a punto de caducar para repartirlos», explicaba Ortega con varias botellas de aceite en la mano. Aunque estos días la nieve sea la principal amenaza, no hay que olvidar los males cotidianos de muchas familias.

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