Disminuyen los daños por avalanchas

Gráfico del número de avalanchas documentadas por concejo, entre 1800 y 2015, y número de víctimas personales registradas en cada uno según se produjera entre los años 1800 y 1899, entre 1900 y 1959, y entre 1960 y 2015. / E. C.
Gráfico del número de avalanchas documentadas por concejo, entre 1800 y 2015, y número de víctimas personales registradas en cada uno según se produjera entre los años 1800 y 1899, entre 1900 y 1959, y entre 1960 y 2015. / E. C.

Un estudio universitario relaciona la reforestación con el descenso de víctimasSe contabilizan 192 muertos y 150 heridos por aludes desde el año 1800 en las montañas de Asturias, León y el occidente de Cantabria

E. C. GIJÓN.

Un equipo multidisciplinar, liderado por la investigadora de la Universidad de Oviedo Cristina García-Hernández, concluye que la reforestación espontánea ha causado la disminución del daño por avalanchas en el Macizo Asturiano en las últimas décadas. En el estudio, que ha visto la luz en la revista 'Global and Planetary Change', se ha analizado la evolución de los daños por avalancha en este territorio, que incluye la montaña asturiana, la leonesa y el sector occidental de la montaña cántabra, entre el año 1800 y la actualidad.

Los aludes han producido 342 víctimas en dicho tiempo, de las cuales 192 murieron y 150 resultaron heridas. La mayor parte de los daños personales y materiales se produjeron en los pueblos, y fueron causados por avalanchas de tamaño medio que se desencadenaron por debajo del 'timberline' (altitud a la que, de forma natural y si no hay talas, el bosque podría crecer).

Los resultados muestran que, a pesar de que la cifra de avalanchas de nieve no ha descendido de forma notable en estos 215 años, los daños causados han venido reduciéndose, especialmente desde 1950. Los cambios en la vegetación explican este proceso: los daños causados por las avalanchas fueron muy elevados en las últimas décadas del siglo XIX, un momento en el que el Macizo Asturiano se vio sometido a una intensa deforestación por el aumento demográfico, la intensidad del pastoreo y la desamortización de los montes públicos.

La investigación propone un equilibrio entre la explotación rural y el bosque

Cristina García-Hernández señala que «todo esto redujo la extensión de los bosques, que son capaces de protegernos frente a las avalanchas cuando estas no superan un tamaño medio, y también debemos tener en cuenta la expansión de la minería, que necesitaba madera autóctona para el entibado de las galerías y prefería el uso del roble, árbol que fue especialmente talado en el suroccidente del Macizo Asturiano. Esto explica en parte que los daños fueran muy acusados en este sector».

A partir de mediados de siglo XX, sin embargo, la situación cambia: la reducción de la utilización de madera autóctona para el entibado y, sobre todo, el abandono de las actividades agropecuarias en el medio rural, da lugar a la recuperación progresiva de la vegetación, un proceso que actualmente está afectando a la mayor parte de las áreas rurales de nuestro país. No obstante, los resultados de esta investigación no contradicen otros efectos negativos de este proceso de recuperación de la vegetación, como el aumento del riesgo de incendios o la pérdida del valor paisajístico. Por esta razón, una de las principales conclusiones de la investigación es que se debe buscar un equilibrio que permita combinar las actividades tradicionales en el medio rural con la conservación del «bosque protector».

Este estudio ha combinado la revisión de fuentes históricas (como la prensa y los archivos parroquiales), con la utilización de fotografías aéreas, las entrevistas a la población y el trabajo de campo. La información ha sido procesada estadísticamente y ha sido introducida en un Sistema de Información Geográfica, lo cual ha permitido monitorizar los cambios en los daños generados por las avalanchas en el espacio y a lo largo del tiempo. Todo lo anterior se ha puesto en relación con los cambios históricos que han afectado a los usos del suelo y a la vegetación.

El equipo científico, del que también han formado parte el geógrafo Jesús Ruiz-Fernández, de la Universidad de Oviedo, y la matemática Covadonga Sánchez de Posada, ha contado con la participación de tres investigadores del Instituto de Geografia e Ordenamento do Território de la Universidad de Lisboa.

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