Fue distinguido con el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1994

El jurista gijonés, en el momento de recibir el Premio Príncipe de Asturias en 1994. /  FUNDACIÓN PRINCESA
El jurista gijonés, en el momento de recibir el Premio Príncipe de Asturias en 1994. / FUNDACIÓN PRINCESA

Era un gran admirador de Jovellanos y recibió la Medalla de Oro de Asturias en 2009 junto al histórico vicepresidente de Cuba, José Ramón Fernández

M. MORO GIJÓN.

De los muchos reconocimientos que recibió en vida él se sentía especialmente orgulloso del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, que recibió de mano del hoy rey Felipe VI en 1994. El acta del jurado, entre los que se encontraban, entre otros, Gregorio Peces-Barba y Manuel Fraga Iribarne, resume los merecimientos del premiado en « la extraordinaria personalidad universitaria del profesor Menéndez, su condición indiscutible de maestro del Derecho Mercantil y de la Economía, donde ha continuado la alta tradición de la moderna escuela española de Derecho Mercantil y su generosa y fructífera labor de servicio público». Coincidió el Príncipe de Asturias con su nombramiento como Hijo Predilecto de Gijón, otro de sus orgullos personales del que nunca se olvidaba.

El fallecido se jactaba de ser un gran jovellanista y citaba con frecuencia al prócer gijonés en sus escritos. Según rememora Graciano García, director emérito de la Fundación Princesa de Asturias, le gustaba recordar cuando Fernando VII nombró a Jovellanos ministro de Gracia y Justicia: «Haré el bien. Evitaré el mal que pueda».

«Enseñante» ante todo

Otro de los hitos en su trayectoria de premios y reconocimientos fue, sin duda, la Medalla de Oro de Asturias que el Principado le otorgó en 2009 'ex aecquo' junto al vicepresidente de Cuba, José Ramón Fernández. «Soy un hombre con suerte; a lo largo de la vida me he encontrado con las mejoras personas», era esa otra de sus frases marca de la casa. También aseguraba unos días antes de recoger el máximo galardón que se otorga en su tierra natal que «yo he sido y he querido ser siempre un profesor universitario». Y explicaba: «He estado en mucho sitios a destiempo, pero la verdad pura es ésta. Ser profesor universitario me ha proporcionado muchas satisfacciones, muchas. He tenido miles de alumnos y los he querido mucho, mucho, porque yo he sido, sobre todo, un enseñante».

Se consideraba «un cristiano progresista» sin adscripción a ninguna tendencia política y recordaba siempre que podía que «Asturias fue la base de esto que llamamos España».

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