Distinguir el auténtico del falso

A la izquierda, azabache asturiano; a la derecha, lignito con sus características grietas / DAMIÁN ARIENZA

El azabache asturiano está considerado uno de los de mayor calidad del mundo, junto a los del yacimiento británico de Whitby (Yorkshire). Procede de árboles del periodo jurásico pertenecientes al grupo de las protopináceas, cuya extinción datan hace 65 millones de años estudios de la Universidad de Oviedo. Se formó a partir de madera fosilizada en presencia de agua y es es una mezcla heterogénea de material carbonáceo orgánico y materia minera, constituido principalmente por vitrinita. Su propiedades: color negro brillante, brillo vítreo, compacto, suave al tacto y duro: 3-4, en la escala de Mohs, su densidad oscila entre 1,2 - 1,3 gr/cm3

Se le considera una variedad de lignito, aunque la naturaleza y calidad del azabache jurásico del Principado le hacen muy distinto de otros lignitos, como el proveniente de yacimientos de Georgia o Turquía. Nuestros expertos nos dan algunas pistas para diferenciarlos: «Se carga eléctricamente (en Galicia se decía que atrae «a palla», la paja seca), es consistente y duradero, lo contrario al lignito que se fractura por cambio de presión o temperatura», explica María Pérez, aunque admite que «al ojo humano no siempre se distingue en una pieza acabada, sólo se podría saber con el tiempo». Pedro Villanueva nos da las suyas: «El asturiano no tiene parangón en calidad, dureza y brillo: los materiales foráneos se agrietan fácilmente y su brillo es mate, no espejo como el autóctono». Además de estas cualidades no siempre detectables por el consumidor, los expertos consultados coinciden en señalar un indicador fiable de la procedencia de una pieza: el precio: «Si es demasiado barato, hay 'gatu encerráu'», afirma Villanueva y Pérez pone incluso una cifra : «Una cigua de tamaño pequeño si vale menos de 10 euros, para mí es sospechosa».

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