Doce cuerpos para cerrar una herida

Doce cuerpos para cerrar una herida
Participantes en la reconstrucción de la escena. / FAMILIA CIENFUEGOS

Una docena de personas simularon la posición real en la que quedaron los cuerpos de los fusilados en la fosa común de este enclave de Pajares

PABLO A. MARÍN ESTRADA PAJARES.

Doce cuerpos humanos hacinados en una fosa recién excavada. Esa fue la impactante imagen que vieron un grupo de vecinos de Pajares antes de coger de nuevo las palas para cubrirlos con la misma tierra una mañana de noviembre de 1937. Los testimonios orales señalan que alguien -probablemente uno de los participantes en la matanza- bajó al pueblo y avisó al maestro de que más arriba, en el monte había «unos cuantos castrones» -es la expresión repetida por los testigos- a los que había que enterrar. Más de ochenta años después, la fosa de Parasimón, intervenida por el equipo del forense Francisco Etxeberría para exhumar los restos de aquellos doce hombres, volvía a ofrecer la imagen de esos cuerpos en la posición exacta en que fueron hallados. Era el último paso sobre el terreno para cerrar aquella herida abierta en los años más terribles de la postguerra.

El trabajo en el escenario de aquel crimen múltiple concluía así para los arqueólogos y antropólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi que preside Etxeberría. Tienen ahora por delante una tarea no menos ardua y compleja que la realizada en la campera de Parasimón durante los tres últimos días. La limpieza y el estudio de cada pieza exhumada -incluidos los objetos hallados- será clave para poder acometer en un futuro el proceso de identificación de los cuerpos mediante el cotejo de su ADN con el de familiares de personas desaparecidas en la misma zona (el concejo de Aller, de donde procedía Luis Cienfuegos Suárez, la única víctima que hasta ahora está identificada). El propósito de los especialistas y de la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa de Parasimón es que el resultado documentado de la investigación se haga público. Otro paso más para ir cerrando la herida.

Tal vez no se haya acometido en Asturias una apertura de una fosa común con el rigor y los medios empleados en esta ocasión. Antes de llegar a ella, se emprendieron dos campañas de investigación arqueológica dirigidas por Jesús F. Torres y Antxoka Martínez que sirvieron para localizar con exactitud el escenario de la ejecución, hallar numerosa munición empleada en él y los primeros restos humanos para poder iniciar la apertura del enterramiento. El equipo de especialistas de Francisco Etxebarría se ha encargado de esta compleja tarea científica coordinados por Martínez y a la que también se ha sumado a título personal y de manera totalmente altruista (como todos los profesionales que intervinieron en ella) la arqueóloga Esperanza Martín, directora del yacimiento de La Carisa. Además de la exhumación e identificación de cada pieza hallada se ha realizado un mapa topográfico de la fosa y una fotogrametría en 3D de los restos.

La reconstrucción con voluntarios -miembros del equipo y familiares de las víctimas- de la posición real que ocupaban los doce cuerpos fue dirigida por el propio Francisco Etxeberría siguiendo la descripción anotada en los trabajos. Para estos especialistas ha sido una tarea más del proceso que han realizado en innumerables ocasiones. En el caso de quienes se prestaban por primera vez a ello, como los nietos de Luis Cienfuegos, una vivencia difícil de expresar con palabras. Tampoco resulta fácil cerrar las heridas que aún duelen.

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