Sequía en Cangas del Narcea: doce minutos para llenar una botella

María Isabel Martínez, la molinera de Cibuyo, donde prácticamente no baja agua en el río.
María Isabel Martínez, la molinera de Cibuyo, donde prácticamente no baja agua en el río. / B. G. H.

Vecinos de Cangas del Narcea ven cómo los caños de sus fuentes se van secando

B. G. HIDALGO / L. CASTRO / G. D. RUBÍN CANGAS / LLANES/ OVIEDO.

Pocos son los vecinos que acuden a las fuentes de Cangas del Narcea a llenar sus botellas cada día. De los caños de muchas de ellas apenas cae agua. Los pocos que acuden se arman de paciencia y asisten desolados a la realidad de un verano marcado por una sequía que ya preveían en invierno ante la ausencia de nevadas contundentes.

En el barrio del Cascarín aún es posible rellenar una botella. Sin embargo, los vecinos cuentan «puede llevar, mínimo, doce minutos llenar una botella», señala uno de ellos al pasar por el lugar. Resulta insólito para quienes conocieron esta fuente en todo su esplendor. «La gente pone la botella y se va a dar un paseo mientras se llena. Antes esto era impensable. Todos bebíamos de esta fuente, es más, la gente del Barrio Nuevo venía a por ella aquí», explican.

El agua gotea en la fuente del Cascarín. / B. G. H..

En Cibuyo, también en Cangas del Narcea, José Collar hace memoria tratando de recordar una situación como la de este año. Propietario de un molino, cuenta que este año «no había agua para moler en plena primavera». «Ya son tres las veces que tuvimos que subir al río y arreglar la estacada para que llegase el agua a la presa», relata, al tiempo que dice que por la sequía «cuesta muchísimo guiar el agua hacia la presa porque hay poca. La compuerta está totalmente abierta». En el río, los morrillos, los cantos, han ganado terreno al cauce y una de las compuertas por las que salía el agua que no lograba encauzar la presa, a día de hoy, ni siquiera se moja. «Por ahí se desviaría el sobrante, pero no hay nada. Solo ves morrillos», relata. Tampoco hay agua en Vegapope.

Con las reservas de Los Alfilorios en mínimos históricos, nunca antes había sido necesario usar los equipos de bombeo para sacar agua del embalse. Oviedo está tirando de fuentes alternativas para atender sus necesidades. De un lado, ha aumentado la compra de agua a Cadasa hasta el 41% del consumo total, según los últimos datos disponibles, y ha puesto en marcha las seis bombas que extraen agua del acuífero situado bajo el cauce del Nalón a su paso por Palomar (Ribera de Arriba). No es lo deseable. El metro cúbico comprado al Consorcio de Aguas le sale al Ayuntamiento a 0,32 euros el metro cúbico. Y usar bombas, además, encarece el proceso por el consumo de gasóleo, pero hay otras consecuencias. Ni el agua del Alto Nalón ni tampoco las del fondo del embalse ni mucho menos las del subálveo del Nalón tienen las mismas cualidades que la que aporta el canal del Aramo desde los manantiales de Quirós, Morcín o Lena. La edil de Aguas, Ana Rivas, anunció que para mantener la calidad del suministro, que «está completamente garantizada», se ha reforzado la cloración en el depósito de Cuyences, desde donde Oviedo se abastece de Cadasa, y también el tratamiento de ozono que se aplica en la planta potabilizadora de Cabornio a las aguas procedentes del bombeo de Palomar y del propio embalse. Así, ayer llamaba la atención que los aspersores del HUCA estuvieran a pleno rendimiento cuando el Ayuntamiento sí ha restringido su riego.

Aspersores del HUCA en pleno funcionamiento ayer por la tarde. Una imagen del hospital del Principado que contrasta con las restricciones de riego ordenadas esta semana por el Ayuntamiento de Oviedo. / MARIO ROJAS

«El orbayu no sirve»

En la aldea llanisca de Fresnéu también están padeciendo los efectos de la sequía. Uno de sus vecinos, Ramón Cueto Ardueno, asegura que «el orbayu no sirve de nada porque no llena el manantial». El Consistorio llanisco colabora con la aldea abasteciéndola con cubas de agua cada vez que se lo solicitan, pero el concejal Juan Carlos Armas señaló que «es una solución momentánea porque son los vecinos los que deben responsabilizarse a través de su junta de aguas».

Con el mismo problema, están los residentes de Pendás, en Parres. «En cuestión de seis meses hemos pasado de un caudal de 18 litros por minuto, a uno de 7,5», advirtió el presidente de la asociación de usuarios del agua de la aldea, Máximo de Paulis. Esta localidad parraguesa ha interpuesto restricciones como no llenar las piscinas ni lavar el coche.

Aún más rigurosos son en Arobes, donde sus habitantes sufren cortes de agua de 15 a 19 horas y de 23 a 7 de la mañana. «Llevo viviendo aquí 44 años y no recuerdo un año tan seco como este», indicó José Ramón Bode.

Más información

Fotos

Vídeos