«Se necesitan cadáveres»

Úrsula Fernández y Jaime Fernández, alumnos de primero de Medicina, estudian los músculos del cuerpo humano antes de una clase práctica. / ÁLEX PIÑA

Diez años después de cerrar las donaciones, la Facultad de Medicina busca nuevas cesiones de cuerpos

Laura Mayordomo
LAURA MAYORDOMOGijón

En el depósito de cadáveres de la Facultad de Medicina de Oviedo ya solo quedan catorce cuerpos disponibles para la docencia y la investigación. Otros ocho se conservan en los frigoríficos de la novena planta del edificio, donde están disponibles para las prácticas de los alumnos de Medicina -tienen dos asignaturas en primer curso y otras cinco en segundo que requieren este tipo de formación-, pero también para los de Enfermería, Fisioterapia, Odontología y Logopedia. En total, estudiantes y profesores disponen de veintidós cuerpos. La cifr no preocupa en exceso, pero puede llegar a hacerlo si en los próximos años no entra un número de cadáveres que garantice poder contar con material suficiente para sus clases. Por eso, una década después de haber cerrado el registro de donantes -por las dificultades de asumir el tan elevado volumen de solicitudes que les llegaban cada año-, la facultad ha vuelto a abrirlo. Ahora busca voluntarios. Los necesita.

Cuando tomó la determinación de no aceptar más donaciones, unas quinientas personas tenían abierta ficha en el registro de la facultad. Sin embargo, no se puede considerar esa cifra como exacta porque, explica el decano de Medicina, Alfonso López Muñiz, «muchas pueden haber fallecido en este tiempo sin que las familias cumplieran su voluntad y, desgraciadamente, sin comunicárnoslo a nosotros». No le cabe duda de que la campaña de sensibilización social que la Consejería de Sanidad llevará a cabo próximamente en centros de salud de toda la región tendrá la buena acogida que esperan. Porque, al igual que en la donación de órganos, «Asturias siempre ha estado a la cabeza en donaciones de cadáveres», destaca el decano.

Hay otra razón de peso para volver a abrir las donaciones. En el último año se han llevado a cabo una serie de obras tanto en el depósito como en las salas de disecciones en las que se han invertido cerca de 100.000 euros y que, entre otras cosas, han permitido ampliar la capacidad de los congeladores y frigoríficos donde se conservan los cuerpos tras haber sido embalsamados. «Hay que reconocer que tanto el anterior equipo rectoral como el actual se volcaron con nosotros. Ahora tenemos mucho espacio, por eso necesitamos cadáveres, porque esas instalaciones están infrautilizadas», expone Santos Suárez Garnacho, director del Departamento de Morfología y Biología Celular.

Identificados con microchip

En los actuales congeladores y frigoríficos con que cuenta la facultad habría espacio para albergar hasta 50 cuerpos, estima. Ahora mismo, hay menos de la mitad. Eso ha obligado a Suárez Garnacho a idear una fórmula para garantizar que los alumnos de las, en total, catorce asignaturas que requieren prácticas en las salas de disección cuenten con cuerpos con los que trabajar. «A cada profesor le gustaría tener un cadáver, pero con los recursos actuales no es posible. Hay que organizarse de forma que los alumnos de dos o tres asignaturas compartan un mismo cadáver durante todo el curso», explica.

Y cada cuerpo completo da para las prácticas de dos cursos. Las piezas cadavéricas, en cambio, «duran más». Cuando el cadáver ya queda inservible es cuando hay que volver a llamar a la funeraria para que retire esos restos -es algo que se hace todos los años- y se proceda a su incineración o enterramiento.

Es la misma funeraria que se encarga de trasladar los cuerpos a la Facultad de Medicina cuando se produce el deceso de un donante. Todos los gastos corren por cuenta del centro y pueden rondar los 1.200 euros, aunque varían en función del lugar desde donde haya que hacer el traslado.

Una vez en la facultad, se les afeita la cabeza al cero y se les embalsama introduciendo por la carótida cinco litros de lo que se denomina 'líquido fijador'. Después, se colocan ocho microchip -en cada uno de los dedos gordos de los pies y las manos, en los lóbulos de la oreja y en la pelvis con datos que se registran en un sistema informático y permiten tener identificada cada pieza de un cadáver. En función de las necesidades de cada asignatura, los cuerpos se diseccionan en partes más pequeñas o se conservan íntegros.

En el sótano de la Facultad de Medicina aún se conservan seis tanques de formaldehído en los que los cadáveres pueden conservarse indefinidamente, pero la idea del profesor Sánchez Garnacho es ir sustituyendo su uso por los congeladores, en los que los cuerpos se conservan dentro de bolsas y a temperaturas bajo cero -en torno a los -23 grados-, para evitar precisamente el contacto con ese compuesto químico, considerado cancerígeno.

Él, que lleva era años de docencia, recuerda los tiempos en que esos seis tanques estaban llenos. «Comprimiéndolos podían albergar más de veinte cadáveres». Era cuando la facultad podía recibir al año cerca de veinte cuerpos. Eso les permitía elegir, normalmente, los más delgados, mucho más fáciles de manejar a la hora de realizar las disecciones.

Tantos años entre cadáveres dan para alguna que otra anécdota. Recuerda Sánchez Garnacho una ocasión, a los pocos años de empezar su carrera como docente, en que se encontraba en el depósito con otro compañeros y se disponían a embalsamar un cuerpo cuando éste, de repente, emitió un eructo, dejándolos sin palabras. «Los dos sabíamos que lo había provocado los gases que hay en el estómago y que los había expulsado al moverlo, pero no pudimos evitar una risa nerviosa», cuenta.

Nueva normativa

Tras haber renovado los equipos motores de los congeladores y frigoríficos y de ampliar su capacidad, de haber instalado un sistema de climatización que renueva hasta 35 veces a la hora el aire de las salas de disección y de haber actualizado las pantallas de televisión y la cámara que permite seguir con más detalle las clases prácticas, la última inversión pendiente es la de acometer la sustitución del viejo suelo de gresite de las salas por otro liso y antiadherente, como marca la normativa actual. Con esas mejoras ya concluidas, en la Facultad de Medicina ya solo esperan que la llamada a la solidaridad de los asturianos tenga respuesta.

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