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El PSOE buscará pactos esporádicos y prefiere acuerdos por la izquierda

Javier Fernández se dirige a los presentes en el cuartel general socialista, en la noche del domingo, tras conocerse el resultado.
Javier Fernández se dirige a los presentes en el cuartel general socialista, en la noche del domingo, tras conocerse el resultado. / DANIEL MORA
  • No se cierra ninguna puerta aunque es consciente de la enorme distancia que le separa de Podemos; la constitución de los ayuntamientos, primera piedra de toque

Javier Fernández ya tuvo que hacer equilibrios en el alambre en la pasada legislatura, cuando gobernó la primera parte de la misma con IU y UPyD y la recta final apoyado en el PP, pero ahora se enfrenta a un circense 'más difícil todavía'. El dictamen de las urnas en Asturias deja al aspirante socialista a la reelección con pocas opciones entre las que elegir y todas tienen sus dificultades. El PSOE da por hecho que no habrá acuerdos estables y que tendrá que trabajar a golpe de pacto puntual, y por esa senda preferiría avanzar a través de entendimientos en el espectro de la izquierda, representada por Podemos e IU. El problema es que la relación con la nueva formación es tensa, por no decir inexistente. También podría dar un giro de 180 grados y mirar hacia el PP, pero en vísperas de unas elecciones generales esa fotografía no convence a nadie y gusta muy poco en la sede federal de Ferraz. El partido no se cierra ninguna puerta, tampoco la aplicación de la famosa doctrina de la 'geometría variable' que implica buscar consensos específicos para cada asunto concreto. Algo que también tiene sus riesgos.

Pero con la victoria en el bolsillo, los socialistas asturianos se toman las cosas con calma. Sin prisa. Es el momento del «análisis sosegado», en palabras del secretario de Organización, Jesús Gutiérrez, que cree que hay tiempo por delante para tomar decisiones. El partido se reúne mañana para analizar el resultado, dando continuidad a la reunión de ayer de la ejecutiva federal en Madrid y al comité federal que tendrá lugar el sábado. De este cúmulo de citas saldrá una estrategia a seguir, teniendo además en cuenta la influencia que en todo el proceso tendrá la composición de los ayuntamientos, el 13 de junio.

Aquí no se trata tanto de componendas o cambios de cromos, con nuevos partidos de por medio que han jurado huir de esas actitudes, como de sensaciones. Parece evidente que si hay un acuerdo de la izquierda en Oviedo para desalojar al PP, con la candidata de Somos, Ana Taboada, como alcaldesa, y ese entendimiento se repite en Gijón en este caso con el socialista José María Pérez sustituyendo como regidor a Carmen Moriyón, de Foro, la maquinaria de posibles consensos en el ámbito autonómico estaría mejor engrasada. Pero a día de hoy eso es solo una hipótesis.

Pero igual que un posible entendimiento PSOE-IU, que sería insuficiente en términos de aritmética parlamentaria, no se antoja imposible, la inclusión de Podemos en la ecuación ya plantea más dudas. Por ambas partes. La formación de Emilio León ha irrumpido en la política asturiana con acusaciones muy duras a los partidos tradicionales, a partir del argumento de la 'casta', así que pensar ahora en un entendimiento con aquellos a quienes tan severamente has atacado parece muy complicado. Más aún con unas elecciones generales en el horizonte en las que Podemos mantiene su aspiración de asaltar La Moncloa y está por ver hasta qué punto le ayudaría la foto de los pactos, aunque fueran puntuales, con el PSOE. Los socialistas, por su parte, han dejado claro que no habrá nada que hablar «con quien nos insulte».

Para llegar a los 23 escaños que dan la victoria en las votaciones en la Junta al PSOE le quedaría la alternativa del PP, como hizo en la segunda parte de la anterior legislatura. Pero también esa operación plantea problemas. Ferraz ya ha dicho 'no' y tampoco parece que los populares, tan dispuestos a pactar antes de los comicios del domingo, estén ahora por la labor, con unas generales próximas ante las que la foto del acuerdo del bipartidismo no haría ningún favor a sus intereses.

Queda entonces una tercera vía, la 'geometría variable', que pasa por pactar cada asunto concreto con una fuerza distinta, en función del interés de cada momento. Puede funcionar, a Fernández le sirvió en estos tres últimos años, pero el riesgo de enfadar a todos y que todo acabe explotando es alto.