La diabetes, una enfermedad crónica, «invisible y caprichosa»

Yaiza García Fernández, con su instrumental de insulina. / J. SIMAL
Yaiza García Fernández, con su instrumental de insulina. / J. SIMAL

«A lo mejor algún día se cura y por eso hay que estar lo más sano posible», afirma Yaiza García. La mujer centra la campaña del Día Mundial contra esta dolencia

ANA SOLÍS GIJÓN.

La diabetes es una enfermedad grave. Catalogada como epidemia por la Organización Mundial de la Salud, esta patología afecta a más de 385 millones de personas en todo el mundo. Asturias contabiliza unos 80.000 enfermos en todo su territorio. Pero hay casos que no están computados. «Hay muchos más, si nos fijamos en los que ni siquiera saben que la tienen», asegura Andrés Marcelino García, presidente de la Asociación de Diabéticos del Principado de Asturias (Asdipas). 'Mujeres y diabetes' es el lema escogido por esta asociación para enfocar sus programa de actividades entorno al Día Mundial de la Diabetes que cada año se celebra el 14 de noviembre.

Yaiza García Fernández nació en Gijón hace 33 años. Es madre, enfermera y, también, diabética. «Debuté con 14 años con una diabetes tipo 1», se presenta. Sabe que es importante distinguir entre los tipos de diabetes.

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Existen pacientes tipo 1 y tipo 2. Los primeros padecen la enfermedad porque el páncreas no fabrica suficiente cantidad de insulina. Varios factores motivan su aparición, entre los que destaca la genética. Los de tipo 2 desarrollan la diabetes en la edad adulta. El cuerpo no deja de producir insulina totalmente, pero presenta resistencia ante esta hormona. Los malos hábitos alimenticios, excesos de grasas y una vida sedentaria suelen ser las principales causas. En los últimos años, los problemas de obesidad infantil han derivado en que niños y adolescentes presenten esta tipología. Hay, además, otro tipo que afecta a las mujeres: la diabetes gestacional. Esta última se desarrolla durante el embarazo por el exceso de glucosa en sangre que algunas mujeres sufren en los nueve meses de gestación. Una vez se da a luz, hay a quienes se les normalizan los niveles y, por el contrario, en otros casos se convierte en una diabetes de tipo 2. En este caso incluso pueden transmitir la enfermedad a su hijo. Es importante tener en cuenta este tipo de diabetes, pues dos de cada cinco mujeres diabéticas en el mundo están en edad reproductiva.

Falsos mitos

Tomar mucho azúcar provoca diabetes.
No. La diabetes tipo 1 se suele desarrollar en personas con determinados factores (por ejemplo genéticos). En la diabetes tipo 2 influyen además otros factores derivados de un estilo de vida poco saludable.
Se puede tener un poco de diabetes o el azúcar alto.
No existe tal cosa. En algunos casos se habla de ‘prediabetes’ cuando los niveles de glucosa no son normales, pero no son tan altos para diagnosticar diabetes.
Los alimentos sin azúcar añadido o ‘light’ son buenos para diabéticos.
Estos productos pueden llevar otro tipo de hidratos de carbono. Esta distinción no significa que sean aptos para diabéticos.
Ante una hipoglucemia, lo mejor es tomar bollería o chocolate.
Son alimentos de bajo índice glucémico y hacen que el paso de la glucemia a la sangre sea más lento. Puede provocar un efecto rebote (hiperglucemia) tras la bajada.
Los diabéticos no pueden donar sangre.
Pueden hacerlo siempre que sus niveles de glucemia estén bien controlados.
Los diabéticos no pueden hacerse tatuajes.
Sí, aunque se recomienda no tatuarse en las zonas en las que se inyecta la insulina.

Yaiza cuenta su experiencia. Dio a luz hace cuatro años. «Una mujer diabética no puede desconocer que está embarazada. Tiene que planificarlo muy bien porque necesita un control mucho más estricto de sus niveles y tiene que pincharte más insulina», dice. «Una vez que me quedé embarazada, pasé directamente a una consulta de alto riesgo para un mayor control», continúa.

«Llevaba quince años con mi tratamiento y no quise cambiarlo. No tuve ningún problema. Mi hijo nació totalmente sano, aunque con macrosomía (más grande que el promedio). Esto es frecuente cuando las madres son diabéticas, pues todo el exceso de azúcar que tiene pasa al feto», explica. «Una vez que di a luz, mi diabetes volvió a sus niveles habituales». ¿Y su hijo? «Mi niño nació totalmente sano, pero es cierto que me preocupo más porque lleve una dieta sana y equilibrada y haga deporte porque es más propenso que el resto a desarrollarla a lo largo de su vida», explica.

Yaiza lleva siempre consigo su instrumental de insulina (inyecciones, medidores y tiras) y algún alimento azucarado, como los zumos «por si me da algún bajón». Una 'mochila' con la que estos enfermos siempre tienen que cargar porque «la diabetes es una enfermedad invisible, no de las peores, pero muy caprichosa. Está contigo todo el día y tu cabeza no deja de pensar en ella porque los niveles tienen que están muy controlados», confiesa. «Es muy importante que la gente de tu entorno sepa que eres diabético, no hay que esconderlo. Yo nunca escondí la enfermedad y por eso hice lo que quise siempre. Competí en atletismo, practico muchos otros deportes e incluso participé en una expedición al Polo Norte», cuenta. «A lo mejor algún día se cura, por eso hay que estar lo más sano posible». Eso sí, «la sanidad tiene que implicarse más, sobre todo, ofreciendo más apoyo emocional, es una enfermedad que produce muchos altibajos y afecta mucho al estado anímico».

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