De las estructuras de ADN a las plantaciones de café en África

Javier Fernández Castañón, en la Facultad de Ciencias. / LORENZANA
Javier Fernández Castañón, en la Facultad de Ciencias. / LORENZANA

El físico asturiano Javier Fernández habló en la Facultad de Ciencias de su investigación y de su proyecto de cooperación en Uganda

L. M. GIJÓN.

Es un joven polifacético. Javier Fernández Castañón, ovetense de 27 años, concluyó sus estudios de Física en 2013, realiza su doctorado en las universidades de La Sapienza (Italia) y Cambridge (Reino Unido) y mantiene una estrecha relación con Uganda, donde en 2015 puso en marcha un proyecto de cooperación con el café como eje. Hoy, las 800 hectáreas de este cultivo que impulsó en cuatro regiones del país africano producen más de 500.000 kilos al año, dan trabajo a más de 900 agricultores y permiten la escolarización de más de 1.400 niños. De todo esto habló ayer en la Facultad de Ciencias, en una conferencia en la que también relató a los alumnos su trayectoria tras concluir la licenciatura -la suya fue la última promoción antes de la entrada en vigor del plan Bolonia- y las distintas salidas profesionales para sus estudios.

Tras pasar por Francia, Gran Bretaña o Alemania, ahora trabaja en Roma -con una beca Marie Curie de la Unión Europea- en desentrañar otras aplicaciones del ADN más allá del campo de la biología. El ovetense forma parte del grupo de investigadores que ha logrado desarrollar moléculas artificiales a partir de ADN que pueden dar lugar a materiales de última generación. Son, explica Javier Fernández, como pequeñas piezas de Lego con las que uno puede ir componiendo formas a su gusto. Él trabaja con estrellas de cuatro brazos a partir de las cuales «se puede crear cualquier tipo de estructura de la vida real a un tamaño cien o doscientas veces inferior y además extender las propiedades que tiene la material normal». Porque, como ocurre con la miel, las cadenas de ADN con las que trabajan ven modificado su estado -de líquido a sólido y nuevamente a líquido- según se sometan a una temperatura más o menos elevada.

La investigación tiene una aplicación clara en el campo médico. Por ejemplo, utilizando estas estructuras para encapsular fármacos. En estado líquido sería muy sencillo introducirlas en el cuerpo humano y, una vez en su interior, ya solidificadas, podrían ir liberando los principios activos de forma gradual.

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