La falda reina entre las alumnas con uniforme

Elección en el Codema. Un niño y una niña, en el Corazón de María de Gijón. El centro abrió un proceso participativo sobre el uniforme y permite a las alumnas elegir entre falda o pantalón. / A. FLÓREZ

El Congreso pide eliminar la obligatoriedad de usar esta prenda en los colegios al considerarlo discriminatorio | La inmensa mayoría de los centros concertados sigue optando por ella, aunque algunos ya ofrecen a las estudiantes la opción de vestir pantalón

ELENA RODRÍGUEZ GIJÓN.

Unimos Podemos ha abierto la caja de Pandora. Hace solo unos días presentó en la Comisión de Igualdad del Congreso una proposición no de ley para acabar con la imposición de la falda en los centros educativos al considerar que «perpetúa estereotipos de género» y «es discriminatoria». Salió aprobada con el voto a favor del PSOE, el voto en contra del PP (que aludió a la autonomía del centro y a la libertad de elección del consejo escolar) y la abstención de Ciudadanos. Ahora, esta propuesta para reformar la Ley de Igualdad y acabar «con un anacronismo que vulnera la igualdad entre hombres y mujeres» está encima de la mesa del Gobierno.

Pero esta lucha, ahora con más repercusión, no es nueva. Las primeras objetoras fueron dos niñas canarias, Sina y Carmen, que en 2015, con ocho años, se negaron a vestir la falda tras escuchar cómo el Supremo permitía vestir por igual a los sanitarios de enfermería. Quienes apoyan la causa alegan, además que la falda les impide correr o jugar con libertad, se les ve la ropa interior y pasan frío en invierno.

En los centros privados y concertados de Asturias -donde fundamentalmente se usa el uniforme (unos 60)-, se ve el debate con distancia. Entre otras cosas, porque la decisión de utilizarlo fue impulsada por las propias familias y porque, al menos en los de mayor tamaño, ya permiten a las alumnas usar falda o pantalón. La cuestión, coinciden, es que las alumnas, en su inmensa mayoría, siguen decantándose por usar la falda. El principal motivo, el estético.

Esta flexibilidad de usar falda o pantalón ya existe en colegios como el Corazón de María (Codema), en Gijón, donde hasta el curso 2012-2013 no había uniforme. Al manifestar las familias su interés en repensar esta cuestión, se abrió un proceso que debía contar con más de un 50% de participación y dos tercios a favor. El 'sí' ganó en Infantil (donde se usa ropa deportiva) y en primero, segundo, tercero y cuarto de Primaria. Fue estos niveles donde se implantó el curso siguiente y, para respetar la decisión de los que no quisieron, se fue extendiendo gradualmente hasta llegar hoy a segundo de la ESO, con la intención de ampliarse a cuarto de Secundaria. En Bachillerato es voluntario.

Su director, Simón Cortina, sostiene que «el centro da la oportunidad de elegir a las alumnas. Esa elección supone libertad y educar en igualdad». Ahora bien, son pocas las que se inclinan por el pantalón. El uniforme, que con el tiempo fue gustando más «por sus colores alegres», se ve con normalidad.

«¿Llevarlo a una ley?»

Una situación muy parecida se vivió el Colegio Santa María del Naranco, en Oviedo, con 1.800 alumnos. «El uniforme se recuperó hace siete u ocho años a petición de las familias, que lo veían más cómodo para no tener que luchar todas las mañanas con el '¿qué me pongo?'», recuerda su director, Jaime Nicolás Alvarodíaz. Reconoce que él no era partidario, pero «ahora todos están encantados».

En su caso, también se da la opción a las alumnas de Primaria y Secundaria de elegir entre falda o pantalón, con un corte específico para ellas. «Sin embargo, el 99% sigue usando falda». O minifalda, por lo que mucho que las adolescentes, en general, tienden a acortar el largo. «Desde mi punto de vista personal, lo mejor sería que todos, chicos y chicas, vistieran pantalón y no hubiera distinción de sexos. El pantalón es más práctico para las actividades cotidianas. Para subir, bajar, sentarse...», añade.

En este sentido, apunta que está «en contra de todo sexismo, de todo aquello que vaya en contra de la libertad, la igualdad y la dignidad», aunque no oculta su temor a que la iniciativa parlamentaria lleve implícita «otra forma de sexismo» en el que se imponga el pantalón.

«Lo que propone la comisión es de sentido común», indica Mónica Corominas, jefa de Estudios de Innovación Educativa en el colegio San Fernando de Avilés, con 1.700 estudiantes. «No puede ser obligatorio ni la falda ni el pantalón. Cada uno tiene que sentirse a gusto con su forma de vestir y de sentir. Una cosa -señala- es que se haga una recomendación desde instancias superiores. Pero de ahí a llevarlo a una ley...».

Hace una década, en su centro, también a solicitud de los padres, se sometió a votación si se implantaba el uniforme o no. Triunfó el 'sí. Desde entonces, se ofrece a todo el alumnado femenino (salvo en Bachillerato, que no es obligatorio) optar por falda o pantalón. Como en los anteriores, la mayoría continúa con la falda. Por estética. «Con pantalón puede haber cinco o seis en Secundaria», especifica Corominas, que recuerda cómo hace solos unos días «dos chicas de Bachillerato preguntaron si podían seguir con el uniforme».

Problemas más acuciantes

La opción de elegir el pantalón también existe en el San Vicente de Paúl de Gijón. «Unas alumnas de Secundaria así lo pidieron hace cinco años en el consejo escolar», explica su directora, Julia Roces. «Alegaban que con la falda pasaban frío». Desde aquella petición pueden decantarse por un pantalón azul marino colegial con distinta forma. Pero solo algunas lo llevan en invierno. «Serán tres, cuatro, cinco...». El resto continúa con leotardos y falda. «Dicen que por comodidad». Aunque también «por costumbre».

Precisamente a «razones culturales arraigadas» atribuye el director del Colegio Santa Teresa de Jesús de Oviedo, Ramón Eliseo Fernández, el uso de la falda. «Ahora nuestro uniforme se ha homologado con el del resto de colegios de las Teresianas y se mantiene la falda, pero hace unos años dependía del propio centro y usar falda o pantalón lo dejamos al criterio de nuestras alumnas. Si querían, en invierno, podían utilizar el pantalón. Pero, aun pudiendo, no se usaba. No hubo reivindicación en este sentido».

Ahora queda la falda, aunque el director sostiene que, si de él dependiera, no se cerraría en banda al pantalón. «En cualquier caso yo no veo la falda como algo sexista ni peyorativo. Responde a razones culturales arraigadas. Nada más», sostiene. Lo que sí ve «extraño» es que este asunto quiera plasmarse en una ley y se pregunta «cómo es posible que habiendo en Educación problemas más acuciantes se esté haciendo un debate sobre el uniforme. Es algo superfluo». Exactamente la misma pregunta se hace Jesús Alonso Vallaure, el presidente de la Asociación de Padres de Alumnos del colegio la Inmaculada (Jesuitas) de Gijón. «Mira que no hay problemas en el mundo...», dice.

En el centro conviven actualmente dos tipos de uniforme, ya que hace dos años el suyo se unificó con el de los demás centros de jesuitas de la zona norte. En el modelo antiguo -este curso es el último en el que pervive-, había falda-pantalón para las chicas y, en el nuevo, falda. Hay quienes recuerdan que, hace años, existía un pantalón con corte de chica, «pero su uso era muy residual».

Este tipo de decisiones -sostiene el secretario de Escuelas Católicas, Carlos Robla- «no son producto del azar, sino que se ha consultado antes a las familias. Hay que respetarlo y verlo con normalidad. Desde mi punto de vista, el uso de la falda no es discriminatorio, sino una tradición. Pero, evidentemente, se puede cambiar. No pasa nada», sostiene el también exdirector del Auseva (Maristas), de Oviedo, que en su etapa al frente y, siendo contrario al uniforme, abrió la votación a las familias, que optaron por su implantación.

En una docena de públicos

Aunque el uniforme está extendido en la concertada, hay centros públicos (alrededor de una docena) donde está permitido que las familias que así lo quieran lleven a sus hijos con uniforme. Es opcional. En Gijón, por ejemplo, cuentan con esta posibilidad el Clarín, el Piles y el colegio Cabueñes, donde los padres aseguran que, «al haber un amplio abanico de posibilidades», este debate sobre el uso de la falda o el pantalón no les afecta de lleno.

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