La falta de fondos deja a Asturias sin un sistema que anticipe los argayos

Argayo ocurrido en la N-634 en Parres, en el año 2015.
Argayo ocurrido en la N-634 en Parres, en el año 2015. / N. ACEBAL

La Universidad de Oviedo concluye un estudio de cuatro años que estima cuánto tiene que llover para que empiecen a darse los deslizamientos

RAMÓN MUÑIZ OVIEDO.

En Asturias el 97,9% de los argayos estropea carreteras, vías ferroviarias, casas y tendidos eléctricos. El resto deja víctimas humanas. Donde es posible, arreglar los estropicios requiere una inversión estimada entre 212.000 y 227.000 euros, aunque en cuatro ocasiones la factura excedió el millón. A estos números ha llegado Pablo Valenzuela, geólogo de la Universidad de Oviedo, después de cuatro años estudiando el fenómeno como no lo había hecho nadie antes. Buceó en la hemeroteca de EL COMERCIO y otros medios de comunicación y abrió una página web para que montañeros, agentes de la Guardia Civil, y vecinos le ayudaran a completar la primera base de datos que precisa dónde y cuándo se producen los deslizamientos.

El resultado es una tesis doctoral que ayer mereció el sobresaliente del jurado internacional, a la espera de que la apertura de sobres desvele si logra la categoría Cum Laude. Los doctores venidos de Portugal y Madrid fueron unánimes en nota e inquietud. Tras aplaudir la idea y reconocer su intención de replicarla en sus territorios todos, invariablemente, advirtieron de que este trabajo no puede acabar ahí. «Ha sentado las bases para desarrollar un sistema de alerta temprana en Asturias, que sería de mucha utilidad social», animó Gerardo Herrera, del Instituto Geológico y Minero de España.

Aludía así a que a partir de los 2.245 argayos recopilados y el estudio que sobre ellos ha hecho Valenzuela sería posible precisar para cada zona de Asturias cuánta agua tiene que caer para que empiecen a reproducirse los deslizamientos. Esa es su línea de investigación con el objetivo de determinar las condiciones de humedad en el terreno a partir de las cuales los accidentes se reproducen.

El 97,9% de ellos se salda con pérdidas materiales y el resto deja víctimas humanas

Siguiendo esa meta, el investigador ha verificado ya que la mayoría de los accidentes ocurre de octubre a mayo, por la abundancia de precipitaciones que cargan el terreno de agua, y con mayor frecuencia en terrenos afectados por la acción del hombre. En verano los chubascos duran menos días, pero son más intensos, lo que también facilita los argayos. En los taludes los deslizamientos surgen «con más facilidad».

Para lograr números más precisos que sirvan a los servicios de prevención «haría falta mantener e incrementar la base de datos para lograr el doble de registros y con eso calcular los umbrales de susceptibilidad para cada área, porque en Asturias el clima cambia de valle en valle», indicó Valenzuela. Eso y «que la administración aportara recursos» para posibilitarlo.

Frustración contenida

Uno a uno, los miembros del jurado insistieron sobre la cuestión, conteniendo su frustración ante la posibilidad de que la investigación no llegue a más. «Me gustaría seguir implicado en esto, pero harían falta recursos», disculpó el autor. «Ha hecho un gran trabajo y quiero recordar que los dos primeros años los tuvo que hacer sin ningún tipo de apoyo o subvención», reivindicó la directora de la tesis, María José Domínguez. «Es un estudio impresionante, que será publicado en revistas internacionales, y una pena que con la utilidad que tiene, no pueda seguir adelante», lamentó el decano del Colegio de Geólogos, José Antonio Sáenz de Santa María.

La investigación probó también cómo está cambiando el conocimiento que Asturias tiene de sí misma. «Hasta 1992 los argayos que se registraban eran los que estaban cerca de las ediciones principales de los periódicos, ahora con las ediciones locales ha aumentado el caudal de información», comentó Valenzuela.

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